València, Desokupa y pisos turísticos: la ciudad convertida en una máquina de expulsar gente
El caso parece una anécdota grotesca, casi una caricatura de la València especulativa. Pero no lo es. Es una radiografía. Una propietaria extranjera de un piso en Benicalap, situada en Estados Unidos. Una pareja de Letonia y Estados Unidos que ocupaba la vivienda en régimen de alquiler. Una inspección de la Policía Local. Dos trabajadores de Desokupa dentro del inmueble. Un anuncio en Booking. Una multa de 10.000 euros. Y, al fondo, la misma pregunta de siempre: quién manda realmente en la ciudad cuando la vivienda deja de ser un derecho y se convierte en caja registradora.
Según publicó elDiario.es, la Policía Local inspeccionó a finales de febrero un piso turístico en Benicalap y levantó acta por funcionar sin licencia. El inmueble figuraba en el registro autonómico desde 2018, pero carecía de título habilitante y de informe de compatibilidad urbanística. En mayo, el Ayuntamiento cerró el trámite y notificó a la propietaria una sanción de 10.000 euros por falta grave.
Hasta ahí, nada nuevo en una ciudad donde el turismo ilegal ya no entra por la ventana, entra por la puerta grande. Lo escandaloso llega después. La propietaria recurrió la sanción alegando que no controlaba la vivienda, que la pareja inquilina la realquilaba irregularmente desde el inicio, que el contrato era de solo 11 meses y que desde 2024 intentaba recuperar el piso sin éxito. Es decir, una cadena de irregularidades sobre otra cadena de irregularidades. El capitalismo inmobiliario no es un desorden: es un sistema que vive del desorden.
Podemos pide que Morocho declare por la guerra sucia contra el partido
odemos ha pedido al juez Santiago Pedraz que cite como testigo al inspector jefe Manuel Morocho en la causa sobre la guerra sucia contra el partido. No es un nombre cualquiera. Morocho fue el policía que investigó Gürtel y la caja B del PP, el agente que no miró hacia otro lado cuando la corrupción del partido de Mariano Rajoy empezaba a enseñar las costuras de un régimen podrido hasta la moqueta. Y por eso, precisamente por eso, acabó apartado, presionado y enviado al corazón de la brigada política.
Policías al servicio de intereses partidistas, informes basura, medios dispuestos a amplificar montajes y una maquinaria institucional utilizada para golpear adversarios políticos. No hablamos de una anécdota. Hablamos de Estado. De cloacas. De una democracia convertida en herramienta de persecución cuando el poder siente que puede perder el control.
La causa contra Zapatero se desborda entre filtraciones, joyas y una investigación cada vez más difícil de acotar
La causa abierta en la Audiencia Nacional contra José Luis Rodríguez Zapatero ha dejado de ser una investigación delimitada para convertirse en una maquinaria expansiva. Una de esas máquinas que empiezan por un punto concreto y, de pronto, lo quieren devorar todo. El juez José Luis Calama partió del rescate público de Plus Ultra, pero las diligencias ya se han extendido a los trabajos del expresidente para Análisis Relevante, a asesorías en Latinoamérica, a la empresa de sus hijas y hasta a unas joyas encontradas por la UDEF en una caja fuerte de su despacho de Ferraz.
Zapatero denuncia que está siendo sometido a una “causa general”. No es una expresión menor. La defensa sostiene que la investigación ha traspasado los márgenes razonables de una instrucción penal y que, por el camino, se ha producido un “atropello” contra su intimidad. Y ahí empieza el problema político, judicial y mediático. Porque una cosa es investigar posibles delitos. Otra, muy distinta, es convertir una causa en una red de arrastre donde cabe todo: agendas, chats, pendrives, discos duros, mensajes privados y sospechas que se van encadenando como si la amplitud fuera una prueba.
Aquí conviene no hacer trampas. Hay hechos que deben investigarse. Hay indicios que la Audiencia Nacional considera relevantes. Hay acusaciones graves. Pero también hay derechos. Y cuando la investigación penal se convierte en espectáculo, la frontera entre justicia y linchamiento se vuelve peligrosamente fina.
No necesitamos más aire acondicionado: necesitamos ciudades donde no sea un lujo sobrevivir al calor
El calor ya no es una molestia estacional. Es una frontera social. Y mientras las ciudades se llenan de máquinas colgadas en las fachadas, expulsando aire caliente a calles cada vez más inhabitables, seguimos tratando los árboles como decoración, los parques como gasto y la…
Los que no son Aldama: cuando la Justicia negocia con el corruptor útil y castiga al pobre sin padrinos
Aldama no es solo Aldama. Es una pedagogía. Enseña algo. Enseña que, si vas a delinquir, conviene hacerlo cerca del poder. Conviene tener nombres. Conviene conocer despachos. Conviene haber estado en la habitación donde se repartía el dinero. Porque entonces, cuando todo se derrumba, todavía puedes convertir tu caída en mercancía.
El pobre no puede hacer eso.
El pobre no tiene una libreta de ministros. No puede decirle al tribunal: miren, yo sé cómo se movieron los contratos. No puede ofrecer una arquitectura de corrupción. No puede entregar llamadas, favores, comisiones, intermediarios, empresas pantalla o mordidas. La persona pobre suele llegar al juzgado con su precariedad encima y poco más. Y la precariedad no reduce condenas. La precariedad, muchas veces, las agrava.
Aldama se queja de pagar impuestos por una comisión de seis millones en plena pandemia
Hay escenas que resumen una época mejor que cualquier informe judicial. Víctor de Aldama, empresario, comisionista y condenado por el Tribunal Supremo a cuatro años y medio de cárcel en el caso Mascarillas, apareció este martes en Telemadrid para explicar su particular tragedia fiscal: ganó millones durante lo peor de la pandemia y, por encima, tuvo que pagar impuestos.
Sí. Ese es el nivel.
Mientras miles de trabajadoras y trabajadores sanitarios se jugaban la vida con bolsas de basura, mascarillas reutilizadas y turnos imposibles, mientras las enfermeras y enfermeros entraban en habitaciones sin saber si saldrían contagiados, mientras las familias enterraban a sus muertos sin despedirse, había quien hacía números. No números de camas. No números de respiradores. Números de comisión.
Inglaterra se cuece: el clima que negaron ya está cerrando escuelas, hospitales y trenes
Inglaterra y Gales están viviendo una escena que debería liquidar de una vez la comedia negacionista. Calor extremo, escuelas cerradas, tiendas bajando persianas, centros comunitarios paralizados, citas hospitalarias retrasadas y trenes suspendidos por toda la red. No hablamos de una incomodidad de verano. Hablamos de un país que empieza a comprobar, con el asfalto blando bajo los pies, que fue construido para un clima que ya no existe.
La Met Office ha lanzado por segunda vez en la historia una alerta roja por calor, la máxima. Solo ese dato bastaría para callar a quienes siguen vendiendo el cambio climático como una exageración de ecologistas, científicas y científicos, activistas y adolescentes con pancartas. Pero no se callan. Nunca se callan. Porque el negacionismo no nace de la ignorancia: nace de los intereses.
Almeida convierte el Ayuntamiento en una agencia de colocación del PP
Hay gente que tarda meses en encontrar empleo. Hay jóvenes con máster, idiomas, alquiler imposible y contratos basura que encadenan entrevistas para cobrar poco más que la supervivencia. Hay trabajadoras y trabajadores públicos que opositan durante años para acceder a una plaza con garantías. Y luego está Madrid. O mejor dicho: el Madrid del PP, ese ecosistema donde algunas puertas no se abren por mérito, sino por parentesco político, cercanía institucional y una red de favores que ya ni se molesta en disimular.
El Ayuntamiento de José Luis Martínez-Almeida ha tardado un solo día en recolocar a F. T., pareja de Jorge Rodrigo, consejero de Vivienda, Transportes e Infraestructuras de Isabel Díaz Ayuso, después de su salida forzosa de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo. Un día. Ni una semana de luto administrativo. Ni una pausa para guardar las formas. Un día para salir de una empresa pública donde su contratación había sido cuestionada por la Oficina Antifraude y entrar como personal eventual en el equipo del alcalde.
Vox, ladrillo y ventas fantasma en Eivissa: la patria empieza en el garaje
La historia tiene todos los ingredientes de la España que predica orden mientras chapotea en el barro. Una concejala de Vox, Araceli Colomar Costilla, regidora en Sant Josep de sa Talaia desde el verano de 2023, administradora de fincas, agente de la propiedad inmobiliaria y rostro local de un partido que vende mano dura contra la “okupación”, aparece ahora denunciada por una presunta trama de ventas fantasma de locales, trasteros y plazas de garaje en el Edificio Galaxia de Eivissa.
El atestado de la Policía Nacional intenta convertir la agresión grabada a la profesora en un accidente administrativo.
Hay veces en que el problema no es solo la violencia. Es la literatura posterior. Esa prosa burocrática que aparece después del golpe, cuando alguien intenta convertir una agresión por la espalda en una maniobra limpia, proporcional y casi inevitable. Pasó en València, durante la huelga educativa del 31 de mayo, y ahora vuelve a pasar sobre el papel. El atestado de la Policía Nacional sostiene que el antidisturbios que empujó por la espalda a una profesora “hizo uso de la mínima fuerza reglamentaria”. Mínima fuerza. Dos palabras pensadas para dormir expedientes. Dos palabras que chocan contra los vídeos, contra la barbilla abierta de la víctima, contra los dos puntos de sutura, contra las contusiones en el tórax y la mandíbula, y contra algo bastante incómodo para ciertas versiones oficiales: la realidad.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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