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Un caso que describe demasiado bien cómo funciona el poder cuando cree que nadie mira.
UN VIAJE QUE NO FIGURABA EN NINGÚN ORGANIGRAMA
La historia que revela la UCO no es un episodio aislado, ni un simple cruce de mensajes entre dirigentes socialistas y ejecutivos de empresas privadas. Es la radiografía de un país donde los pasillos pesan más que los cargos, donde viajar con un ministro sin ser ministro se convierte en rutina, y donde el interés privado se disfraza de agenda de Estado para justificar lo injustificable.
El informe, fechado a 18 de noviembre de 2025, sitúa a Santos Cerdán (entonces secretario de Coordinación Territorial del PSOE) moviéndose entre ministros extranjeros como si formara parte del Gobierno. No lo era. Pero actuaba como si lo fuese. La UCO lo define así: “Resulta destacable que se mostrara tan interesado”. Una frase seca que, en boca de la Guardia Civil, suena a advertencia.
Es 28 de diciembre de 2018 cuando Cerdán escribe a Koldo García, asesor de Ábalos, para enviarle los nombres de dos ministros marroquíes y facilitar contactos diplomáticos. No hablamos de un saludo protocolario. Hablamos de una coordinación político-empresarial que, apenas dos horas después, aparece replicada en el móvil de Antxón Alonso, empresario y administrador de Servinabar. Según la UCO, Cerdán poseía el 45% de esa empresa.
Un día después, Ábalos escribe: viajará a Kénitra el 2 de enero para ver un “proyecto de puerto industrial”. Cuando Koldo pregunta si se refiere al proyecto de Acciona, Ábalos responde que sí, y añade la frase clave: “Lo estoy hablando con Santos”.
Mientras tanto, Cerdán envía documentos internos del proyecto (un “Resumen ejecutivo” y un “Informe de situación social y ambiental”). El mismo material aparece en el teléfono de Antxón Alonso, enviados por él a él mismo, como quien almacena pruebas de un negocio que avanza.
El viaje se concreta. Cerdán va en la delegación oficial. No es Gobierno. No representa al Estado. Pero está allí, sentado en reuniones con el primer ministro marroquí Saad-Eddine El Othmani y los mismos ministros que él mismo había señalado días antes. El cruce entre interés político y beneficio privado queda demasiado cerca.
En paralelo, Alonso envía un “protocolo para regular la negociación directa del Proyecto del Puerto”, un borrador del memorándum que debía firmarse entre Marruecos, Acciona y el fondo Meridiam. La UCO descubre que Cerdán tenía en su correo del PSOE una copia exacta. Alonso, también.
Para entonces, el consorcio liderado por Acciona ofrecía una inversión de 5.000 millones de dírhams, unos 60 millones de euros. Y dos días antes del viaje, Acciona y Servinabar firmaron un memorándum conjunto, un pacto que la UCO interpreta como parte de una dinámica repetida: empresas que aspiraban a obras millonarias rubricaban acuerdos con Servinabar, sospechosa de cobrar el 2% de cada proyecto.
La cronología, recogida por la UCO, muestra una cadena de mensajes, viajes y reuniones donde cada actor sabía exactamente qué pieza movía.
UNA RED QUE VA MÁS ALLÁ DE MARRUECOS
Gabón aparece como segunda parada del puzzle. Allí, aunque no hay contratos entre Acciona y Servinabar, sí hay conversaciones posteriores a la salida de Ábalos del Ministerio, donde Antxón Alonso y Cerdán insisten en cobrar una deuda derivada de trabajos previos de Acciona en el país africano.
Es diciembre de 2019 cuando Alonso le comunica al directivo de Acciona, Manuel José García Alconchel, que se está “presionando a Marruecos”. No es una frase casual. Es la confirmación de que el papel de enlace político no terminó con el viaje. Para entonces, Alonso sigue enviando documentos, justificantes y peticiones de pago. Cerdán pregunta si la deuda se ha saldado. La respuesta es no.
El interés privado se convertía en diplomacia improvisada. La diplomacia improvisada se convertía en negocio. Y el negocio terminaba dentro de móviles y correos oficiales.
Los investigadores no hablan de impresiones. Hablan de hechos. Hablan de dispositivos, fechas, documentos idénticos en buzones distintos. Hablan de viajes con ministros del país vecino donde Cerdán actuó, en palabras de la UCO, “como enlace de Transportes” para un presunto amaño de obras.
Y lo que hace este caso especialmente grave no es solo el posible cobro de comisiones o el tráfico de influencias. Es la arquitectura entera: un dirigente político que no es Gobierno actuando como Gobierno, empresas privadas moviendo sus intereses a través de contactos partidistas y un asesor ministerial que gestionaba la puerta giratoria en tiempo real.
Este no es un escándalo puntual. Es una forma de gobernar.
Una forma de entender el poder.
Una forma de usar el Estado como si fuera territorio privado.
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