Pedraz estrecha el cerco del caso Leire Díez y coloca a la SEPI ante un escándalo de Estado
El juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz ha decidido imputar a 25 nuevas personas en el llamado caso Leire Díez. Y el dato no es menor. Entre ellas figura María Belén Gualda González, presidenta de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, la SEPI, una pieza central en el engranaje público que gestiona participaciones empresariales del Estado. La decisión llega después de que lo pidiera la Fiscalía Anticorrupción, que investiga posibles delitos de tráfico de influencias, malversación y prevaricación.
La fotografía es fea. Muy fea. Porque lo que se investiga no es una anécdota administrativa ni un error de papeleo. La causa apunta, según Anticorrupción, a una dinámica continuada de intermediación ilícita en contratación pública, con una red que habría buscado influir en resoluciones administrativas, procedimientos de contratación y ayudas financieras. En castellano claro: usar las puertas del Estado como pasillo privado para negocios, favores y réditos económicos.
El último chanchullo de Trump: comprar Axon antes de que ICE prepare 220 millones en táseres
Ha vuelto a pasar. Y lo grave no es solo que vuelva a pasar, sino que ya casi nadie se sorprenda. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, compró el 10 de febrero acciones de Axon Enterprise, el mayor fabricante de pistolas táser y cámaras corporales del país, por un valor situado entre 1 millón y 5 millones de dólares. Catorce días después, el 24 de febrero, el ICE, la policía migratoria de su propio Gobierno, publicó una licitación para adquirir unas 17.800 armas táser nuevas, con cartuchos ilimitados y formación incluida, dentro de un contrato de hasta 220 millones de dólares a cinco años.
No hace falta ser una o un genio de Wall Street para entender el problema. El presidente invierte en una empresa. Dos semanas después, una agencia bajo su Administración mueve una compra pública gigantesca que, según personas expertas en contratación y policía, parece encajar con los productos de esa misma empresa. El contrato todavía no está adjudicado. No hay prueba pública de que Trump participara directamente en la licitación ni de que Axon supiera que él había comprado acciones. Bien. Dicho queda. Pero la política no se mide solo por sentencias firmes. También se mide por la suciedad que deja a la vista.
Y esto huele.
El esperpento de Kitchen: la guerra sucia del PP llega al final
El juicio del caso Kitchen encara su tramo final con una imagen difícil de digerir: la Fiscalía Anticorrupción mantiene intacta su petición de 15 años de cárcel para varios de los principales acusados, entre ellos el exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, mientras buena parte del ruido político y mediático mira hacia otro lado. Qué casualidad. La última gran operación de guerra sucia conocida en España, ocurrida hace 13 años, avanza hacia sentencia casi como si fuera una molestia administrativa. Como si utilizar presuntamente recursos del Estado para espiar a Luis Bárcenas y recuperar material sobre la caja B del PP fuera un detalle feo. Un exceso. Una cosa antigua.
No lo es. Es una grieta en el régimen.
La vista arrancó el 6 de abril en la Audiencia Nacional, un día antes del juicio a José Luis Ábalos, y está previsto que termine el 30 de julio. La coincidencia temporal ha servido, de hecho, como cortina de humo perfecta. Mientras el presente judicial del Gobierno ocupa horas, tertulias y titulares, el pasado reciente del PP —ese pasado con ministros, policías, fondos reservados y operaciones clandestinas— ha quedado tratado por demasiados altavoces como una historia secundaria. No hay democracia sana cuando la corrupción del adversario es escándalo y la guerra sucia propia es arqueología.
Venezuela se aferra a la vida entre 1.719 muertos, 5.034 heridos y casi 47.000 desaparecidos
Entre los escombros todavía aparecen cuerpos vivos, pero el desastre ya ha dejado al desnudo una verdad insoportable: no todas las vidas pesan igual cuando llega la catástrofe. LA ESPERANZA BAJO LOS ESCOMBROS Venezuela sigue buscando vida cuando ya han pasado más de cien horas…
Opinión | Diego Fuoli en El Hormiguero: un sueño fascista
¿Por qué nos dejamos arrastrar tan fácilmente por soflamas y consignas contrarias al mínimo respeto cuando estamos apretados unos contra otros y formamos una masa? Muy simple y muy preocupante: porque necesitamos la aprobación de quienes nos rodean en ese momento.
Kast prometió cambiar Chile en 100 días. La realidad empieza a desmontar el relato
José Antonio Kast llegó a La Moneda prometiendo un giro radical. Durante la campaña aseguró que devolvería la seguridad a las calles, reactivaría una economía estancada, reduciría el peso del Estado y pondría fin a lo que definía como el desorden heredado. El mensaje era sencillo, casi publicitario: bastaba con cambiar de gobierno para que Chile volviera a funcionar.
Han pasado poco más de 100 días desde su investidura, el 11 de marzo, y el contraste entre el discurso y la realidad empieza a ser difícil de ignorar. No porque todos los problemas puedan resolverse en tres meses. Sería absurdo exigirlo. Lo llamativo es que el Gobierno ya ha empezado a asumir que algunas de sus principales promesas no se cumplirán mientras las prioridades legislativas avanzan en otra dirección.
La política tiene algo de espectáculo. Las campañas aún más. Pero cuando la propaganda choca con los datos, la propaganda deja de ser suficiente.
Sheinbaum, Lula, Orsi y Arévalo frente a la ultraderecha: América Latina no está en venta
Sheinbaum y Lula no están solos. Ahí están también Yamandú Orsi en Uruguay y Bernardo Arévalo en Guatemala, cada uno desde una realidad distinta, con márgenes distintos y enemigos distintos. Pero el pulso es el mismo: impedir que América Latina vuelva a ser una finca administrada por oligarquías locales, jueces obedientes, medios histéricos y padrinos en Washington.
La ultraderecha lo sabe. Por eso grita tanto. Porque México y Brasil pesan demasiado, Uruguay demuestra que la izquierda democrática puede volver sin pedir perdón, y Guatemala ha puesto al descubierto hasta qué punto las élites están dispuestas a dinamitar las urnas cuando el resultado no les gusta.
No es una ola perfecta. Ni limpia. Ni homogénea. América Latina nunca lo es. Pero hay una línea que empieza a verse: soberanía, democracia, derechos sociales y resistencia frente a una derecha que ya no disimula su pulsión autoritaria.
Una ONG británica ya acumula 7,6 millones de un fondo en Jersey ligado a Juan Carlos I
Otra vez Juan Carlos I. Otra vez una fortuna escondida. Otra vez una estructura financiera en una isla opaca. Otra vez millones circulando por bancos, trusts, paraísos fiscales, administradores, intermediarios y amistades de confianza. Y otra vez la misma pregunta flotando sobre la democracia española: ¿cuánto dinero tuvo fuera el anterior jefe del Estado, de dónde salió y por qué durante décadas nadie fue capaz —o nadie quiso— abrir del todo esa caja negra?
Lo cuenta El País: The JRM 2004 Trust, un instrumento financiero creado a principios de siglo en Jersey y vinculado al rey emérito, ha entregado dos nuevos donativos que suman tres millones de libras, unos 3,5 millones de euros, al British Council Refugee, una organización británica de ayuda a refugiados políticos. Con esas nuevas entregas, la ONG acumula ya 6,6 millones de libras, es decir, 7,6 millones de euros, procedentes de ese fondo.
La ironía es casi obscena. Dinero que nació en la sombra, que se movió por territorios de baja transparencia, que nunca fue declarado a Hacienda y que durante años estuvo asociado al entonces jefe del Estado español, acaba ahora financiando una entidad benéfica británica. Refugiados políticos. Caridad. Atención social. Una salida limpia para una historia sucia. Muy sucia.
De la locura populista al autoritarismo: De la Espriella quiere copiar a Milei y Bukele
Abelardo de la Espriella no llega como una rareza política. Llega como síntoma. Su victoria en la segunda vuelta del 21 de junio, con un 49,66% frente al 48,70% de Iván Cepeda, no es solo un resultado estrecho, menor a un punto. Es la prueba de que la ultraderecha latinoamericana ha aprendido a vender el miedo con envoltorio de salvación nacional. Y funciona. A veces por cansancio, a veces por rabia, a veces porque las élites mediáticas llevan años preparando el terreno.
El 25 de junio, el Consejo Nacional Electoral le entregó la credencial como presidente electo. La escena fue casi perfecta para la épica reaccionaria: discurso religioso, patria herida, enemigos internos, promesa de auditoría, acusaciones de saqueo y esa vieja coreografía de quien habla como si acabara de liberar un país, no de ganar unas elecciones por la mínima. De la Espriella dijo que gobernaría para todas las colombianas y todos los colombianos, pero su campaña ha respirado otra cosa. Ha respirado castigo. Ha respirado revancha. Ha respirado una idea de democracia donde primero se señala al enemigo y luego se discute si conserva derechos.
No hay misterio ideológico. El propio personaje se vende como “el tigre colombiano”, en una copia de saldo del zoológico político que convirtió a Milei en “león” y a Bukele en gerente carcelario de la seguridad. El problema no es el apodo, aunque ya dice bastante. El problema es el paquete completo: antipolítica para llegar al poder, moralismo para blindarse, mano dura para aplastar disidencias y neoliberalismo para abrir la caja pública a los de siempre.
Évole retrata a Vito Quiles: el sarcasmo contra el cinismo disfrazado de periodismo
Jordi Évole no necesitó levantar la voz. Le bastó con una frase cargada de veneno fino para dejar señalado el problema. El 28 de junio, la polémica ya estaba servida: Évole respondió en X a Vito Quiles después de que este se diera por aludido por unas declaraciones del presentador de Lo de Évole en el Festival de las Ideas y la Cultura (FIC), organizado por elDiario.es y celebrado en Rivas-Vaciamadrid los días 26 y 27 de junio.
“Por Dios, don Vito. Usted piense lo que quiera sobre mí. Ante todo, libertad. Y disculpe que igual le he pillado persiguiendo al novio de Ayuso y le estoy interrumpiendo en su maratoniana jornada laboral”, escribió Évole. Luego remató: “Su cinismo nos marca el camino. Feliz domingo”. Sarcasmo, sí. Pero no solo sarcasmo. También diagnóstico.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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