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El Parlamento Europeo apunta a Patriotas por Europa por malversar más de 4 millones de euros mientras presume de ser guardián de la moral y la soberanía.
MALVERSAR EL DINERO PÚBLICO MIENTRAS SE VENDE LA PATRIA
La ultraderecha europea lleva años envolviéndose en banderas nacionales mientras mete la mano en los bolsillos de quienes dice defender. El dictamen de la Comisión de Control Presupuestario del Parlamento Europeo (CONT) no deja espacio a dudas: al menos 4.333.635,78 euros fueron desviados entre 2019 y 2024 por el grupo Identidad y Democracia (ID), antecesor directo de Patriotas por Europa. El fraude lo certifican los propios servicios financieros del Parlamento (DG FINS), no una ONG militante ni un adversario político.
El dinero, proveniente de fondos públicos de la UE, fue utilizado de manera indebida por partidos que no se cansan de acusar a migrantes y pobres de vivir a costa del Estado. Agrupación Nacional de Marine Le Pen, La Liga de Matteo Salvini y Vox en España forman parte del engranaje. Su relato contra la supuesta “casta europea” se tambalea cuando son ellos quienes saquean las instituciones comunitarias.
En febrero ya saltaron las alarmas y la Fiscalía Europea (EPPO) abrió investigación. Ahora la CONT recomienda incluso estudiar demandas contra los auditores que avalaron las cuentas del grupo ID. Porque el escándalo no es solo el robo, sino la red de complicidades que lo permitió.
El relato de los Patriotas se cae por su propio peso. No estamos ante un error administrativo. Estamos ante una estructura organizada para vaciar fondos públicos mientras exigían austeridad a las y los trabajadores, precariedad en los servicios públicos y sacrificios a las enfermeras y enfermeros durante la pandemia.
LA CONTINUIDAD DE LOS CACIQUES ULTRADERECHISTAS
El informe es tajante: Patriotas por Europa no es un grupo nuevo, es la continuación de ID. Sus altos cargos son los mismos, su secretario general es el mismo, y la mayoría de sus eurodiputados provienen de aquella formación. Incluso el partido político registrado en Bruselas, el antiguo Identité et Démocratie Parti, se ha limitado a cambiar el nombre por Patriots.eu.
El mecanismo es tan burdo que resulta insultante: se disuelve un grupo acusado de malversación y se crea otro con el mismo personal, las mismas oficinas y el mismo mensaje público, con el único fin de esquivar responsabilidades. Niclas Herbst, presidente de la comisión de presupuestos, lo resumió con una frase que debería perseguirles: “No queremos que ningún grupo pueda simplemente cambiar de marca y eludir sus responsabilidades”.
El procedimiento es claro: la Mesa del Parlamento, presidida por Roberta Metsola y compuesta por 14 vicepresidencias y cinco cuestores, tendrá la última palabra sobre exigir a los Patriotas la devolución del dinero. No es necesaria votación en Pleno. La justicia comunitaria tiene, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de romper la impunidad de quienes han hecho de la política un negocio rentable.
La respuesta de los acusados es previsible: “caza de brujas infundada”, “motivaciones políticas”. Palabras vacías que se repiten cada vez que la ultraderecha se enfrenta a los tribunales. Lo dijo Tamás Deutsch, coordinador de CONT para los Patriotas. Lo mismo que repiten Le Pen y Salvini cuando los juzgados tocan a su puerta. Y lo mismo que gritó Vox en España cada vez que la justicia cuestionó sus cuentas.
El cinismo es total. Estos partidos, que levantan muros contra las personas migrantes, que recortan derechos a las mujeres y que criminalizan a quienes protestan, no tienen reparo en apropiarse de fondos públicos destinados a fortalecer la democracia europea. Se presentan como defensores de la patria, pero la patria que defienden está hecha de sobresueldos y auditorías amañadas.
Europa asiste a un espectáculo grotesco: quienes juraban combatir la corrupción institucional resultan ser sus principales protagonistas. Los mismos que acusan a la izquierda de despilfarrar en políticas sociales han despilfarrado millones en financiar su maquinaria de propaganda.
El resultado es un espejo incómodo: la ultraderecha no es el azote del sistema, es el sistema en su versión más obscena. Y ahora, por primera vez, las instituciones que tanto despreciaron les obligan a devolver lo que robaron. Se acabó la farsa de los patriotas con las manos limpias.
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