Gigafactorías de IA: el nuevo pelotazo digital que amenaza con convertir territorios enteros en zonas de sacrificio
Europa quiere tener su propia inteligencia artificial. Esa es la frase bonita. La vendible. La que cabe en una rueda de prensa, en un plan estratégico y en un titular amable sobre soberanía tecnológica. Bruselas no quiere depender de Estados Unidos ni de China para entrenar modelos de IA, desplegar sistemas avanzados y sostener su propia infraestructura digital. Hasta ahí, cualquiera entiende el problema.
Pero luego viene la letra pequeña. Y la letra pequeña pesa toneladas.
La Unión Europea ha puesto sobre la mesa 20.000 millones de euros para levantar entre tres y cinco grandes “gigafactorías de IA”. España quiere una. El Gobierno ha decidido correr antes incluso de que Bruselas publique el concurso oficial y ya ha aprobado más de 1.000 millones de euros para apuntalar la candidatura: 719 millones para la sociedad público-privada que gestionaría la infraestructura y otros 300 millones como aportación voluntaria a EuroHPC, el organismo europeo que coordina las inversiones en supercomputación.
Venezuela bajo los escombros: 1.450 muertos y una reconstrucción que no puede convertirse en negocio
Venezuela necesita rescate, atención sanitaria, agua, refugios, comida, comunicaciones, escuelas seguras, infraestructuras revisadas y viviendas habitables. Necesita que las niñas y los niños no duerman bajo lonas mientras los despachos calculan rentabilidades. Necesita que las trabajadoras y los trabajadores de emergencia tengan medios. Necesita que las familias sepan dónde están sus desaparecidos. Necesita ayuda sin chantaje, sin propaganda, sin bloqueo moral, sin convertir cada camión en una bandera.
El terremoto del 24 de junio no pidió pasaporte antes de matar. La respuesta tampoco debería pedir obediencia política para salvar. Entre los escombros no hay ideología que valga: hay vidas, y quien especula con ellas ya ha elegido bando.
La causa contra Zapatero se desborda entre filtraciones, joyas y una investigación cada vez más difícil de acotar
La causa abierta en la Audiencia Nacional contra José Luis Rodríguez Zapatero ha dejado de ser una investigación delimitada para convertirse en una maquinaria expansiva. Una de esas máquinas que empiezan por un punto concreto y, de pronto, lo quieren devorar todo. El juez José Luis Calama partió del rescate público de Plus Ultra, pero las diligencias ya se han extendido a los trabajos del expresidente para Análisis Relevante, a asesorías en Latinoamérica, a la empresa de sus hijas y hasta a unas joyas encontradas por la UDEF en una caja fuerte de su despacho de Ferraz.
Zapatero denuncia que está siendo sometido a una “causa general”. No es una expresión menor. La defensa sostiene que la investigación ha traspasado los márgenes razonables de una instrucción penal y que, por el camino, se ha producido un “atropello” contra su intimidad. Y ahí empieza el problema político, judicial y mediático. Porque una cosa es investigar posibles delitos. Otra, muy distinta, es convertir una causa en una red de arrastre donde cabe todo: agendas, chats, pendrives, discos duros, mensajes privados y sospechas que se van encadenando como si la amplitud fuera una prueba.
Aquí conviene no hacer trampas. Hay hechos que deben investigarse. Hay indicios que la Audiencia Nacional considera relevantes. Hay acusaciones graves. Pero también hay derechos. Y cuando la investigación penal se convierte en espectáculo, la frontera entre justicia y linchamiento se vuelve peligrosamente fina.
Venezuela entre escombros y petróleo: los terremotos destapan las miserias de Estados Unidos
Los dos terremotos que golpearon Venezuela el 24 de junio no solo abrieron grietas en edificios de Caracas y La Guaira. También dejaron al descubierto otra fractura más profunda: la de un poder estadounidense que dice acudir al rescate mientras calcula beneficios, alianzas y petróleo. La tragedia humana se mide en vidas atrapadas bajo el hormigón, familias buscando nombres entre ruinas y rescatistas peleando contra el reloj. Washington, en cambio, parece medirla también en influencia.
La Administración Trump ha presentado su respuesta como una operación “amplia, rápida, eficaz” e “integral del gobierno”, en palabras de Marco Rubio. El Departamento de Estado ha enviado tres equipos especializados de búsqueda y rescate urbano, ha desplegado un DART con más de 250 personas y ha prometido 150 millones de dólares en asistencia. Es mucho dinero. Es mucha logística. Y es también una puesta en escena cuidadosamente diseñada para demostrar que Estados Unidos sigue mandando en el hemisferio occidental.
La caída de Adorni, el hombre fuerte de Milei, destroza su relato anticasta
Manuel Adorni cayó. No por una conspiración socialista, ni por una campaña comunista, ni por ese fantasma mediático que la extrema derecha invoca cada vez que la realidad le pone un expediente encima de la mesa. Cayó después de 112 días ocupando el centro de la escena política argentina por un escándalo asociado a su fortuna, sus gastos y sus declaraciones juradas. El jefe de Gabinete de Javier Milei, imputado por presunto enriquecimiento ilícito, anunció su renuncia tras reunirse con el presidente ultraderechista en la Quinta de Olivos, al norte de Buenos Aires.
La historia tiene todos los ingredientes del libertarismo realmente existente: moralina contra “la casta”, plata sin declarar, victimismo en redes y una explicación tan delirante que parece escrita por un asesor demasiado entusiasmado con las criptomonedas. Adorni llegó a justificar parte del crecimiento de su patrimonio asegurando que encontró un pendrive con 500.000 dólares en Bitcoin. Sí, un pendrive. Como quien encuentra calderilla en un abrigo viejo, pero en versión neoliberal premium.
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
‘MANGOS’, parte 5 | Anthropic: la empresa que prometía una IA segura y ya inquieta al poder que la vigila
Anthropic nació con una historia perfecta para Silicon Valley: dos perfiles brillantes abandonan el laboratorio más famoso de inteligencia artificial porque creen que allí no se están tomando la seguridad lo bastante en serio. Hay conflicto, hay principios, hay ruptura y hay promesa. La vieja épica de la empresa que viene a corregir los pecados de otra empresa. Suena bien. Demasiado bien.
Una empresa que nació denunciando los peligros de una carrera descontrolada se ha convertido en una de las piezas más codiciadas de esa misma carrera. Anthropic forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como bloque llamado a dominar la inteligencia artificial. Es decir, ya no está fuera del problema. Está dentro. En el centro. Con inversores, valoración gigantesca, ambición bursátil y presión para crecer.
Y la presión importa. Mucho.
‘MANGOS’, parte 4 | Sam Altman y OpenAI: la promesa de cambiar el mundo también quería factura
OpenAI no inventó la inteligencia artificial. Conviene recordarlo, porque el relato de Silicon Valley siempre funciona igual: borra décadas de investigación pública, trabajo universitario, avances colectivos y financiación estatal para colocar en el centro a un fundador, un escenario, una presentación y una marca. La historia se reduce a un producto. El producto se reduce a un CEO. Y el CEO, si la bolsa acompaña, acaba convertido en profeta.
Sam Altman ocupó ese papel con una habilidad notable. OpenAI, fundada en 2015, lanzó ChatGPT el 30 de noviembre de 2022 y cambió de golpe la conversación tecnológica mundial. En cinco días alcanzó un millón de usuarios. En dos meses, cien millones. Ninguna herramienta digital había llegado tan rápido a esas cifras en la historia de Internet. Era útil, era sorprendente, era accesible. También era una demostración brutal de poder: una empresa privada podía poner en manos de medio planeta una tecnología capaz de escribir, resumir, traducir, programar, simular conversaciones y alterar industrias enteras antes de que las instituciones hubieran terminado siquiera de entender el fenómeno.
Ahí nació la fiebre. Y con ella, los MANGOS: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX, el nuevo bloque de empresas que aspiran a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. OpenAI es, en buena medida, la responsable de que ese club exista. No porque tenga todas las piezas. No fabrica los chips como Nvidia. No controla Android como Google. No tiene la red social planetaria de Meta ni los satélites de SpaceX. Pero encendió la mecha. Hizo que la IA dejara de ser una promesa de laboratorio y se convirtiera en producto de masas.
El problema es que la historia no acaba en la fascinación. Empieza ahí.
‘MANGOS’, parte 1 | El nuevo club de tecnoligarcas que quiere controlar el mundo https://spanishrevolution.net/mangos-parte-1-el-nuevo-club-de-tecnoligarcas-que-quiere-controlar-el-mundo/
‘MANGOS’, parte 2 | Musk y SpaceX: el magnate que quiere poner la inteligencia artificial en órbita
https://spanishrevolution.net/mangos-parte-2-musk-y-spacex-el-magnate-que-quiere-poner-la-inteligencia-artificial-en-orbita/
‘MANGOS’, parte 3 | Zuckerberg y Meta: la inteligencia artificial como red social obligatoria
https://spanishrevolution.net/mangos-parte-3-zuckerberg-y-meta-la-inteligencia-artificial-como-red-social-obligatoria/
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Más de medio millón de personas ya han visto nuestro vídeo sobre cómo los centros de datos de la IA nos están dejando sin agua
Más de medio millón de personas han visto ya nuestro vídeo sobre el verdadero coste de los centros de datos de la inteligencia artificial. Más de medio millón. Y no lo han visto porque el asunto sea una curiosidad tecnológica ni porque les interese saber cómo funciona un servidor. Lo han visto porque cada vez más gente entiende que esa cosa aparentemente abstracta llamada IA tiene una existencia muy física: edificios gigantescos, subestaciones eléctricas, tuberías, kilómetros de cableado y millones de litros de agua desapareciendo dentro de sistemas de refrigeración.
La respuesta al vídeo confirma algo que las grandes tecnológicas preferirían seguir escondiendo detrás de anuncios llenos de palabras como innovación, progreso y futuro. La preocupación es real. La gente sabe que no estamos hablando de una nube mágica flotando sobre nuestras cabezas, sino de una industria pesada que quiere apropiarse de recursos públicos para alimentar negocios privados. Y quiere hacerlo deprisa, antes de que las comunidades entiendan qué les están plantando al lado de casa.
Nuestro vídeo reúne las advertencias de Erin Brockovich, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, un exboxeador estadounidense, Alexandria Ocasio-Cortez y Naciones Unidas. Personas con trayectorias, ideologías y responsabilidades muy distintas. Todas están mirando hacia el mismo lugar. Todas están viendo cómo la expansión descontrolada de los centros de datos amenaza el agua, dispara el consumo eléctrico y concentra todavía más poder en manos de un puñado de corporaciones.
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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