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Del olvido al paripé: el Rey homenajea a los deportados republicanos mientras los medios reescriben la historia, blanquean a la monarquía y silencian al franquismo que los condenó.
Por Franz Helgon
Con motivo de la celebración del octagésimo aniversario de la liberación del campo de concentración nazi de Mauthausen, situado cerca de Linz, en Austria, numerosas delegaciones de estados europeos se agolparon en el lugar reconvertido en museo memorial para rendir homenaje a las víctimas de la represión antes y durante la II Guerra Mundial. Se calcula que unos nueve millones de personas fueron asesinadas en los campos de concentración de los nazis. El caso de Mauthausen-Gusen posee especial relevancia, puesto que allí fueron encarcelados algo más de siete mil españoles, fugitivos republicanos tras la Guerra Civil que se enrolaron en las Brigadas Internacionales para luchar contra el fascismo en la II Guerra Mundial. De ellos, tan solo sobrevivieron unos dos mil. Por la presencia de esta notable colonia española presente durante los años de actividad de Mauthausen-Gusen y por el origen de estos españoles, no deja de ser relevante la presencia del jefe del Estado del Reino de España, el rey Felipe VI, y de su esposa, la reina Letizia, en los actos de conmemoración celebrados el pasado 5 de mayo.
Más allá de eso y del ejercicio de mal gusto por parte de su majestad al ofrendar una bandera rojigualda (tal como dice el artículo de RTVE) al monumento que homenajea a los españoles que lucharon precisamente contra esa bandera rojigualda, el relato que los grandes medios de comunicación patrios han hecho de la presencia de sus majestades en los actos conmemorativos ha estado marcado por la presencia de un tópico literario común: el de la “reconciliación”.
De esta forma, podemos leer lo siguiente.
- ABC: la imagen de conjunto ha dado el tono de un homenaje desde la reconciliación.
- La Razón: han dejado por escrito lo que, sin ninguna duda, será un hito en la reconciliación entre españoles y en su propio Reinado.
- El Mundo: Felipe VI convirtió ayer a la Corona en símbolo institucional de unidad y reconciliación durante su primera visita al campo de exterminio de Mauthausen.
Más adelante, el editorial añade que la visita del Rey a Mauthausen demuestra que el jefe de Estado es una figura inclusiva muy alejada de la imagen sectaria que intentan transmitir los extremismos de izquierda y de derecha (porque tenemos claro que izquierda y derecha son exactamente iguales y critican la institución monárquica por igual). La imagen de la convivencia entre la bandera constitucional y la republicana (contraponiendo una a la otra, como si la Constitución Española, en su artículo 16.1 no avalara la expresión del republicanismo como opción política legal y válida) apelaba ayer al entendimiento en pleno enfrentamiento por la memoria histórica atizado desde el radicalismo y utilizado muchas veces por el Gobierno para defender un «muro» entre españoles que no ha hecho más que degradar la convivencia (porque lo que degrada la convivencia es la polarización política avivada por aquellos medios de comunicación que han dado voz al fascismo y no el hecho de que, mientras unas personas tienen la vida solucionada por el mero hecho de haber salido por la vagina correcta, otros hemos tenido que buscarnos las habichuelas como buenamente hemos podido). Con esto, la redacción de El Mundo barre un poco para casa, critica al “ultramegaizquierdoso” gobierno español actual y ahonda un poco más en el lavado de imagen que los medios en general han realizado al “preparao”, lavado de imagen del cual seguiremos viendo ejemplos durante todo este artículo.
El concepto de reconciliación, per se, queda muy bien de cara a la galería, eso no lo vamos a negar. Lo que resulta chirriante reside en el hecho de que los españoles ya nos reconciliamos en 1978, por lo que otra nueva reconciliación ya no debería ser necesaria. O eso, o que tal vez esa reconciliación pregonada hasta la saciedad desde hace más de cuatro décadas no fue tal, sino que aún le quedan “algunos flecos” sueltos.
Otro lugar común de la literatura generada durante años y años alrededor, primero de Juan Carlos I, y después de Felipe VI, es su cercanía para con el pueblo que, por la gracia de Dios, tienen la dura labor de acaudillar. Así, sus majestades también tuvieron su momento “campechano” cuando, tal como nos cuenta la revista Vanitatis (perteneciente, según parece, a la órbita de El Confidencial), también ha habido momentos para entablar conversación con las víctimas o sus familiares y demás personas presentes en el acto, mostrando el lado más humano y cercano de la monarquía española. Un rasgo ya reconocido entre nuestras fronteras. Antes de limpiar las ingentes cantidades de caspa que en este momento atoran mi cabeza, mi mesa y mi ordenador después de la lectura de esta última frase, no puedo dejar de hacer alusión al enlace incluido en el texto citado y diré que es una lástima que su majestad no mostrara esta cercanía y esta humanidad en su discurso del 3 de octubre de 2017, en el que, lejos de mostrarse tan inclusivo como lo hizo en Mauthausen, tal como hubiera correspondido a un jefe de Estado, legitimó la violencia policial contra unos manifestantes pacíficos y excluyó de su España a una buena porción de españoles. No me quejaré demasiado porque ser jefe de Estado es una labor ardua y complicada, hay que prepararse muy bien para ella y a veces el papel del jefe del Estado tiene que ser el de un severo padre encargado de corregir la actitud de sus hijos díscolos. Sea como sea, tanto en su faceta cercana y humana, como en su papel de guardián de la unidad nacional, su majestad siempre actúa de la forma correcta.
En cuanto a las circunstancias de los homenajeados, esto es, de los republicanos españoles que, huyendo de la represión desencadenada después de su derrota en la Guerra Civil Española, entraron a formar parte del bando aliado que luchaba contra el nazismo en la II Guerra Mundial y, siendo capturados por los nazis, acabaron en el mencionado Campo de Concentración de Mauthausen-Gusen, los diferentes medios, tanto progresistas como conservadores, dan alguna pincelada escueta con escasa profundidad. De esa forma, podemos leer la palabra apátridas en referencia a los prisioneros homenajeados en las piezas de Infobae o La Razón. No obstante, la escasez o incluso la ausencia de contexto facilita enormemente el borrado del nexo que une a los republicanos españoles de Mauthausen con el rey Felipe VI: el general Franco, que fue quien declaró apátridas a los mencionados prisioneros. Por lo demás, ni una referencia al generalísimo o a la dictadura en las piezas de ABC, El Mundo o RTVE.
Empezamos este texto hablando de mal gusto por parte del monarca español, y lo acabamos con un par de ejemplos de un aún peor gusto por parte de la redacción de El Mundo.
Antes de que apareciera el paywall en el citado artículo, conseguí leer que no queda claro si España no reclamó a estos prisioneros o fueron ellos los que rechazaron regresar a España, como si los represaliados, de alguna forma, se hubieran ido de su país para hacer turismo o hubieran decidido voluntariamente no regresar. Es una lástima que este otro artículo de EFE deje en evidencia a El Mundo diciendo que los prisioneros, catalogados como «enemigos políticos» y «apátridas», ya que el régimen franquista se desentendió de ellos, gran parte murieron en el campo de exterminio. Dicho de otra forma, los españoles que acabaron en los campos de concentración nazis no regresaron a España porque allí tan solo les esperaba un juicio y una cruenta represión.
No obstante, el punto culminante de la desfachatez la hemos encontrado en esta pequeña pieza de, oh sorpresa, El Mundo, en la que el redactor se encarga de recordarnos a todos los republicanos que Felipe VI es también, nos guste o no, nuestro rey.
En definitiva, todo un despliegue de loas y alabanzas a la figura del monarca y cero referencias al hecho constatado de que la persona en última instancia responsable de que siete mil españoles acabaran en un campo de concentración alemán es exactamente la misma que decidió que el padre de Felipe VI fuera rey de España a su muerte. El lavado de imagen de la institución monárquica continúa con el amplísimo despliegue mediático habitual, con omisiones de las banderas republicanas (RTVE), con voces pasivas (fueron deportados) que permiten la omisión del responsable de las deportaciones y con un rey que se muestra cercano y comprensivo (tal como ya vimos en su visita a Paiporta) y que pasa el mal trago de fotografiarse junto a banderas diametralmente contrarias a lo que él representa. O tal vez no fue un mal trago, sino una exigencia del guion, puesto que, como buen derechoso, Felipe de Borbón y Grecia no tiene más ideología que la de su propio bolsillo. Si su majestad hubiera tenido un ápice de vergüenza, habría delegado su asistencia al acto en alguien que sí hubiera obtenido un cargo en unas elecciones, tal como pedía la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, y no habría participado en semejante paripé mediático a cargo del erario público.
Finalizamos este artículo con las palabras de Concha Díaz Berzosa, portavoz de la Asociación AMICAL de Mauthausen, reproducidas por la Cadena Ser: Un régimen democrático puede suceder a un régimen dictatorial y no tiene que asumir responsabilidades del pasado. Con estas palabras, seguramente se refería a Alemania, que, después de la II Guerra Mundial, tuvo unos Juicios de Nüremberg y fue capaz de superar su dictadura. En España, por desgracia, no hubo nada ni remotamente parecido.
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