A la cárcel con Mazón
El falso testimonio como síntoma político de un poder que se niega a asumir la verdad
Pérez Llorca y el PP valenciano, rehén de Vox y del legado tóxico de Mazón
Un Govern colgado de un hilo y una ultraderecha que disfruta tensándolo
El alcalde del PP de Alpedrete: cuando el poder blanquea 50 puñaladas
La violencia machista no se combate con excusas, se combate con verdad.
El Supremo, la filtración y la obsesión: cómo se fabrica un lawfare
En el juicio al fiscal general ya no se dirime solo una posible revelación de secretos, sino hasta qué punto ciertos sectores están dispuestos a retorcer la justicia para cobrarse una pieza política.
El Supremo decide el futuro del fiscal general en un juicio que huele demasiado a vendetta política
Una maquinaria judicial y mediática intentando convertir ruido en pruebas mientras el poder conservador busca una cabeza que exhibir
Estas son las mentiras que pueden llevar a Mazón a la cárcel
Un presidente que se esconde entre contradicciones mientras 229 familias entierran a sus muertos
¿Es el PP un partido negacionista? El clima no espera y la derecha decide mirar hacia otro lado
El PP juega a la política pequeña mientras España arde, se inunda y entierra a sus víctimas.
El Supremo ante el silencio: nadie sabe quién filtró el correo de la pareja de Ayuso
Una maquinaria política y mediática sin huellas, pero con objetivos claros
Orsola Mussolini y la exportación del fascismo: Madrid como escaparate europeo de la nostalgia totalitaria
Un país que permite homenajear dictaduras acaba normalizando su veneno.
Lo que el PSOE no entiende de la guerra de la vivienda
Cuando la vivienda decide elecciones, el partido que sigue protegiendo al ladrillo pierde la mayoría social que dice representar.
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Opinión | Diego Fuoli en El Hormiguero: un sueño fascista
¿Por qué nos dejamos arrastrar tan fácilmente por soflamas y consignas contrarias al mínimo respeto cuando estamos apretados unos contra otros y formamos una masa? Muy simple y muy preocupante: porque necesitamos la aprobación de quienes nos rodean en ese momento.
Sheinbaum, Lula, Orsi y Arévalo frente a la ultraderecha: América Latina no está en venta
Sheinbaum y Lula no están solos. Ahí están también Yamandú Orsi en Uruguay y Bernardo Arévalo en Guatemala, cada uno desde una realidad distinta, con márgenes distintos y enemigos distintos. Pero el pulso es el mismo: impedir que América Latina vuelva a ser una finca administrada por oligarquías locales, jueces obedientes, medios histéricos y padrinos en Washington.
La ultraderecha lo sabe. Por eso grita tanto. Porque México y Brasil pesan demasiado, Uruguay demuestra que la izquierda democrática puede volver sin pedir perdón, y Guatemala ha puesto al descubierto hasta qué punto las élites están dispuestas a dinamitar las urnas cuando el resultado no les gusta.
No es una ola perfecta. Ni limpia. Ni homogénea. América Latina nunca lo es. Pero hay una línea que empieza a verse: soberanía, democracia, derechos sociales y resistencia frente a una derecha que ya no disimula su pulsión autoritaria.
La fiesta de Alvise se pudre por dentro
La ultraderecha española tiene una habilidad casi industrial para fabricar cruzadas morales con materiales de derribo. Se presenta como azote de la corrupción, como voz del pueblo, como martillo contra “la casta”, y luego basta rascar un poco para que aparezca lo de siempre: personalismo, dinero opaco, acoso, peleas internas y mucho vídeo grabado para mantener encendida la secta. Lo de Se Acabó La Fiesta ya ni siquiera necesita demasiada interpretación. Lo están contando desde dentro.
El 25 de junio, Solier y Nora Junco, eurodiputados elegidos como número dos y tres de la lista de SALF en las europeas de 2024, arremetieron contra Luis “Alvise” Pérez con una dureza poco habitual entre antiguos compañeros de papeleta. Dijeron que “lleva la mentira en el ADN” y que puede terminar siendo “el más corrupto de los corruptos”. No lo dijo una tertulia progresista. No lo dijo un adversario ideológico de izquierdas. Lo dijeron quienes entraron al Parlamento Europeo gracias al mismo artefacto político que él vendía como una revolución anticasta.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
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