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La complicidad europea con los crímenes de Israel ha alcanzado un punto de no retorno.
ROMPER EL ACUERDO QUE LEGITIMA LA BARBARIE
Desde el año 2000, la Unión Europea mantiene un Acuerdo de Asociación con Israel que condiciona la cooperación al respeto de los derechos humanos. Una cláusula que suena a chiste macabro después de seis meses de bombardeos sistemáticos sobre Gaza, más de 35.000 personas asesinadas —la mayoría mujeres, niñas y niños— y la deliberada destrucción de hospitales, universidades, panaderías y plantas de agua.
Mantener ese acuerdo equivale a premiar un apartheid, bendecir una ocupación militar y patrocinar crímenes de guerra. Mientras cada declaración comunitaria se llena de eufemismos diplomáticos, el artículo 2 se convierte en papel mojado, otra cláusula de “valores europeos” que solo se aplica cuando conviene.
Suspenderlo no es una ocurrencia radical. Es lo mínimo que exige el derecho internacional. Cada día que sigue en vigor es una mancha más en la vergüenza histórica europea.
EMBARGO DE ARMAS Y FIN DE LA DOBLE MORAL
Cuando Rusia invadió Ucrania, la respuesta europea fue clara: sanciones económicas, aislamiento diplomático y corte total de suministros tecnológicos y armamentísticos. Con Israel, pese a las decenas de miles de víctimas civiles, se mantiene una hipocresía escandalosa.
La UE sigue permitiendo la exportación de componentes militares, tecnología de vigilancia y cooperación industrial con empresas vinculadas al ejército israelí. Países como Alemania, Francia o España miran a otro lado mientras sus fábricas nutren la maquinaria de guerra.
O se corta de raíz ese flujo o Europa seguirá manchada de sangre ajena.
RECONOCER AL ESTADO PALESTINO. YA.
Más de 140 países han reconocido al Estado palestino. Dentro de la UE, solo una minoría lo ha hecho. Mientras, los gobiernos más influyentes del continente siguen repitiendo la ficción de los “dos Estados” sin mover un dedo para que exista uno palestino real.
El reconocimiento no es un gesto simbólico. Es un acto de dignidad y presión internacional. Negarse a ello es alinearse con quienes prefieren una ocupación permanente. Es validar la destrucción de Gaza como estrategia y la expansión de los asentamientos ilegales como normalidad.
Si Europa no se atreve a dar este paso, que no vuelva a hablar de paz.
DEFENDER LOS TRIBUNALES INTERNACIONALES
La Corte Penal Internacional investiga al gobierno israelí por crímenes de guerra. La Corte Internacional de Justicia evalúa si se está cometiendo un genocidio. Mientras tanto, Bruselas guarda silencio, oculta el informe de sus propios juristas y teme molestar a Washington.
La UE debería ser la primera en respaldar esas investigaciones, no la última en mencionarlas. No hay “equilibrio diplomático” que valga frente a las ejecuciones extrajudiciales, los desplazamientos forzosos, las mutilaciones infantiles y el uso del hambre como arma.
Defender la justicia internacional significa aceptar sus conclusiones, aunque impliquen procesar a aliados.
CERRAR EMBAJADAS Y ROMPER ACUERDOS
Bolivia ha roto relaciones diplomáticas con Israel. Colombia ha suspendido acuerdos militares. Chile ha retirado a su embajador. ¿Y Europa?
La UE permite que los representantes israelíes operen como si nada mientras su gobierno destruye Gaza metro a metro. Países como Irlanda, Bélgica o España podrían dar el primer paso y expulsar a sus embajadores, como señal clara de que los crímenes tienen consecuencias.
No se trata de romper puentes con el pueblo israelí, sino de negarse a normalizar un régimen criminal.
RECONSTRUIR GAZA SIN CONDICIONES
Cada vez que Israel destruye Gaza, Europa paga la reconstrucción. Cada vez que Gaza se reconstruye, Israel vuelve a bombardearla. Y vuelta a empezar.
La ayuda europea no puede seguir canalizándose con permiso del ocupante, ni usarse como coartada para no actuar políticamente. Es necesario un plan de reconstrucción bajo control internacional, con garantías de entrada de materiales, libertad de movimiento y sin veto israelí sobre lo que se construye o quién lo habita.
Financiar la reconstrucción no puede seguir siendo el precio de callar ante la destrucción.
DESMANTELAR LAS REDES DE IMPUNIDAD EN EUROPA
En las universidades, en los medios, en los parlamentos europeos, actúan redes organizadas que se dedican a blanquear la ocupación, difamar a activistas palestinas y negar el genocidio. Se presentan como defensores de la “convivencia” mientras aplauden la limpieza étnica.
Igual que Europa ha perseguido la desinformación rusa o iraní, debe investigar y sancionar al lobby sionista violento que amenaza periodistas, intimida a académicos y presiona a partidos para silenciar cualquier crítica a Israel.
La libertad de expresión no puede seguir siendo rehén de un chantaje ideológico con respaldo diplomático.
NETANYAHU ANTE EL TRIBUNAL PENAL INTERNACIONAL
Benjamin Netanyahu ha ordenado el corte de agua a dos millones de personas, la demolición de escuelas, la aniquilación de barrios enteros. Ha convertido Gaza en un laboratorio de crueldad militar.
No basta con investigar. No basta con condenar. Netanyahu debe sentarse en el banquillo. Ante La Haya, como Milosevic. Como los criminales de guerra que se sienten intocables hasta que una orden de arresto les demuestra lo contrario.
Si Europa quiere mirar de frente a su historia, debe exigir que Netanyahu pague por cada niño sepultado bajo los escombros.
¿Toleraría Europa este horror si no se tratase de palestinos?
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