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Hegseth utilizó la memoria de quienes murieron combatiendo al nazismo para alimentar la retórica ultra de Trump sobre una supuesta “invasión” migratoria en Europa.
Pete Hegseth no fue a Normandía a honrar a quienes murieron luchando contra el fascismo. Fue a hacer campaña ideológica. A aprovechar uno de los símbolos más importantes de la derrota del nazismo para repetir el mismo discurso del miedo que hoy alimenta a la extrema derecha occidental. Y eso, por mucho que intenten maquillarlo con banderas y homenajes militares, tiene algo profundamente obsceno.
El 6 de junio de 1944, miles de soldados aliados desembarcaron en las playas de Normandía ocupadas por la Alemania nazi. Murieron miles de personas. Jóvenes enviados a una guerra brutal contra un régimen genocida. Más de ocho décadas después, el secretario de Defensa de Donald Trump decidió usar ese recuerdo para hablar de pateras, migración y “defensa civilizatoria”. Exactamente eso.
Durante un acto celebrado en el cementerio americano de Colleville-sur-Mer, Hegseth afirmó que “otras playas europeas están siendo asaltadas por ideologías peligrosas”. Citó a España, Italia, Grecia y Bulgaria. Habló de “barcos y hombres” llegando a Europa y preguntó cuándo actuarían las capitales europeas frente a esa supuesta “invasión”.
La palabra importa. Invasión.
Porque no es casualidad. La extrema derecha lleva años utilizando terminología militar para hablar de personas desesperadas que cruzan fronteras huyendo de guerras, hambre o colapsos económicos. Lo hacen para deshumanizar. Para convertir a familias migrantes en enemigos abstractos. Para justificar violencia institucional. Para normalizar políticas cada vez más crueles.
Y lo hizo allí. En Normandía. Donde murieron miles de personas combatiendo precisamente las ideas supremacistas que hoy vuelven a circular con traje institucional y micrófono oficial.
Las críticas fueron inmediatas. El senador demócrata Tim Kaine acusó a Hegseth de utilizar una conmemoración histórica para impulsar “su ideología de extrema derecha”. El líder demócrata Hakeem Jeffries recordó que quienes murieron el Día D lo hicieron “para derrotar al fascismo”, no para convertir su memoria en propaganda política.
Pero quizá las respuestas más duras llegaron desde Francia. Desde el lugar donde se celebraba el acto. Vecinas y vecinos de Langrune-sur-Mer mostraron públicamente su rechazo a la presencia del jefe del Pentágono. Sylvie Lamy Thepaut, miembro de una asociación local, declaró que Hegseth “no comparte los valores democráticos”. Otra organización pidió cancelar su visita porque, según denunciaron, defiende posiciones “contrarias a la democracia, los derechos humanos y la paz”.
No es una exageración. Basta escucharle.
EL TRUMPISMO YA NO ESCONDE SU RETÓRICA SUPREMACISTA
Lo más inquietante no es solo lo que dijo Hegseth. Es que encaja perfectamente en la estrategia ideológica de la administración Trump. Una estrategia que ya no se molesta demasiado en esconder su marco político. Hablan de “defender Occidente”, de preservar la identidad europea, de recuperar la “confianza civilizatoria”. Todo muy elegante en apariencia. Todo peligrosamente parecido a los discursos identitarios que Europa conoce demasiado bien.
Un día antes del discurso de Hegseth, el vicepresidente JD Vance culpó directamente a la migración de la muerte de Henry Nowak, un joven asesinado en Reino Unido el año pasado por otro ciudadano británico. Afirmó que seguiría vivo si las élites europeas hubieran frenado “la invasión masiva de migrantes”. Otra vez la palabra. Invasión.
Da igual que el crimen no encajara con el relato que intentaban construir. Da igual que la propia familia pidiera que no se utilizara la muerte del joven para fomentar odio y división. El dolor ajeno se convierte en combustible político cuando el objetivo es mantener movilizado al electorado ultra.
El Gobierno británico respondió acusando a dirigentes extranjeros de intentar “sembrar división” en sus calles. Pero el problema ya es mucho más grande. Porque estas declaraciones no son ocurrencias aisladas. Forman parte de una arquitectura política internacional que conecta a Trump, Vance, Hegseth y buena parte de la nueva extrema derecha europea.
La propia Estrategia de Seguridad Nacional publicada por la administración Trump en diciembre hablaba de unas políticas migratorias europeas que, según el texto, están “transformando el continente” y podrían hacer que Europa fuera “irreconocible en menos de 20 años”. El documento defendía ayudar a que “Europa siga siendo europea”. Una frase que podría firmar cualquier partido ultra del continente.
Y mientras tanto, las consecuencias reales siguen acumulándose en silencio.
MILES DE PERSONAS MUEREN EN LAS RUTAS MIGRATORIAS MIENTRAS OCCIDENTE HABLA DE “INVASIONES”
La retórica del miedo tiene una función muy concreta: ocultar la dimensión humana de las migraciones. Convertir cadáveres en estadísticas y fronteras militarizadas en algo normal.
La Organización Internacional para las Migraciones informó en febrero de que al menos 7.667 personas murieron o desaparecieron en rutas migratorias durante 2025. Solo en el Mediterráneo fueron 2.185. Otras 1.214 desaparecieron en la ruta atlántica hacia Canarias. Y la propia organización advirtió de que la cifra real probablemente sea mucho mayor.
Eso es lo que ocurre mientras políticos multimillonarios hablan cómodamente de “invasiones” desde cementerios militares perfectamente cuidados.
Miles de personas se ahogan intentando llegar a Europa. Familias enteras desaparecen en el mar. Niñas y niños mueren en desiertos, centros de detención o naufragios invisibles para la mayoría de televisiones occidentales. Pero el problema, según Hegseth, son las personas que llegan. Nunca las guerras que Occidente financia. Nunca el saqueo económico. Nunca el negocio armamentístico. Nunca el colonialismo reciclado en acuerdos comerciales y fronteras externalizadas.
La Unión Europea, mientras tanto, avanza también hacia un endurecimiento de sus políticas migratorias. Organizaciones de derechos humanos ya alertan de paralelismos con las redadas y deportaciones impulsadas por el ICE estadounidense. Silvia Carter, portavoz de la Plataforma para la Cooperación Internacional sobre Migrantes Indocumentados, advirtió que Europa debería aprender del daño causado por el modelo de Trump, no copiarlo.
Pero parece que buena parte de las élites occidentales han decidido competir entre sí para ver quién deshumaniza más rápido.
Y quizá esa sea la imagen más brutal de este tiempo: dirigentes utilizando la memoria de quienes murieron derrotando al fascismo para rehabilitar, poco a poco, el lenguaje político que siempre termina abriendo la puerta al monstruo.
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