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Cuando la obediencia es norma, resistir aunque sea poco ya es una anomalía
LA OTAN EXIGE MÁS ARMAS, PERO NO EXPLICA PARA QUÉ
La última exigencia de la OTAN no es una recomendación técnica ni un simple ajuste presupuestario: es una declaración de intenciones. En la cumbre de La Haya, celebrada bajo la presión directa del expresidente estadounidense Donald Trump, la alianza atlántica ha planteado que los países miembros destinen hasta el 5 % de su PIB al gasto militar, sumando un 3,5 % para ejércitos y armamento directo y un 1,5 % más en “infraestructura estratégica”. Esta cifra, que dobla el anterior umbral simbólico del 2 %, no ha sido votada por los Parlamentos, no responde a ninguna amenaza real y no cuenta con una justificación jurídica clara, como ha recordado el primer ministro esloveno Robert Golob.
La maniobra tiene nombre: chantaje. Político, económico y diplomático. Porque mientras se recortan servicios públicos y se privatizan derechos, los gobiernos europeos son presionados para desviar recursos al complejo militar-industrial que Estados Unidos lidera y del que empresas como Raytheon, Lockheed Martin o General Dynamics sacan beneficios obscenos. En lugar de preparar la paz, se financia la guerra. En lugar de salvar hospitales, se blindan fronteras. Es el capitalismo armado disfrazado de defensa colectiva.
GOLOB Y SÁNCHEZ: UN FRENO IMPERFECTO A LA CARRERA ARMAMENTISTA
La respuesta no ha sido unánime. Aunque la mayoría de países han aplaudido o al menos aceptado en silencio este nuevo salto al vacío, Eslovenia y España han trazado una línea roja, aún tenue, pero relevante. Robert Golob ha declarado que su país no acatará ese 5 % porque “no hay obligación legal alguna” y porque el Parlamento esloveno ya había aprobado previamente un techo del 3 % para 2030. Este 2025, Eslovenia apenas alcanza el 2 % y no prevé modificarlo a corto plazo.
Pedro Sánchez, aunque menos enfático, también ha defendido que el 2,1 % previsto por su gobierno “cumple con los compromisos” adquiridos en 2022, sin necesidad de seguir el nuevo mandato informal de La Haya. Un gesto de contención en medio de una ofensiva militarista que crece tanto desde fuera como desde dentro. Porque la presión no solo viene de Washington o Bruselas, también se reproduce desde las derechas internas que acusan de “traición” a quienes no abrazan la lógica de bloques, trincheras y banderas.
Ambos líderes, sin embargo, caminan sobre el alambre. En Eslovenia, la coalición de gobierno entre el Movimiento Libertad, los Socialdemócratas y La Izquierda está al borde del colapso precisamente por el aumento del presupuesto militar. Y en España, la ruptura entre el PSOE y Sumar se agrava por los peajes que Sánchez ha aceptado ante la OTAN y los silencios cómplices en política exterior. Ni Golob ni Sánchez son antimilitaristas, pero su resistencia parcial evidencia que aún quedan fisuras en el consenso bélico.
¿UN NUEVO EJE EUROPEO CONTRA LA GUERRA?
Lo que está en juego no es solo un porcentaje del PIB. Es el modelo de sociedad que queremos construir o permitir que nos impongan. La guerra no es un accidente, es un negocio. Y en el marco actual, quien más gasta no es quien más se protege, sino quien más se vende. Aceptar sin rechistar las exigencias de Trump, de Von der Leyen o de Stoltenberg es convertir Europa en un brazo armado del capital, más preocupado por defender oleoductos que por garantizar derechos.
Frente a eso, el gesto de Eslovenia —y en menor medida, de España— abre la posibilidad de un eje crítico que, aunque tímido, señale que hay otras formas de estar en el mundo. Que se puede cuestionar la doctrina de rearme sin quedar fuera de la política europea. Que no todo se negocia con misiles. Que la paz no es una fantasía pacifista, sino una estrategia inteligente en tiempos de colapso múltiple.
La historia ha demostrado que cuando se naturaliza el gasto militar como prioridad nacional, el resto cae en cascada: educación, sanidad, vivienda, pensiones. El enemigo no es el otro país, es el propio sistema que nos convence de que armarse es cuidarse. Mientras millones de personas duermen en la calle, esperan listas de espera interminables o abandonan sus estudios por falta de recursos, la OTAN exige más tanques, más drones, más bases y más silencio.
Hay quienes aún se atreven a no callar del todo. Y a veces, basta con eso para encender una chispa.
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