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Trump busca el sueño de la ultraderecha: una población menos formada, menos crítica y más fácil de manipular.
Donald Trump vuelve a la carga con su política de devastación institucional. Esta vez, el objetivo es el Departamento de Educación de Estados Unidos. Según ha revelado The Wall Street Journal, la Casa Blanca ya discute la firma de una orden ejecutiva que significaría el desmantelamiento de la agencia. La estrategia es clara: reducir al mínimo el papel del Estado en la educación pública y entregar aún más poder a los estados, donde los gobiernos republicanos ya llevan años aplicando políticas de censura, privatización y ataque a la educación inclusiva.
El Departamento de Educación es un pilar fundamental para garantizar el acceso a una enseñanza de calidad y equitativa. Su desmantelamiento no es solo una medida administrativa, sino un golpe directo a las oportunidades de millones de estudiantes, especialmente de las comunidades más vulnerables. Pero para la ultraderecha trumpista, garantizar el derecho a la educación es un obstáculo, no un objetivo.
Las fuentes citadas por el WSJ confirman que la orden ejecutiva buscaría eliminar todas las funciones del departamento que no estén expresamente recogidas en su estatuto, mientras que algunas competencias serían transferidas a otros organismos. El plan necesitaría, además, la aprobación del Congreso, donde los republicanos ya han mostrado su entusiasmo por la idea de dinamitar el sistema educativo federal.
El ataque de Trump a la educación no es nuevo. Durante su primera presidencia, sus políticas ya se centraron en desfinanciar la enseñanza pública, favorecer el negocio de los préstamos estudiantiles y atacar la inclusión de las personas LGTBI en el ámbito educativo. Su actual propuesta sigue la misma línea: menos derechos, más desigualdad y un sistema educativo hecho a la medida de la élite conservadora.
MUSK Y EL GOBIERNO DE LA EFICIENCIA: EL ESTADO COMO EMPRESA PRIVADA
El Departamento de Educación es solo una de las piezas del nuevo modelo de “gobierno-empresa” que Trump y Elon Musk están implementando. Según ABC News, la agencia se encuentra en la lista de objetivos del llamado Departamento de Eficiencia Gubernamental, una estructura creada por la administración Trump y dirigida por el magnate de la tecnología. En palabras de Musk, su misión es “reducir la burocracia federal y aumentar la eficiencia”. En la práctica, significa privatizar, desregular y eliminar cualquier organismo que represente un mínimo de control estatal sobre el mercado.
El poder de Musk dentro de la administración es inédito. No es un asesor, ni un funcionario electo, ni responde a la ciudadanía. Y, sin embargo, tiene vía libre para decidir el destino de instituciones clave. Apenas unas horas antes del anuncio sobre el Departamento de Educación, Trump ya había ordenado el cierre de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que gestionaba programas de cooperación y ayuda humanitaria. La escena se repitió en X (antes Twitter), donde Musk escribió: «Lo repasé con él en detalle, y él estuvo de acuerdo en que deberíamos cerrarla. Y, en realidad, le pregunté varias veces y le dije ‘¿estás seguro?'».
Así funciona el gobierno de Trump 2.0: un magnate decide qué instituciones deben desaparecer, lo consulta en su red social y, si la respuesta es afirmativa, la orden se ejecuta. No hay debate, no hay análisis de impacto, no hay espacio para la democracia.
El cierre del Departamento de Educación tendría consecuencias catastróficas. Sin una autoridad federal, cada estado sería libre de aplicar sus propias políticas educativas, lo que abriría la puerta a una desigualdad aún mayor entre territorios. En los estados dominados por los republicanos, esto significaría el refuerzo de la enseñanza religiosa, la eliminación de contenidos sobre racismo y diversidad, y la consolidación de un modelo educativo elitista.
Pero quizás eso es exactamente lo que buscan Trump y su séquito de multimillonarios: una población menos formada, menos crítica y más fácil de manipular.
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Creo la raíz de todo proviene de lo enfermizo y decadente que se encuentra la sociedad estadounidense. Mira que elegir nuevamente a un degenerado, sexual y mental, de la talla de Trump es un claro síntoma de los niveles de decadencia en que se encuentra la sociedad elitista norteamericana.
El ppodrido,ya ha empezado,en «sus» comunidades,más para la concertada y mucho menos para la pública.