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La doble vara de medir de Ana Rosa Quintana queda expuesta cuando se analiza que la presentadora aparece en las grabaciones del comisario Villarejo
El vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, ha puesto en duda la normalidad democrática de nuestro país. «No hay una situación de plena normalidad política y democrática en España», alegó el líder de podemos. Criticó, además, la situación en la que se encuentran algunos políticos independentistas: «En Cataluña hay dos presidentes, uno está en la cárcel y otro está en Bruselas».
Estas declaraciones no ha sentado demasiado bien a la derecha y a cierto sector de los medios y la prensa. En este grupo se encuentra la presentadora Ana Rosa Quintana, que se ha mostrado siempre muy poco plural con Podemos y ha sido de las detractoras más duras de Iglesias. «Que Europa defienda al ministro de Exterior que es Borrell y que el vicepresidente del Gobierno esté atacando a Borrell, que es español, y a la ministra de Exteriores española es todo muy kafkiano», ha asegurado la presentadora.
La periodista de Eldiario.es Esther Palomera ha apoyado la tesis de Ana Rosa, defendiendo que la posición del secretario general de Podemos sería entendible «si no perteneciera a este Gobierno» y estuviera en la oposición. «No sé si es por campaña electoral, por fastidiar a alguien del Gobierno… No sé si queda alguien del gabinete que no le haya desautorizado», ha añadido Quintana.
La conductora del programa se ha dirigido directamente hacia Iglesias muy contundente: «Si eres vicepresidente de ese Gobierno y piensas lo que has dicho te tienes que marchar, por decencia». «Y si no te marchas tú, te tienen que echar», ha añadido la colaboradora María Claver.

La ausente pluralidad de El programa de Ana Rosa
Las críticas de Ana Rosa Quintana y de sus colaboradores serían entendibles si la medida de las críticas fuese igual entre todos los partidos. Sin embargo, a la presentadora se le ve demasiado de que pie cojea.
Ante uno de los escándalos políticos más grande de nuestra democracia, la ‘caja B’ del Partido Popular y todas sus ramificaciones (espionajes, mentiras, amenazas, comisarios implicados), Ana Rosa prefiere guardar silencio.
Siendo juzgado estos días, el caso versa sobre la reforma de la sede de la calle Génova y sobre el supuesto fraude fiscal del PP al no pagar los impuestos correspondientes a las donaciones ilegales recibidas durante 2008. También están procesados Luis Bárcenas, extesorero de la formación; y Cristóbal Páez, exgerente; además de tres responsables de Unifica, la empresa que hizo las obras. Y declararán como testigos, entre otros, los expresidentes Rajoy y José María Aznar.
Además, la Audiencia Nacional prosigue con las pesquisas sobre cohecho, que tratan de probar la conexión entre las donaciones de empresarios apuntadas en la contabilidad paralela de Bárcenas y la adjudicación de contratos públicos, y, para septiembre de 2021, está previsto el juicio por los supuestos sobornos que la red corrupta entregó durante una década a las autoridades de Boadilla del Monte (Madrid). El PP también está acusado ahí como persona jurídica.
Ana Rosa puede analizar todos estos temas y pedir responsabilidades políticas a las diferentes figuras que ignorarán sus comentarios, sin embargo, nadie espera que pida a Pablo Casado que dimita pese a ser el líder de un partido con graves causas abiertas.

Villarejo y Ana Rosa
Esto es más llamativo al verse directamente implicada en las grabaciones de uno de los principales actores del escándalo: Villarejo. El excomisario se reunió con la presentadora y el marido de esta y explicó cómo fue la maniobras de espionaje a Bárcenas.
Durante la conversación hablan del malestar del excomisario por el modo en que finalizó su etapa en servicio activo en la Policía Nacional, pese a los delicados servicios en los que reconoce haber intervenido. «Las maldades que me han encargado a mí, para salvarle el culo al Barbas (en referencia a Rajoy) no te puedes Imaginar las cosas que yo he hecho por el Barbas. No te puedes ni imaginar ¡Que podía estar preso el presidente del Gobierno eh, por muchas cosas… y se han perdido papeles y se han perdido cajas y se han perdido muchas cosas y operaciones de tal, decir, oye en tal sitio hay papeles de Bárcenas, hay que ir a romperlos», cuenta.
Villarejo lamenta el maltrato que dice haber sufrido después de su salida de la policía y continúa desgranando las maniobras internas del PP, en esta ocasión con Rodrigo Rato, que estaba hastiado con el partido tras situarse en el centro de la diana judicial: «Y veo a Rato y me dice Rato, que no me toquen mucho los cojones porque yo he trincado sobres, pero delante mía iba Rajoy con otro sobre».

40 años de amistad
En 2016, cuando el nombre de Villarejo comenzó a sonar en los medios de comunicación a raíz de su implicación en el caso del pequeño Nicolás, ambos concertaron una cena con sus respectivas parejas, Genma Alcalá y el empresario Juan Muñoz. Como hacía habitualmente en todas sus reuniones, el espía grabó el encuentro y los audios fueron revelados tiempo después por la periodista Patricia López en publico.es.
El objetivo era solventar un litigio que mantenía con un antiguo socio y la estrategia fue chantajear al abogado de éste con un video sexual. El marido de Ana Rosa Quintana nunca llegó a hacer uso de la grabación, circunstancia que sirvió para atenuar la petición de cárcel, finalmente fijada en 8 años por supuestos delitos de extorsión y revelación de secretos. Cuando el empresario fue detenido, Quintana se ausentó de su programa durante una semana. «Bueno, les pedimos paciencia. Ana dará las explicaciones oportunas. Y ahora comenzamos con el programa», decía un balbuceante Joaquín Prat. A su regresó apeló a la presunción de inocencia de su marido y al respeto a su intimidad.
La líder de audiencia de Telecinco nunca explicó a su público esta estrecha relación de amistad, que se remonta a hace 40 años. Cuatro horas y media de televisión diaria, cinco días a la semana y nunca jamás ha vuelto a pronunciar ni una sola palabra acerca de la turbulenta relación con su buen amigo Villarejo ni de la ‘caja B’.
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