Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La ola de calor que golpea Europa no es una anomalía: es el recibo de décadas de negocio fósil, abandono público y política cobarde.
EL REINO UNIDO DESCUBRE QUE EL CLIMA YA CAMBIÓ
Inglaterra y Gales están viviendo una escena que debería liquidar de una vez la comedia negacionista. Calor extremo, escuelas cerradas, tiendas bajando persianas, centros comunitarios paralizados, citas hospitalarias retrasadas y trenes suspendidos por toda la red. No hablamos de una incomodidad de verano. Hablamos de un país que empieza a comprobar, con el asfalto blando bajo los pies, que fue construido para un clima que ya no existe.
La Met Office ha lanzado por segunda vez en la historia una alerta roja por calor, la máxima. Solo ese dato bastaría para callar a quienes siguen vendiendo el cambio climático como una exageración de ecologistas, científicas y científicos, activistas y adolescentes con pancartas. Pero no se callan. Nunca se callan. Porque el negacionismo no nace de la ignorancia: nace de los intereses.
El 24 de junio, Londres ya era una olla. António Guterres, secretario general de Naciones Unidas, lo dijo sin rodeos: “Londres se está cociendo”. Y la frase duele porque no es metáfora. En la capital británica se cancelaron cientos de actos de la Semana de la Acción Climática. Incluso una charla en la London School of Economics titulada “Calor extremo: mejorando la gobernanza y fortaleciendo la acción alrededor del mundo” tuvo que suspenderse por calor extremo. La ironía no necesita ayuda.
El sur y el centro de Inglaterra y Gales registran temperaturas 15 grados por encima de lo normal. El 25 de junio se superó el récord histórico de temperatura para un mes de junio, fijado hace 50 años en 35,6 grados. En varios puntos del sureste se pasaron los 36 grados y algunas localidades se acercaban a los 40 grados. La primera vez que Reino Unido alcanzó oficialmente los 40 grados fue en julio de 2022. Ya no es ciencia ficción. Es agenda semanal.
Stephen Belcher, científico jefe de Met Office, lo explicó con claridad: el cambio climático causado por la actividad humana ha hecho que episodios así sean más probables y más intensos. Traducido: esto no cae del cielo, lo hemos fabricado quemando el planeta para engordar balances privados. Y ahora la factura la pagan las niñas y niños sin aula, las trabajadoras y trabajadores sin protección, las personas mayores encerradas en viviendas mal aisladas y las enfermeras y enfermeros sosteniendo un sistema sanitario bajo presión.
EUROPA ARDE MIENTRAS LOS DE SIEMPRE PIDEN MÁS GASOLINA
La ola de calor no se queda en Reino Unido. Afecta a buena parte de Europa. Según la estimación de AFP, al menos 94 millones de personas estaban soportando temperaturas por encima de 35 grados, la mayoría en España y Francia. Más de 350 millones, dos tercios de la población europea, vivían en zonas por encima de 30 grados. Francia registró la temperatura media nacional más alta desde que comenzaron los registros en 1947, después de haber batido el récord anterior apenas el día anterior. Esto ya no es una advertencia. Es el presente dando patadas a la puerta.
El problema no es solo el termómetro. Es la estructura social que decide quién se protege y quién se cocina. En Reino Unido, el aire acondicionado es una rareza en oficinas, edificios públicos y transporte. Las viviendas están mal aisladas, abundan las moquetas, los hospitales no están preparados y las aulas se convierten en cajas de calor. Más de 800 escuelas cerraron total o parcialmente porque no podían atender al alumnado en condiciones. Y mientras tanto, el Ministerio de Educación pidió seguir acudiendo a clase cuando fuera posible. Claro. Que aguanten los cuerpos.
El Comité del Cambio Climático del Reino Unido ya lo dijo en un informe publicado en mayo: el país fue construido para un clima que se ha ido. Propuso que los nuevos edificios protejan del calor, que se legisle una temperatura máxima para trabajar en interiores y exteriores, y que todos los hospitales y residencias tengan aire acondicionado en la próxima década. Coste estimado: más de 12.000 millones de euros al año en inversión pública y privada. Lo llamarán gasto. No lo es. Gasto fue regalar décadas a las petroleras y llamar progreso a una economía suicida.
La geógrafa medioambiental Jess Neumann, profesora de Hidrología en la Universidad de Reading, lo resumió con una frase incómoda: antes de las diez de la mañana ya se superaban los 30 grados, con una humedad por encima del 80%. Se esperaban hasta 39 grados el jueves. La infraestructura no aguanta. Las vías del tren se deforman. Los trenes reducen velocidad o se cancelan. Great Western Railways suspendió servicios y pidió evitar viajes no esenciales. En Gales se cancelaron casi todas las rutas a mediodía. Eurostar suspendió varios trenes y recomendó a las personas vulnerables no viajar. Los autobuses acumulaban retrasos. El asfalto se derrite.
Y no, no es una frase hecha. El asfalto se derrite porque los materiales fueron pensados para un clima templado. Igual que buena parte de la política europea fue pensada para un mundo que podía contaminar sin consecuencias visibles. Ese mundo se acabó. Lo que queda es una derecha empeñada en romper el consenso climático, con Kemi Badenoch en el Partido Conservador y Nigel Farage desde Reform empujando contra los objetivos de reducción de emisiones. La extrema derecha siempre hace lo mismo: primero niega el incendio, luego señala a las y los migrantes, después protege a quienes vendieron la gasolina.
En las olas de calor de 2025, menos intensas que las actuales, murieron más de 1.500 personas en Inglaterra por causas atribuidas a cinco episodios de calor, según la agencia nacional de salud. Más de 1.500. No son daños colaterales del verano. Son muertes políticas. Muertes de un modelo que privatiza beneficios, socializa catástrofes y después pide calma.
También llega el otro extremo: tormentas eléctricas gigantes, lluvias torrenciales, suelos resecos que no absorben, presión sobre embalses, posibles restricciones de agua este verano. Los embalses anunciados por el Gobierno tardarán al menos una década. Una década. Pero el calor no espera a que cambie el primer ministro, ni a que Andy Burnham decida prioridades, ni a que las empresas encuentren rentable adaptar viviendas, redes y hospitales.
Muchos recuerdan el verano de 1976, récord en Reino Unido. La diferencia es brutal: aquello fue un episodio aislado; esto empieza a repetirse cada año. Neumann advierte de que antes de 2050 Reino Unido verá habitualmente más de 40 grados. La Met Office proyecta máximas de hasta 45 grados en Inglaterra en las próximas dos décadas. Quien siga llamando alarma a esto no está opinando: está colaborando con el desastre.
El capitalismo fósil prometió comodidad infinita y nos está entregando aulas cerradas, hospitales saturados, trenes parados, ciudades hirviendo y muertos contados como estadística.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Más de medio millón de personas ya han visto nuestro vídeo sobre cómo los centros de datos de la IA nos están dejando sin agua
Más de medio millón de personas han visto ya nuestro vídeo sobre el verdadero coste de los centros de datos de la inteligencia artificial. Más de medio millón. Y no lo han visto porque el asunto sea una curiosidad tecnológica ni porque les interese saber cómo funciona un servidor. Lo han visto porque cada vez más gente entiende que esa cosa aparentemente abstracta llamada IA tiene una existencia muy física: edificios gigantescos, subestaciones eléctricas, tuberías, kilómetros de cableado y millones de litros de agua desapareciendo dentro de sistemas de refrigeración.
La respuesta al vídeo confirma algo que las grandes tecnológicas preferirían seguir escondiendo detrás de anuncios llenos de palabras como innovación, progreso y futuro. La preocupación es real. La gente sabe que no estamos hablando de una nube mágica flotando sobre nuestras cabezas, sino de una industria pesada que quiere apropiarse de recursos públicos para alimentar negocios privados. Y quiere hacerlo deprisa, antes de que las comunidades entiendan qué les están plantando al lado de casa.
Nuestro vídeo reúne las advertencias de Erin Brockovich, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, un exboxeador estadounidense, Alexandria Ocasio-Cortez y Naciones Unidas. Personas con trayectorias, ideologías y responsabilidades muy distintas. Todas están mirando hacia el mismo lugar. Todas están viendo cómo la expansión descontrolada de los centros de datos amenaza el agua, dispara el consumo eléctrico y concentra todavía más poder en manos de un puñado de corporaciones.
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir