Una encuesta que no mide opinión, sino obediencia mediática
LA REALIDAD QUE FABRICA LA DERECHA Y SU PRENSA
Según La Razón, Alberto Núñez Feijóo es el líder político mejor valorado del Estado. Un 4,3 que, en el universo Marhuenda, se vende como un hito histórico, aunque en el mundo real no llegue ni al aprobado. La maniobra es vieja: convertir un suspenso en victoria. Transformar la mediocridad en relato.
La derecha lleva décadas perfeccionando esa alquimia.
El dato se publicó el 18 de noviembre y, según el propio diario, Pedro Sánchez lograría un 3,9, Santiago Abascal un 3,4 y Yolanda Díaz un 3. Todo empaquetado en un titular que busca más obediencia que información: “Feijóo es el líder mejor valorado y Sánchez resiste pese a la corrupción”. La conclusión es obvia: no hablan de encuestas, hablan de narrativa.
Y la narrativa se mide en fidelidad, no en demoscopia.
Lo más llamativo es que esta operación se presenta sin rubor. Como si las y los lectores fueran incapaces de ver la maniobra. Como si no supiéramos que este tipo de sondeos se elaboran sobre muestras tan representativas como la redacción del periódico, el grupo de WhatsApp del director o los parroquianos del bar de Paco, donde cada café es un argumentario y cada tapa es un editorial.
Confundir país con parroquia es la especialidad del marhuendismo.
CUANDO EL RELATO SUPLANTA A LOS HECHOS
Es reseñable que, en plena crisis de credibilidad de la derecha, se intente sostener a Feijóo con cifras que ni siquiera alcanzan la mitad del baremo. Estamos hablando del mismo líder que acumula zascas diarios, contradicciones públicas y desmentidos en directo. El mismo que comunica medidas ya aprobadas por el Gobierno y luego vota en contra. El mismo que denuncia incendios imaginarios y se hunde cuando le ponen un dato encima de la mesa.
El líder mejor valorado, según este diario, es el que más memes genera por minuto.
Un fenómeno sociológico digno de un estudio serio sobre la relación entre poder y ridículo en la política contemporánea.
Las redes han respondido como suele hacerlo el humor popular ante las farsas del poder: con carcajadas. Las y los usuarios han convertido la encuesta en un espejo invertido, mostrando el absurdo de presentar un 4,3 como un logro.
Porque una democracia puede tolerar muchas cosas, pero no que le intenten vender humo como si fuera rigor estadístico.
La frase más repetida en redes lo resume: una foto de churros con chocolate tiene más interacción que cualquier discurso de Feijóo. Y no es una metáfora, es una constatación empírica. En la batalla entre la realidad y el relato fabricado, la derecha vuelve a apostar por lo segundo. Y vuelve a perder.
EL PROBLEMA NO ES LA ENCUESTA, ES LA MÁQUINA
Este caso no va solo de un sondeo ridículo. Va del funcionamiento estructural de una prensa que actúa como prolongación del poder político conservador. Prensa que no informa, sino que condiciona; que no investiga, sino que blanquea; que no mide, sino que acomoda.
Un periodismo que sustituye la metodología por la militancia encubierta.
Por eso el país paralelo que construyen cada día se parece tan poco al que caminan las familias trabajadoras, las enfermeras y enfermeros, las maestras y maestros, las camareras y camareros de piso. Ese país donde los salarios no llegan, las derechas niegan la violencia machista y Feijóo aparece como una figura cada vez más irrelevante.
Ahí no hay encuestas que maquillen nada. Ahí solo hay realidad.
La operación de La Razón lo deja claro: cuando no pueden mejorar al líder, mejoran la encuesta.
Ese es el verdadero resultado.
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