La tregua israelí en Líbano ya suma casi 3.500 bombardeos
Casi 3.500 bombardeos durante una tregua. Ese es el resumen. Israel llama alto el fuego a seguir destruyendo Líbano con otro nombre, mientras Washington convierte la paz en una cuestión de intensidad: no parar la guerra, solo hacerla más administrable. Cuando una tregua deja aldeas arrasadas, más de 1 millón de personas desplazadas y una quinta parte del país huyendo, no estamos ante un acuerdo frágil, sino ante una gran mentira.
¿La paz? ¿Qué paz? Irán, Israel y el negocio de fingir que se negocia
La escalada no abre una puerta a la paz: desnuda un tablero donde cada alto el fuego parece una pausa técnica para recolocar misiles, sanciones, petróleo y propaganda.
El acero vasco, las armas de Israel y una jueza que señala lo evidente
Cuando se investiga a activistas, el Estado no suele tener tantos escrúpulos. Cuando el foco se acerca a una gran empresa, al acero, al negocio militar y a Israel, aparece de pronto la delicadeza procesal. Sidenor exportó 42 partidas de acero no aleado a IMI Systems LTD, fabricante israelí de armamento, mientras Gaza estaba bajo investigación internacional por crímenes de lesa humanidad y genocidio. Una jueza ha dicho lo evidente: España no podía mirar hacia otro lado. Tenía que preservar pruebas. Porque el genocidio no se sostiene solo con bombas. También se sostiene con contratos, proveedores, silencios y juzgados que deciden no molestar demasiado.
Trump vende treguas de cartón mientras Israel e Irán vuelven a encender la región
Trump necesita vender paz, pero lo que tiene entre manos es otra tregua de cartón. Israel bombardea, Irán responde, Líbano sangra y Gaza sigue contando muertos mientras Washington finge que controla algo más que el precio del petróleo. No es diplomacia fallida: es una arquitectura de impunidad sostenida por quienes hablan de paz mientras arman la guerra.
El Papa habla de “plaga”, pero deja fuera a las víctimas que más incomodan a la Iglesia
El Papa habló de “plaga”, sí. Pero mientras pronunciaba palabras sobre escucha, justicia y reparación, las asociaciones de víctimas de abusos sexuales en la Iglesia se quedaban fuera, esperando una puerta que nunca se abrió. La Iglesia vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: administrar el dolor ajeno sin perder el control del decorado.
De la Espriella: el trumpismo colombiano ya no disimula la motosierra ni la cárcel
De la Espriella no vende seguridad: vende miedo con traje caro, cárcel privada y bendición de Trump. Promete acabar en 90 días con décadas de violencia en Colombia, como si un país atravesado por guerra, desigualdad y abandono estatal pudiera arreglarse con megaprisiones y lenguaje de exterminio.
La ultraderecha latinoamericana ya tiene manual: copiar a Bukele, imitar a Trump, agitar la bandera y llamar “orden” al autoritarismo. Pero cuando un candidato habla de “limpiar” un país, conviene mirar quién pone los muertos, quién hace negocio con las cárceles y quién aplaude desde Washington.
El jefe del Pentágono convierte el aniversario del Día D en un discurso xenófobo contra las personas migrantes
Utilizar el aniversario del Día D para hablar de una supuesta “invasión migratoria” no es patriotismo. Es propaganda ultra envuelta en banderas. Pete Hegseth convirtió la memoria de quienes murieron luchando contra el fascismo en un mitin xenófobo sobre pateras, fronteras y “defensa de Occidente”. Y cada vez lo esconden menos.
Mientras miles de personas mueren en el Mediterráneo y en la ruta hacia Canarias, la extrema derecha occidental habla de seres humanos como si fueran un ejército enemigo. No hablan de guerras, saqueo o hambre. Hablan de “invasión”. Porque deshumanizar siempre fue el primer paso.
Isabel Allende avisa del avance autoritario: “La democracia se pierde mucho antes de que la gente quiera verlo”
Isabel Allende no habló como una escritora famosa dando lecciones desde un sillón cómodo. Habló como alguien que vio cómo una democracia podía derrumbarse en cuestión de horas. Y eso cambia el tono de todo.
“La democracia es mucho más frágil de lo que creemos y solamente se aprecia cuando se pierde”. La frase debería estar abriendo informativos cada noche mientras medio mundo normaliza discursos autoritarios, odio disfrazado de opinión y políticos que juegan con los derechos humanos como si fueran fichas electorales.
Allende recordó cómo Chile perdió la democracia “en 24 horas”. Pero advirtió de algo todavía más peligroso: a veces no desaparece de golpe. A veces se pudre lentamente. Poco a poco. Desde dentro. Royendo las instituciones, el periodismo, la justicia y la convivencia mientras mucha gente sigue diciendo que exageramos.
Y tiene razón.
Trump huye cuando le piden pruebas: el presidente que convirtió la mentira en estrategia de Estado
El mandatario abandonó una entrevista en directo tras ser incapaz de demostrar sus acusaciones de fraude electoral y terminó atacando a la periodista y a la prensa
Ni más ni menos.
Kristen Welker le preguntó por qué sigue diciendo que las elecciones de 2020 fueron “amañadas” y dónde están las evidencias del supuesto “fraude” que ahora denuncia también en California. Trump respondió como responde siempre quien lleva años viviendo de la propaganda y la bronca permanente: insultando, atacando a la prensa y huyendo cuando se le acaba el teatro.
“Tu prensa es corrupta”.
“Eres corrupta”.
“Ya he tenido suficiente”.
Y se fue.
Israel ya no oculta su maquinaria de propaganda: el ejército forma soldados para manipular conciencias dentro y fuera del país
Israel ya ni siquiera intenta esconderlo.
Mientras nos hablaban de “combatir la desinformación”, el Ministerio de Defensa israelí llevaba meses formando soldados y personal de inteligencia en propaganda, manipulación psicológica y operaciones para “influir en la conciencia pública” dentro y fuera del país.
Cursos sobre guerra psicológica, propaganda, segmentación de audiencias, entrenamiento de influencers y técnicas “Black Hat” para distribuir contenido saltándose las normas de plataformas como Facebook y Google. Literalmente enseñando cómo manipular narrativas y esquivar controles digitales.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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