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La dignidad de un exguerrillero, el oxígeno que necesitamos
Javier F. Ferrero
Uno siente vértigo al ver cómo líderes de corte autoritario se pasean por el mundo vendiendo soluciones mágicas mientras desmantelan piezas básicas de la democracia. Donald Trump, que juró su segundo mandato el 20 de enero de 2025, pulverizó en sus primeros 100 días el récord de 143 órdenes ejecutivas. Bajo la etiqueta de “Estados Unidos Primero” se esconde la erosión sistemática de agencias independientes, el desprecio por el debido proceso y la criminalización de la migración. ¿Quién puede imaginar que en pleno siglo XXI un presidente hable de “invasión” para justificar recortes de garantías constitucionales y amenace con invocar leyes del siglo XVIII?
Mientras tanto, en Argentina, Javier Milei asumió la presidencia el 10 de diciembre de 2023 tras obtener el 55 % de los votos en una segunda vuelta teñida de promesas de “shock económico” y mano dura. En apenas 17 meses, el gasto en ciencia y tecnología cayó al 0,15 % del PIB, el nivel más bajo en casi 50 años, y se perdieron más de 4 000 empleos en investigación. La retórica de Milei, que aboga por desmantelar el Banco Central y privatizar servicios esenciales, rezuma un desprecio flagrante por el bienestar colectivo y siembra el terreno para un Estado mínimo que deja a la mayoría de la población sin red de protección.
Este malestar se extiende con fuerza inusitada: más allá de EE. UU. y Argentina, vemos el auge de Orbán en Hungría, la sofisticada ultraderecha de Marine Le Pen en Francia y movimientos similares en Italia, Brasil y más allá. Solo el 22 % de los estadounidenses confía en que el gobierno federal haga lo correcto la mayoría del tiempo, según Pew Research en mayo de 2024, según el Pew Research Center. La belleza de la democracia se desvanece cuando se convierte en un espectáculo de polarización, miedo y odio.
LA CURA DE LA SENCILLEZ
En este escenario de recelos e ironías, José “Pepe” Mujica ofreció algo que hoy parece subversivo: coherencia. Presidente de Uruguay entre 2010 y 2015, donó casi el 90 % de su salario presidencial —unos 550 000 dólares en total— a planes de vivienda social y vivió en su chacra de 50 m², conduciendo un viejo Volkswagen. No lo hizo como una pose: fue la cristalización de un ideal anticapitalista y pacifista nacido de más de 2 000 días en prisión como tupamaro durante la dictadura (1973-1985).
Mujica demostró que la política puede volver a ser un acto de servicio cuando se prioriza la vida de las personas sobre las ganancias de unos pocos. Bajo su mandato se reforzaron la salud pública y la educación gratuita, y se impulsaron reformas pioneras: matrimonio igualitario, legalización de la marihuana y ampliación de derechos reproductivos. Su fórmula, lejos de ser ingenua, se apoyaba en datos: la CEPAL recomendaba en su Panorama Fiscal 2023 una reforma tributaria progresiva para financiar servicios públicos de calidad, aumentar la redistribución y contener la desigualdad regional.
Hoy, cuando los discursos ultraderechistas se nutren de frustraciones y promesas vacías, el antídoto es recuperar la sencillez de un liderazgo con mayúsculas. Las y los trabajadores de la salud y la educación, las y los jueces, las y los científicos claman por políticas coherentes, no por decretos exprés que ignoran el tejido social. No se trata de vetar la libertad de empresa, sino de blindar los derechos colectivos: un sistema tributario justo, un gasto público orientado a reducir brechas y un Estado que no se someta a lobbies corporativos.
Recuperar la pedagogía de la política implica tender puentes de diálogo, exigir transparencia y formar en valores democráticos desde la escuela hasta los medios de comunicación. Pepe Mujica lo sintetizó: “la vida es simple, pero insistimos en hacerla complicada”. Quizá hoy podamos simplificar de nuevo: solidaridad en lugar de odio, humildad en lugar de arrogancia, servicio público en lugar de lucro.
Que la huella de Mujica no sea un recuerdo amable, sino un manual de resistencia. Porque en un momento en que el fascismo global promete seguridad a cambio de libertad, la única garantía de nuestro futuro es la dignidad colectiva.
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