España hierve en mayo mientras los negacionistas siguen vendiendo humo climático
Mayo. Y media España ya vive como si estuviera atrapada en agosto.
No es “calorcito”. No es “lo normal”. Estamos viendo récords históricos mientras las ciudades se convierten en hornos y las noches tropicales llegan antes que las rebajas de verano. Santander a más de 37 grados. Donostia rompiendo registros de hace casi un siglo. Y todavía hay quien se ríe de la crisis climática desde un plató con aire acondicionado.
Nos dijeron que exagerábamos. Que había tiempo. Que el mercado lo arreglaría solo. Mientras tanto, las petroleras siguen ganando miles de millones y la ciudadanía aprende a sobrevivir entre incendios, olas de calor y facturas imposibles.
El problema ya no es el futuro. El problema es que el futuro ha empezado.
El trumpismo quiso convertir a Bolsonaro en un mártir de Hollywood y ha terminado destapando otro escándalo de corrupción
Hollywood. Steve Bannon. QAnon. Bolsonaro convertido en mártir cinematográfico mientras Brasil arde entre corrupción, conspiraciones y delirios mesiánicos.
Querían vender una película épica para salvar al bolsonarismo antes de las elecciones de octubre. Lo que han conseguido es otra cosa: audios filtrados, sospechas de caja B, millones opacos y una candidatura que empieza a hundirse.
La extrema derecha lleva años intentando convertir la política en espectáculo. El problema aparece cuando el guion se rompe y empiezan a aparecer las facturas.
Y esta vez las cifras son obscenas.
Trump quiere vender la colonización como “paz” con los polémicos Acuerdos de Abraham
Trump quiere vender como “paz” lo que en realidad es una normalización forzada de la ocupación. Y esta vez ya no cuela tan fácil.
Mientras Gaza sigue siendo arrasada y miles de personas continúan muriendo bajo las bombas, la Casa Blanca presiona a países árabes y musulmanes para que firmen los Acuerdos de Abraham y legitimen el proyecto regional de Israel. Arabia Saudí, Qatar, Egipto, Turquía, Pakistán… todos dentro del paquete diplomático de Trump. Todo mezclado con las negociaciones con Irán. Como si el genocidio fuese solo un detalle incómodo.
La cuestión palestina desaparece del discurso. Otra vez. Se habla de negocios, seguridad y estabilidad. Nunca de derechos. Nunca de ocupación. Nunca de limpieza étnica.
Y aun así lo intentan. Porque necesitan vender una victoria política aunque el suelo siga cubierto de cadáveres.# Trump quiere vender la colonización como “paz” mientras Gaza sigue ardiendo
### La Casa Blanca intenta resucitar los Acuerdos de Abraham como trofeo diplomático, aunque el genocidio en Gaza ha hecho saltar por los aires cualquier ficción de normalidad en Oriente Medio.
Donald Trump vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: envolver intereses geopolíticos y alianzas militares en palabras bonitas. “Paz”. “Acuerdos históricos”. “Normalización”. Su nueva obsesión pasa por relanzar los Acuerdos de Abraham, aquellos pactos impulsados en septiembre de 2020 para que varios países árabes reconocieran oficialmente al Estado de Israel. Pero el contexto ya no es el mismo. Ni mucho menos.
Mientras Gaza acumula decenas de miles de muertos, ciudades enteras reducidas a escombros y una hambruna provocada deliberadamente, Trump intenta vender otra vez la misma operación política: consolidar la integración regional de Israel sin resolver la ocupación de Palestina. O dicho de forma más clara, convertir la colonización en un hecho irreversible y obligar al mundo árabe a aceptarlo.
El presidente estadounidense ha ido incluso más lejos esta semana. En una reunión de su gabinete celebrada el 26 de mayo, vinculó abiertamente un posible acuerdo con Irán al hecho de que varios países musulmanes firmen los Acuerdos de Abraham. Arabia Saudí, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania están en la lista. “Creo que esos países nos lo deben”, afirmó Trump, según CNN. Una frase que resume bastante bien la lógica imperial que atraviesa toda esta estrategia.
## LOS ACUERDOS DE ABRAHAM NUNCA FUERON SOBRE LA PAZ
Los Acuerdos de Abraham siempre se presentaron como un supuesto avance histórico para estabilizar Oriente Medio. La realidad era bastante menos romántica. Se trataba de acuerdos bilaterales para normalizar relaciones diplomáticas, económicas y militares entre Israel y varios países árabes, dejando fuera la raíz del conflicto: la ocupación, la limpieza étnica y el sistema de apartheid impuesto al pueblo palestino desde 1948.
Ese detalle. El fundamental. Desaparecía del relato oficial.
En septiembre de 2020, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin firmaron los acuerdos en una ceremonia cuidadosamente diseñada en la Casa Blanca. Después llegaron Marruecos y Sudán, aunque este último nunca formalizó plenamente el proceso debido a la guerra interna iniciada en 2023. Washington vendió aquellos pactos como una nueva era de convivencia regional. En realidad, suponían romper el consenso histórico de la Liga Árabe, que durante décadas había condicionado el reconocimiento de Israel a la creación de un Estado palestino.
Jared Kushner, yerno de Trump y arquitecto político de los acuerdos, diseñó una estrategia muy concreta: integrar económicamente a Israel en la región, fortalecer alianzas militares contra Irán y convertir la cuestión palestina en un asunto secundario. Una molestia. Algo a gestionar mediáticamente mientras el negocio seguía adelante.
Y funcionó. Especialmente con Emiratos Árabes Unidos. Abu Dabi amplió relaciones comerciales, abrió las puertas al turismo israelí y profundizó la cooperación militar incluso durante las fases más brutales del genocidio en Gaza. Ni siquiera las imágenes de hospitales bombardeados o niños muriendo de hambre alteraron sustancialmente esa relación.
Porque los Acuerdos de Abraham nunca exigieron justicia. Solo obediencia geopolítica.
## GAZA HA DESTROZADO LA FICCIÓN DIPLOMÁTICA DE WASHINGTON
Trump sueña ahora con una “versión ampliada” de aquellos acuerdos. Lo hace después de no haber conseguido grandes resultados políticos ni en Gaza ni en la ofensiva contra Irán iniciada por EEUU e Israel el pasado 28 de febrero. Necesita una victoria. Aunque sea propagandística.
La analista Lucy Kurtzer-Ellenbogen, del Middle East Institute, lo resumía estos días con bastante claridad: Trump sigue considerando los Acuerdos de Abraham “el principal logro de política exterior” de su primer mandato. Y ampliar esa red de reconocimientos le permitiría volver a presentarse como gran negociador internacional. Aunque el precio sea consolidar la impunidad israelí.
El problema para Washington es que la realidad regional ya no encaja con el relato de 2020.
Arabia Saudí sigue siendo la gran pieza que EEUU quiere capturar. No solo por petróleo o influencia estratégica. También por el peso simbólico que tiene custodiar La Meca y Medina. Durante años, tanto Trump como Joe Biden intentaron convencer a Riad para normalizar relaciones con Israel. Estuvieron cerca antes del 7 de octubre de 2023. Después llegó Gaza. Y todo cambió.
Hoy, aceptar públicamente esos acuerdos tendría un coste político enorme para cualquier gobierno árabe. Las imágenes del genocidio han generado una indignación masiva en sociedades donde la causa palestina sigue siendo profundamente popular. Incluso Egipto y Jordania, que ya tienen tratados de paz con Israel desde 1979 y 1994 respectivamente, saben que adherirse formalmente a los Acuerdos de Abraham sería explosivo a nivel interno.
Pakistán ha sido el único país que ha respondido de manera frontal. Su ministro de Defensa, Khawaja Asif, rechazó públicamente cualquier posibilidad de sumarse a la iniciativa, afirmando que contradice los “principios fundamentales” del país. Fuentes pakistaníes citadas por Reuters fueron todavía más claras: las negociaciones con Irán y los Acuerdos de Abraham “no están interrelacionados ni pueden estarlo”.
Ahí está el fondo del asunto. Trump intenta utilizar la guerra y las negociaciones nucleares como herramienta para redibujar políticamente Oriente Medio a favor de Israel. No habla de derechos humanos. No habla de ocupación. No habla de las decenas de miles de personas asesinadas en Gaza.
Habla de negocios. De alianzas. De vender estabilidad mientras se normaliza la barbarie.
El activista israelí Jeff Halper lo definía hace meses de una forma brutalmente precisa: “La única forma de completar con éxito un proyecto colonial es conseguir normalizarlo”. Eso son los Acuerdos de Abraham. La fase final de una colonización presentada como diplomacia moderna.
Y quizá por eso ahora cuesta tanto venderla. Porque Gaza ha hecho algo que Washington y Tel Aviv llevaban años intentando evitar: arrancar la máscara.
Europa abre la puerta al negocio del genocidio mientras acelera su rearme
Europa habla de derechos humanos mientras financia empresas vinculadas al negocio de la guerra en Palestina.
Sí. Con dinero público europeo. Con programas de innovación. Con contratos militares. Con filiales opacas y empresas de vigilancia que llevan años siendo denunciadas por organizaciones internacionales.
El nuevo informe sobre la expansión de compañías israelíes en la UE deja una pregunta incómoda: ¿cuánto del rearme europeo termina alimentando tecnologías probadas sobre población civil palestina?
No es teoría. Son nombres, cifras, fondos europeos y estructuras creadas para esquivar controles. Y mientras Gaza sigue siendo arrasada, Europa sigue haciendo negocios.
Mamdani plantea 200.000 viviendas asequibles nuevas y expone cómo golpear el corazón del negocio inmobiliario
La vivienda no se arregla rezando al mercado: se arregla poniendo dinero público, suelo, normas y poder político contra quienes han convertido vivir bajo techo en una subasta permanente. LA CIUDAD QUE CONSTRUYEN LAS Y LOS TRABAJADORES NO PUEDE EXPULSARLOS El 26 de mayo, el…
Ébola en el Congo: el virus avanza rápidamente y el mundo sigue sin moverse
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Casi 750 casos. 177 muertes sospechosas. Un brote detectado desde el 24 de abril y hospitales ya desbordados. La República Democrática del Congo afronta su decimoséptimo brote de ébola mientras la ayuda internacional se recorta, la guerra rompe el territorio y las y los sanitarios intentan contener una enfermedad brutal con recursos insuficientes. Luego vendrán los discursos solemnes. La palabra “cooperación”. La foto institucional. Pero la verdad es mucho más sucia: cuando una epidemia avanza sobre hospitales destruidos, cuerpos contagiosos, miedo social y recortes, no estamos ante una fatalidad. Estamos ante abandono organizado.
Netanyahu expande la guerra en Líbano y llama seguridad a una ocupación
Netanyahu acaba de dejarlo bastante claro: el alto el fuego en Líbano vale lo que Israel quiera que valga.
Desde el 17 de abril había una tregua. Sobre el papel. Porque sobre el terreno el ejército israelí no se ha ido, sigue ocupando parte del sur de Líbano y ahora presume de ampliar operaciones, tomar “posiciones estratégicas” y reforzar una supuesta zona de seguridad dentro de territorio ajeno.
Traducción: ocupación.
Desde el 2 de marzo, la ofensiva israelí ha dejado más de 3.200 personas asesinadas y más de 1 millón de desplazadas en Líbano. Aldeas demolidas, infraestructuras civiles destruidas, nuevas órdenes de evacuación y más de 100 objetivos bombardeados en una sola noche.
Y mientras tanto, Washington mira, calcula y bendice. El Gobierno de Trump habría dado luz verde a la escalada, con una condición casi obscena: no destrozar Beirut demasiado. Como si el problema fuera la intensidad estética de la destrucción y no la destrucción misma.
Israel vuelve a repetir el guion de la ocupación de Líbano. El mismo fracaso. La misma soberbia. La misma maquinaria de guerra vendida como defensa.
El imperio mediático de Vincent Bolloré: la maquinaria ultra que quiere capturar Francia
Bolloré cree que para gobernar hay que derribar la hegemonía cultural de la izquierda. La Nouvelle Droite ya lo intentó antes, pero sin los recursos del magnate. Aquí está la diferencia obscena: la ultraderecha intelectual soñaba con disputar ideas; Bolloré puede comprar las fábricas que las producen.
Francia mira ya a las presidenciales de 2027 con una pregunta incómoda: qué pasa cuando la extrema derecha no necesita ganar primero las urnas porque antes ha ganado televisiones, radios, editoriales, kioscos y salas de cine.
La motosierra de Milei ya entra en los hospitales: recortes, cáncer y vacunas mientras crece la mortalidad infantil
El ajuste ultra del Gobierno argentino deja sin medicamentos a pacientes oncológicos, desmantela programas sanitarios históricos y empuja a la sanidad pública hacia el colapso.
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Mientras Occidente levanta fronteras y discursos humanitarios, el Congo vuelve a pagar con muertos décadas de saqueo, abandono sanitario y violencia armada El ébola ha vuelto a expandirse por el este de la República Democrática del Congo. Ya hay 139 personas muertas y más de…
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