La UCO estrecha el cerco sobre el novio de Ayuso: medio millón sin explicación y facturas sin estructura
La Unidad Central Operativa de la Guardia Civil ha entregado al juzgado de instrucción número 19 de Madrid un informe que deja en una posición muy delicada a Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso. No hablamos de una anécdota contable, ni de una confusión menor entre papeles, ni de ese ruido administrativo con el que la derecha intenta envolver todo lo que huele a privilegio. Hablamos de compras sin justificación aparente, valoraciones empresariales que suben y bajan como si fueran decorado de cartón, facturaciones de cientos de miles de euros sin estructura visible y una sospecha de fondo: que el dinero utilizado en parte de estas operaciones podría proceder de la comisión de mascarillas cobrada durante la pandemia.
El informe fue entregado el 18 de junio y apunta directamente a una operación muy concreta: la compra del 100% de Círculobelleza por parte de Maxwell Cremona por 499.836,92 euros. Casi medio millón. La cifra importa. Importa porque, según la UCO, en la escritura no aparece una explicación clara de cómo se valoró esa sociedad ni por qué se fijó ese precio. Y más importa todavía cuando la empresa presentaba una facturación reducida y prácticamente no tenía personal contratado.
Una empresa casi sin cuerpo, pero con precio de lujo.
El silencio de Aznar sobre Zapatero huele demasiado a clase dirigente
José María Aznar lleva 22 años fuera de La Moncloa, pero se comporta como si aún pudiera dar órdenes desde el atril. No gobierna, pero marca línea. No firma decretos, pero reparte doctrina. Y para eso tiene FAES, esa fábrica de informes conservadores donde el neoliberalismo se disfraza de análisis y la nostalgia de poder se presenta como preocupación por España.
Desde 2024, la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales ha dedicado decenas de textos a cargar contra el Gobierno de Pedro Sánchez y contra el PSOE. Lo ha hecho con entusiasmo, con insistencia y con ese tono de superioridad moral tan propio de quienes privatizarían hasta el aire si el BOE les dejara. José Luis Ábalos, Koldo García, Santos Cerdán, Leire Díez, Begoña Gómez o David Sánchez han sido convertidos en personajes recurrentes de su literatura política. FAES no analiza: señala. No estudia: condena. No interpreta: dicta sentencia antes de que hablen las y los jueces.
Sánchez lleva a Bruselas lo que Europa intenta esconder bajo la alfombra
Bruselas acoge este jueves y viernes un nuevo Consejo Europeo con su menú habitual de tecnocracia, competitividad, Ucrania, China y grandes palabras cuidadosamente desinfectadas. Pero esta vez hay algo que no cabe debajo de la moqueta diplomática: los asaltos a la Flotilla solidaria con Palestina, la humillación de activistas en aguas internacionales y la obscenidad política de una Unión Europea que sigue dudando si sancionar a responsables israelíes mientras Gaza continúa bajo asedio.
Pedro Sánchez llega a la cita con una posición que Moncloa quiere presentar como frontal. El presidente defenderá que las conclusiones del Consejo Europeo incluyan una condena explícita a la interceptación de la Flotilla solidaria con Palestina y pedirá medidas restrictivas contra los responsables. No es un gesto menor. Tampoco basta. Cuando un Estado humilla a activistas que intentan llevar ayuda humanitaria, el problema no es protocolario: es político, jurídico y moral.
Feijóo y el Vega Sicilia: la paja en el ojo ajeno
Alberto Núñez Feijóo fue a El Hormiguero el 18 de junio a hacer lo que mejor se le da cuando el terreno está mullido: presentarse como el adulto responsable de una política que, casualmente, siempre tiene la culpa en casa ajena. Pablo Motos le preguntó si, cuando era presidente de la Xunta, le habían regalado algo y se lo había quedado. Feijóo bajó la mirada, destapó el bolígrafo, dibujó una línea sobre el folio y soltó la frase: “Lo primero que hicimos cuando llegamos a la Xunta es regular eso. En la Xunta nadie puede aceptar un regalo por encima de 90 euros”.
Bonito. Limpio. Televisivo. Falso por omisión.
Feijóo llegó a la Xunta en 2009. El código ético que limitaba los regalos se aprobó en el verano de 2014. Es decir: cinco años después. Cinco años no son un matiz. Son una legislatura larga, una memoria convenientemente borrada y una coartada servida en plató con cara de gestor serio. No fue “lo primero” que hizo. Fue algo que hizo cuando ya olía demasiado a podrido alrededor.
Mohamadou Diawara murió de un disparo en una comisaría y ahora la Audiencia exige investigar lo que el juzgado quiso cerrar
Mohamadou Diawara tenía 22 años, un trastorno mental diagnosticado y una vida que terminó el 24 de julio de 2025 dentro de unas dependencias policiales de Montornès del Vallès, en Barcelona. Murió por un disparo efectuado por un agente de la Policía Local después de entrar en comisaría con un cuchillo. Esa es la versión básica. La que cabe en un titular. La que suele servir para cerrar rápido el cajón cuando la víctima es joven, racializada, pobre o vulnerable.
Pero una muerte en comisaría no se archiva como quien firma una multa. No debería. Porque cuando una persona muere por el uso de fuerza letal a manos de agentes del Estado, lo mínimo exigible no es confianza ciega. Es investigación. Es prueba. Es reconstrucción. Es verdad material. El Estado no puede disparar, perder la grabación clave porque una cámara estaba estropeada y luego pedir fe.
El Hormiguero ya no entrevista a Feijóo: le abre plató para hacer oposición
Alberto Núñez Feijóo fue este 17 de junio a El Hormiguero y no encontró una entrevista. Encontró un pasillo alfombrado. Encontró un escenario amable, una conversación diseñada para que pudiera disparar contra el Gobierno, contra el PSOE y contra José Luis Rodríguez Zapatero sin que el espejo de su propio partido le devolviera demasiadas imágenes incómodas. La televisión convertida en maquinaria de guerra política. Ya sin pudor. Ya sin disimulo.
El líder del PP reservó para el programa de Pablo Motos su análisis sobre la declaración de Zapatero en la Audiencia Nacional. Lo hizo unas diez horas después de que el expresidente socialista pidiera públicamente “confianza” para demostrar que es “completamente inocente”. El juez José Luis Calama, según se ha conocido, considera que la declaración no ha disipado las sospechas, aunque no vio necesario imponer medidas cautelares. Ese matiz es importante. Pero en la televisión convertida en ring no caben los matices. Caben las frases. Los golpes. La insinuación con iluminación de plató.
Un diputado de Vox: “El comunismo ha sacado las conductas LGTBI del catálogo de los trastornos y las ha metido en el de los derechos humanos”
El diputado de Vox en la Asamblea Regional de Murcia Antonio Martínez Nieto dejó este 17 de junio, a las 17:49 horas (actualizado a las 22:22 horas), una de esas intervenciones que conviene no despachar como una simple salida de tono. No lo fue. Fue bastante peor. Fue una declaración ideológica completa, una postal nítida de lo que la ultraderecha quiere hacer con las personas LGTBI, con el alumnado trans y con cualquier avance que huela a derechos humanos.
La moción presentada por Podemos-IU pedía algo muy concreto: que el Gobierno murciano elaborase un protocolo específico de atención al alumnado trans y de prevención del acoso transfóbico en los centros educativos. Nada revolucionario, salvo que para la extrema derecha la mera existencia de las personas trans ya parece una revolución intolerable. La iniciativa había sido registrada el 13 de mayo por la portavoz del Grupo Parlamentario Mixto, María Marín Martínez, al amparo del artículo 195 del Reglamento de la Cámara. También se apoyaba en el artículo 61 de la ley trans estatal, que obliga a las administraciones públicas a desarrollar este tipo de protocolos.
El Hormiguero se confirma (de nuevo) como la punta de lanza televisiva de la oposición
El Hormiguero hace tiempo que dejó de ser solo un programa de entretenimiento. O, mejor dicho, hace tiempo que el entretenimiento se convirtió allí en una excusa perfecta para otra cosa. Un decorado amable. Una mesa cómoda. Dos hormigas. Un presentador que se coloca como sentido común nacional. Y, alrededor, una maquinaria capaz de convertir la política en sobremesa emocional, la crítica al Gobierno en chascarrillo y la propaganda conservadora en conversación de bar con presupuesto millonario.
La visita de Alberto Núñez Feijóo el 17 de junio no fue una anécdota. Fue una postal. El líder del PP acudió al programa en una semana diseñada para cargar contra el Gobierno, con el caso Plus Ultra, con Zapatero declarando ante el juez y con la oposición repitiendo su mantra favorito: España arde, Sánchez se esconde, la derecha viene a restaurar la decencia. Todo muy espontáneo. Todo muy natural. Todo cuidadosamente colocado.
Rubén Gisbert quiso dar lecciones sobre la dana y la jueza le recordó que no sabe ni dónde está el barranco del Poyo
La causa judicial por la dana del 29 de octubre de 2024, que dejó 230 personas fallecidas, no necesita ruido. Necesita verdad, rigor, responsabilidades políticas y respeto a las víctimas. Justo lo contrario de lo que suele traer la industria del barro cuando se disfraza de acusación popular, de patriotismo de plató o de heroísmo de YouTube.
La jueza de la dana, Nuria Ruiz Tobarra, ha dictado este 16 de junio un auto especialmente duro contra el abogado y youtuber Rubén Gisbert. No por pensar distinto. No por molestar al poder. No por incomodar a nadie. Por algo más básico: por pedir diligencias graves sin conocer, según la magistrada, elementos esenciales de la causa. El problema no es que Gisbert sea incómodo. El problema es que, según el auto, ni siquiera sabe bien de qué habla.
El chat del Consell PP estrecha el cerco sobre Mazón y sus consellers por la dana
La instrucción judicial sobre la dana acaba de abrir una grieta mucho más seria de lo que el Gobierno valenciano querría admitir. La magistrada Nuria Ruiz Tobarra, jueza de la causa, estudia si debe ampliar el foco y citar como testigos a más consellers del Ejecutivo autonómico de Carlos Mazón después de que la vicepresidenta Susana Camarero entregara los mensajes del grupo de WhatsApp llamado “Consell PP”. No hablamos de una anécdota digital. Hablamos del chat político de un Gobierno durante la jornada del 29 de octubre de 2024, el día de la dana que dejó 230 fallecidos.
La providencia dictada el 16 de junio no es un gesto menor. La jueza ofrece a Camarero la posibilidad de aportar voluntariamente los documentos en PDF que el conseller de Infraestructuras, Vicente Martínez Mus, compartió aquel día sobre el estado de las carreteras. Es el paso previo para decidir si se le cita como testigo, como reclama la acusación popular ejercida por el PSPV-PSOE. Dicho de forma clara: el chat ha dejado de ser una conversación incómoda para convertirse en una pieza que puede mover la causa.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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