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«La historia nos juzgará por nuestra capacidad para defender lo que es justo y necesario, por nuestra tenacidad en la lucha contra un capitalismo que parece insaciable».
El panorama rural español y europeo se encuentra en un estado de efervescencia totalmente justificado, tras años de abandono y políticas que han desangrado al sector primario. La situación actual no es más que el resultado de una serie de decisiones que han priorizado el mercado y los intereses de unos pocos sobre el bienestar colectivo y la sostenibilidad del campo.
La derecha y la extrema derecha han visto en este descontento una oportunidad para manipular y distorsionar la realidad, presentándose falsamente como salvadores de una agricultura a la que han contribuido a hundir. Con un discurso peligrosamente simplista, intentan enfrentar la necesidad de una agricultura sostenible con la supervivencia del sector primario, obviando que son sus políticas las que han llevado al campo a la situación crítica en la que se encuentra.
UN SISTEMA QUE DEVORA SUS CIMIENTOS
El corazón del problema reside en décadas de políticas neoliberales que han promovido una concentración de la propiedad de la tierra alarmante, dejando el sector en manos de fondos de inversión y grandes corporaciones. Esta uberización del campo, término usado por Manu Pineda, europarlamentario, y que hemos adoptado en Spanish Revolution por su claridad, no es más que un reflejo de la mentalidad que reduce la alimentación a un mero producto de mercado, ignorando su valor esencial para la vida y la sostenibilidad.
Las políticas de la UE, lejos de proteger a nuestros agricultores, han abierto las puertas a un mercado global en el que el dumping social y sanitario se convierte en la norma, sacrificando los estándares de producción locales en aras de acuerdos comerciales que benefician a unos pocos a costa de muchos. Se justifica la explotación y la degradación ambiental, olvidando que sin un sector primario fuerte y sostenible, no hay futuro posible.
EL PAPEL DE LA IZQUIERDA
Frente a este panorama, el papel de la izquierda se vuelve más crucial que nunca. Es hora de reivindicar nuestro compromiso histórico con un modelo agrario que ponga en el centro la vida, la sostenibilidad y la justicia social. Debemos confrontar las narrativas vacías y las maniobras de distracción de la derecha y la extrema derecha con propuestas concretas que aborden las raíces del problema.
Defender el campo significa luchar por precios justos, por la protección frente a la especulación, por una agricultura ecológica y por un mundo rural vivo, dotado de servicios públicos de calidad. Significa también desenmascarar las falsas dicotomías entre ecologismo y agricultura que la extrema derecha intenta instalar, reconociendo que el verdadero enemigo es un modelo económico que sacrifica lo esencial en aras del beneficio inmediato.
UN LLAMAMIENTO A LA ACCIÓN
La situación del campo no es un problema aislado, sino un síntoma de un sistema que prioriza el capital sobre las personas y el planeta. La lucha por un sector primario justo y sostenible es, en última instancia, una lucha por un modelo de sociedad que ponga en el centro la vida y la dignidad de todas las personas.
Es hora de que la izquierda, junto a agricultores, consumidores y ciudadanía en general, se movilice para exigir un cambio de rumbo. Solo así podremos garantizar la soberanía alimentaria, proteger el medio ambiente y construir un futuro en el que el campo y sus gentes ocupen el lugar que merecen. El tiempo para actuar es ahora. La historia nos juzgará por nuestra capacidad para defender lo que es justo y necesario, por nuestra tenacidad en la lucha contra un capitalismo que parece insaciable.
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