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Bayrou cae en la Asamblea y el país se prepara para un 10 de septiembre que amenaza con paralizarlo todo. La Quinta República se agrieta entre la aritmética imposible y la acción directa de un pueblo harto.
CUATRO PRIMEROS MINISTROS QUEMADOS EN TRES AÑOS
El 8 de septiembre la Asamblea Nacional tumbó a François Bayrou, primer ministro de Emmanuel Macron, en una moción de confianza que él mismo había pedido como gesto de fuerza y acabó siendo su certificado de defunción política. En menos de tres años Francia ha consumido a Elisabeth Borne (19 meses), Gabriel Attal (8 meses), Michel Barnier (3 meses) y ahora Bayrou, que no llegó ni a 9 meses.
La falta de mayorías desde las legislativas de 2022 ha convertido cada presupuesto en un campo minado. Macron, que en 2024 ya intentó una “clarificación” disolviendo la Asamblea y fracasó, se enfrenta a un rompecabezas de tres bloques irreconciliables: izquierda, centroderecha y extrema derecha. Ninguno logra imponerse, todos bloquean.
El presidente baraja tres salidas: un nuevo rostro del centro, un improbable giro a la izquierda con Olivier Faure como posible primer ministro socialista o una disolución que reabriría la caja de Pandora electoral. Marine Le Pen ya huele la sangre y exige comicios inmediatos.
BLOQUONS TOUT: EL OTRO GOBIERNO ESTÁ EN LA CALLE
Mientras Macron juega a la ruleta rusa institucional, en las calles crece Bloquons tout, un movimiento que no quiere reformas cosméticas sino parar el país. Nacido en junio tras el anuncio de los 44.000 millones en recortes de Bayrou, se organiza en asambleas locales y grupos de Telegram.
El 10 de septiembre planean bloquear el periférico de París, ocupar estaciones, cortar carreteras y hasta llenar carritos de supermercado para repartir la comida sin pasar por caja. No buscan simbolismo, buscan dañar directamente los beneficios de la patronal y demostrar que sin la clase trabajadora no se mueve ni un engranaje.
El sociólogo Nicolas Framont lo resume: “Es más de izquierdas que los chalecos amarillos, pero no por ello menos representativo”. La transversalidad se ve en asambleas queer, en barrios periféricos y en pueblos pequeños. La CGT y Sud simpatizan, pero llegan tarde. El motor no son los sindicatos, sino la autoorganización.
La coincidencia de calendarios no es casual: el mismo día que Macron busca sobrevivir en el hemiciclo, el país se prepara para demostrar que el verdadero poder está en la calle.
La Francia de Macron se quiebra por arriba y por abajo. En el Parlamento, incapacidad para sostener un Gobierno. En la calle, un movimiento dispuesto a paralizar la producción. El régimen de la Quinta República no se tambalea solo: se resquebraja.
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