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Por ahora las autoridades tienen pocas certezas y piden no caer en el alarmismo mientras se continúa investigando.
En las últimas semanas a través de redes sociales se ha puesto de manifiesto un tendencia en alza que, pese a que las autoridades tienen pocas certezas y piden no caer en el alarmismo, resuenan preocupantes.
Los Mossos investigan cinco denuncias por pinchazos en discotecas en Cataluña, la Ertzaintza investiga una docena de pinchazos a mujeres en los últimos 15 días y a través de redes sociales, prácticamente a diario, se exponen distintos casos de este nuevo método de sumisión química.

La zozobra aumenta cuando son numerosos usuarios los que están compartiendo su preocupación e, incluso, testimonios de primera mano, que se han ido extendiendo por toda Europa.
Desde la consultora Ágora, que ofrece formación en género, educación e igualdad, hace unas semanas, compartió un post con una serie de recomendaciones e información al respecto.
«Las sustancias que se aplican habitualmente son benzodiazepinas, GHB aunque hay casos con otras sustancias como la ketamina, con la problemática de que desaparece en sangre rápidamente. Hay que pedir un análisis de este tipo de sustancias», explican.
«Hay que aclarar que, a pesar de la denominación de éxtasis líquido, el GHB no tiene nada que ver con la droga conocida como éxtasis. El éxtasis utilizado como droga ilegal desde hace años es un derivado de la anfetamina, la 3,4-metilendioximetanfetamina o MDMA. Se trata de una sustancia que actúa como un potente estimulante del cerebro», matizan desde The Conversation.
«Por el contrario, el GHB es un análogo del principal neurotransmisor inhibitorio que produce nuestro cerebro, el GABA o ácido gamma-aminobutírico. Eso implica que el GHB actúa como un depresor del funcionamiento del cerebro, disminuyendo o bloqueando la mayoría de sus funciones fisiológicas», añaden.
El GHB ilícito se produce en laboratorios clandestinos y se suele encontrar en forma de solución líquida inodora e incolora, lo que facilita que se pueda mezclar de forma inadvertida con la bebida.
Los efectos que provoca son parecidos a los del alcohol. En un primer momento induce desinhibición y una mayor sociabilidad. Posteriormente aparecen somnolencia, dificultades para moverse, náuseas, vómitos e incluso pérdida de conciencia. A dosis altas puede provocar problemas respiratorios que lleven al consumidor al coma y la muerte.
«Sus efectos pueden verse potenciados por el consumo simultáneo de otros depresores del sistema nervioso central como el alcohol, las benzodiazepinas o los opiáceos. Las sobredosis de GHB suelen estar relacionadas con su consumo lúdico y, pese a su baja prevalencia de consumo, es la quinta sustancia más frecuente entre aquellas personas que acuden a urgencias tras una intoxicación por drogas utilizadas con fines recreativos. Así, un estudio europeo estima que el GHB estaba presente en el 11 % de las personas ingresadas en urgencias por una intoxicación por drogas, y en hasta un 35 % de las que requieren su traslado a una unidad de cuidados intensivos. Utilizado de manera continuada, el GHB produce cuadros de dependencia y abstinencia que guardan similitud con los producidos por el consumo de etanol», concluyen.
Sin embargo, «de momento en ninguna de estas denuncias se pueden relacionar estos hechos con agresiones o abusos sexuales posteriores ni con patrimonio tampoco”, afirma Monsterrat Escudé, portavoz de los Mossos d’Esquadra para el medio digital.
“Las víctimas lo que denuncian es que han sufrido un pinchazo y ya está. Es decir, después de este pinchazo no hay una conducta de abuso, agresión, o cualquier otra forma de violencia sexual, ni hay un hurto ni un robo”, detalla.
«Las informaciones que sugieren la utilización de GHB con el fin de provocar sumisión química en víctimas de abusos sexuales se han disparado recientemente. Este uso se basaría en su capacidad de producir somnolencia y amnesia retrógrada, lo que reduce la capacidad de control y denuncia de las víctimas. Sin embargo, la realidad es que, en la mayoría de estos delitos, las drogas utilizadas suelen ser el alcohol y diferentes tipos de benzodiazepinas. Algunos estudios internacionales indican que el GHB es detectado en menos del 5 % de los delitos sexuales en los que se han utilizado drogas. Estos datos llevan a pensar que estamos más ante un fenómeno mediático que ante una realidad constatable», reportan desde el medio científico.
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