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Un informe denuncia cómo empresas vinculadas a la industria militar israelí se expanden por la UE con ayudas públicas, filiales opacas y contratos ligados al nuevo ciclo armamentístico europeo
Europa lleva meses hablando de democracia, derechos humanos y seguridad. Mucho discurso institucional. Mucha bandera azul con estrellas doradas. Pero mientras Bruselas pronuncia declaraciones solemnes sobre la legalidad internacional, las puertas del mercado europeo se abren cada vez más a empresas vinculadas al aparato militar israelí. Y no hablamos de una sospecha vaga. Hablamos de contratos, subvenciones, filiales, fondos europeos y estructuras empresariales que, según una nueva investigación, están facilitando la expansión de compañías relacionadas con el genocidio en Palestina.
El informe, titulado Las puertas de entrada de la tecnología del genocidio a Europa, ha sido elaborado por el Observatorio de Derechos Humanos y Empresas en el Mediterráneo junto a SUDS, NOVACT e Irídia. La investigación, adelantada por elDiario.es antes de su publicación, analiza cómo desde octubre de 2023 se ha intensificado la relación entre la Unión Europea e Israel en materia militar y de seguridad. No es un detalle menor. Es una transformación profunda.
Durante noventa páginas, el equipo investigador describe nueve vías mediante las cuales empresas israelíes del sector armamentístico, de vigilancia y de ciberseguridad han consolidado su presencia en Europa en apenas dos años. Algunas de ellas son conocidas: Elbit Systems, Israel Aerospace Industries (IAI), XTEND Defense, NextVision o Cyberbit. Otras operan de forma más discreta. El patrón, sin embargo, se repite.
Cambios de nombre. Filiales europeas. Compra de empresas locales. Participación en estructuras de la OTAN. Acceso a fondos europeos de investigación. Acuerdos bilaterales con países de regulación laxa. Todo encaja.
Y todo ocurre mientras Gaza sigue siendo reducida a escombros.
EL REARME EUROPEO COMO MOTOR DEL NEGOCIO
La investigación apunta directamente al nuevo ciclo de rearme europeo. La guerra de Ucrania y las exigencias de la OTAN han servido como acelerador político y económico para integrar a empresas israelíes en la arquitectura militar europea. Dicho de otro modo: el miedo se ha convertido en mercado.
Instrumentos como el Defence Innovation Accelerator for the North Atlantic (DIANA), el NATO Innovation Fund o la NATO Support and Procurement Agency aparecen señalados como mecanismos que favorecen esta integración. El informe es claro: la UE está utilizando tecnología israelí para avanzar en sus planes de rearme.
Y ahí aparece uno de los puntos más delicados. Porque buena parte de esa financiación pública europea llega disfrazada de cooperación científica o innovación tecnológica. Universidades, institutos y programas de investigación funcionan como canales de entrada para proyectos vinculados al complejo militar israelí.
Fabricantes de armamento como Elbit Systems o Israel Aerospace Industries se están beneficiando de subvenciones europeas. Dinero público europeo. Mientras tanto, la propia Unión Europea sigue reclamando formalmente el respeto al derecho internacional humanitario. La contradicción ya ni se disimula demasiado.
La guerra en Ucrania también aparece en el informe como un espacio clave para esta expansión. Según la investigación, el conflicto funciona como laboratorio de pruebas para armamento y tecnologías militares. Pruebas reales. Validación comercial. Nuevos contratos. Más influencia dentro de la OTAN.
La lógica es brutal. Una guerra alimenta otra industria. Y esa industria necesita más guerra para seguir creciendo.
Alemania ocupa un papel central en este entramado. El informe describe al país como uno de los grandes epicentros del lobby militar israelí dentro de Europa. Berlín busca reforzar su capacidad militar y modernizar su industria armamentística, y las empresas israelíes están encontrando ahí un terreno perfecto para expandirse. No solo mediante contratos directos. También a través de redes de influencia y estructuras empresariales cada vez más opacas.
FILIALES OPACAS, CIBERVIGILANCIA Y NEGOCIO TECNOLÓGICO
El informe dedica parte importante de su análisis a cómo estas compañías logran integrarse en Europa evitando controles políticos o reputacionales. Una de las fórmulas más habituales es sencilla: cambiar de marca, abrir subsidiarias europeas o adquirir empresas ya instaladas en el continente.
Así consiguen presentarse como actores tecnológicos “europeos”, aunque detrás siga operando capital israelí ligado al negocio militar.
Uno de los casos más llamativos es Intracom Defense-IAI. La empresa participa actualmente en quince proyectos del Fondo Europeo de Defensa. Siete de ellos fueron adjudicados después de octubre de 2023, ya iniciado el genocidio en Gaza. Aunque la compañía tiene sede en Grecia, el 94,5% de sus acciones pertenece a Israel Aerospace Industries, según los registros financieros de 2024.
Otro nombre destacado es NSO Group, fabricante del software espía Pegasus. La investigación señala cómo la empresa opera desde Luxemburgo mediante una estructura fragmentada y deliberadamente compleja que le permite moverse entre jurisdicciones y esquivar regulaciones estrictas.
La cibervigilancia aparece como uno de los grandes negocios del momento. Y Europa parece encantada de comprar.
También España aparece mencionada. El informe recuerda que en 2025 el Ministerio del Interior renovó su colaboración con Cellebrite, empresa señalada por recopilar datos de teléfonos de miles de personas palestinas capturadas por Israel. No hablamos de una relación anecdótica. Hablamos de cooperación institucional.
Barcelona figura además como uno de los hubs tecnológicos utilizados por startups israelíes de ciberseguridad. El documento denuncia que en Catalunya se está impulsando el reclutamiento de profesionales para empresas que replican modelos y prácticas desarrolladas en Palestina. La ciudad como laboratorio de innovación. Aunque esa innovación venga impregnada de vigilancia, ocupación y guerra.
Chipre y Luxemburgo completan el mapa. Ventajas fiscales. Regulaciones flexibles. Escasa supervisión. Plataformas perfectas para canalizar inversiones y estructuras opacas.
El informe termina reclamando medidas concretas: sanciones, embargo integral de armas a Israel, cláusulas de exclusión en contratación pública y mecanismos reales de transparencia. Nada especialmente radical. Simple cumplimiento del derecho internacional.
Pero ahí está el problema. Porque mientras Europa habla de derechos humanos, sigue considerando que el negocio militar pesa más que los derechos humanos.
Y cuando una democracia financia tecnologías probadas sobre población civil, deja de ser solo cómplice silenciosa. Empieza a formar parte del mecanismo.
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