El silencio de las redacciones occidentales es un aval a la impunidad de Israel
PROTESTAS GLOBALES CONTRA EL ASESINATO DE PERIODISTAS PALESTINOS
En Nueva York, Texas, Los Ángeles, Washington D.C. o la Ciudad de México se multiplican las vigilias y manifestaciones. La exigencia es clara: que los responsables del asesinato del corresponsal de Al Jazeera Anas al-Sharif y de sus colegas respondan ante la justicia internacional.
El domingo, frente al hospital Al-Shifa de Gaza, un ataque selectivo del ejército israelí acabó con la vida de al-Sharif, cuatro compañeros de la cadena y otro periodista. No fue una bala perdida, ni un daño colateral. Fue un crimen contra la prensa, deliberado y con nombre y apellidos.
En Estados Unidos, cientos de personas se plantaron frente a las sedes de medios como The New York Times, The Dallas Morning News, NBC, Fox News, la agencia británica ITN y hasta The Guardian. El mensaje de las pancartas apuntaba a una verdad incómoda: callar ante la masacre de periodistas es colaborar con ella.
Mientras, en México —país más mortífero de América Latina para ejercer el periodismo— decenas de manifestantes extendieron su solidaridad hacia las y los reporteros de Gaza. Allí, donde la violencia contra la prensa es cotidiana, reconocen el patrón: un poder armado que sabe que matar periodistas sale gratis si nadie se atreve a señalar al verdugo.
LA GUERRA CONTRA LA INFORMACIÓN
Gaza es ya el lugar más letal para la prensa desde que existen registros modernos. Ni las dos guerras mundiales, ni Vietnam, ni Afganistán superan el número de periodistas asesinados en menos de un año. El genocidio no solo destruye vidas, arrasa también la memoria y el derecho a saber.
La Fundación Hind Rajab y el Centro Palestino para los Derechos Humanos han llevado el caso ante la Corte Penal Internacional. Pero las imágenes de las protestas recuerdan que la justicia no llegará sola: hay que empujarla desde las calles.
Israel no teme a las denuncias si Occidente sigue protegiéndole de las consecuencias. No teme a la verdad si las grandes cabeceras se conforman con la versión oficial. Y no teme a la indignación si esta se queda en las redes sociales.
Porque un periodista asesinado en Gaza es un golpe directo al derecho de todas y todos a saber. Y un medio que calla es cómplice.
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