El trumpismo quiso convertir a Bolsonaro en un mártir de Hollywood y ha terminado destapando otro escándalo de corrupción
Hollywood. Steve Bannon. QAnon. Bolsonaro convertido en mártir cinematográfico mientras Brasil arde entre corrupción, conspiraciones y delirios mesiánicos.
Querían vender una película épica para salvar al bolsonarismo antes de las elecciones de octubre. Lo que han conseguido es otra cosa: audios filtrados, sospechas de caja B, millones opacos y una candidatura que empieza a hundirse.
La extrema derecha lleva años intentando convertir la política en espectáculo. El problema aparece cuando el guion se rompe y empiezan a aparecer las facturas.
Y esta vez las cifras son obscenas.
Trump quiere vender la colonización como “paz” con los polémicos Acuerdos de Abraham
Trump quiere vender como “paz” lo que en realidad es una normalización forzada de la ocupación. Y esta vez ya no cuela tan fácil.
Mientras Gaza sigue siendo arrasada y miles de personas continúan muriendo bajo las bombas, la Casa Blanca presiona a países árabes y musulmanes para que firmen los Acuerdos de Abraham y legitimen el proyecto regional de Israel. Arabia Saudí, Qatar, Egipto, Turquía, Pakistán… todos dentro del paquete diplomático de Trump. Todo mezclado con las negociaciones con Irán. Como si el genocidio fuese solo un detalle incómodo.
La cuestión palestina desaparece del discurso. Otra vez. Se habla de negocios, seguridad y estabilidad. Nunca de derechos. Nunca de ocupación. Nunca de limpieza étnica.
Y aun así lo intentan. Porque necesitan vender una victoria política aunque el suelo siga cubierto de cadáveres.# Trump quiere vender la colonización como “paz” mientras Gaza sigue ardiendo
### La Casa Blanca intenta resucitar los Acuerdos de Abraham como trofeo diplomático, aunque el genocidio en Gaza ha hecho saltar por los aires cualquier ficción de normalidad en Oriente Medio.
Donald Trump vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: envolver intereses geopolíticos y alianzas militares en palabras bonitas. “Paz”. “Acuerdos históricos”. “Normalización”. Su nueva obsesión pasa por relanzar los Acuerdos de Abraham, aquellos pactos impulsados en septiembre de 2020 para que varios países árabes reconocieran oficialmente al Estado de Israel. Pero el contexto ya no es el mismo. Ni mucho menos.
Mientras Gaza acumula decenas de miles de muertos, ciudades enteras reducidas a escombros y una hambruna provocada deliberadamente, Trump intenta vender otra vez la misma operación política: consolidar la integración regional de Israel sin resolver la ocupación de Palestina. O dicho de forma más clara, convertir la colonización en un hecho irreversible y obligar al mundo árabe a aceptarlo.
El presidente estadounidense ha ido incluso más lejos esta semana. En una reunión de su gabinete celebrada el 26 de mayo, vinculó abiertamente un posible acuerdo con Irán al hecho de que varios países musulmanes firmen los Acuerdos de Abraham. Arabia Saudí, Qatar, Pakistán, Turquía, Egipto y Jordania están en la lista. “Creo que esos países nos lo deben”, afirmó Trump, según CNN. Una frase que resume bastante bien la lógica imperial que atraviesa toda esta estrategia.
## LOS ACUERDOS DE ABRAHAM NUNCA FUERON SOBRE LA PAZ
Los Acuerdos de Abraham siempre se presentaron como un supuesto avance histórico para estabilizar Oriente Medio. La realidad era bastante menos romántica. Se trataba de acuerdos bilaterales para normalizar relaciones diplomáticas, económicas y militares entre Israel y varios países árabes, dejando fuera la raíz del conflicto: la ocupación, la limpieza étnica y el sistema de apartheid impuesto al pueblo palestino desde 1948.
Ese detalle. El fundamental. Desaparecía del relato oficial.
En septiembre de 2020, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin firmaron los acuerdos en una ceremonia cuidadosamente diseñada en la Casa Blanca. Después llegaron Marruecos y Sudán, aunque este último nunca formalizó plenamente el proceso debido a la guerra interna iniciada en 2023. Washington vendió aquellos pactos como una nueva era de convivencia regional. En realidad, suponían romper el consenso histórico de la Liga Árabe, que durante décadas había condicionado el reconocimiento de Israel a la creación de un Estado palestino.
Jared Kushner, yerno de Trump y arquitecto político de los acuerdos, diseñó una estrategia muy concreta: integrar económicamente a Israel en la región, fortalecer alianzas militares contra Irán y convertir la cuestión palestina en un asunto secundario. Una molestia. Algo a gestionar mediáticamente mientras el negocio seguía adelante.
Y funcionó. Especialmente con Emiratos Árabes Unidos. Abu Dabi amplió relaciones comerciales, abrió las puertas al turismo israelí y profundizó la cooperación militar incluso durante las fases más brutales del genocidio en Gaza. Ni siquiera las imágenes de hospitales bombardeados o niños muriendo de hambre alteraron sustancialmente esa relación.
Porque los Acuerdos de Abraham nunca exigieron justicia. Solo obediencia geopolítica.
## GAZA HA DESTROZADO LA FICCIÓN DIPLOMÁTICA DE WASHINGTON
Trump sueña ahora con una “versión ampliada” de aquellos acuerdos. Lo hace después de no haber conseguido grandes resultados políticos ni en Gaza ni en la ofensiva contra Irán iniciada por EEUU e Israel el pasado 28 de febrero. Necesita una victoria. Aunque sea propagandística.
La analista Lucy Kurtzer-Ellenbogen, del Middle East Institute, lo resumía estos días con bastante claridad: Trump sigue considerando los Acuerdos de Abraham “el principal logro de política exterior” de su primer mandato. Y ampliar esa red de reconocimientos le permitiría volver a presentarse como gran negociador internacional. Aunque el precio sea consolidar la impunidad israelí.
El problema para Washington es que la realidad regional ya no encaja con el relato de 2020.
Arabia Saudí sigue siendo la gran pieza que EEUU quiere capturar. No solo por petróleo o influencia estratégica. También por el peso simbólico que tiene custodiar La Meca y Medina. Durante años, tanto Trump como Joe Biden intentaron convencer a Riad para normalizar relaciones con Israel. Estuvieron cerca antes del 7 de octubre de 2023. Después llegó Gaza. Y todo cambió.
Hoy, aceptar públicamente esos acuerdos tendría un coste político enorme para cualquier gobierno árabe. Las imágenes del genocidio han generado una indignación masiva en sociedades donde la causa palestina sigue siendo profundamente popular. Incluso Egipto y Jordania, que ya tienen tratados de paz con Israel desde 1979 y 1994 respectivamente, saben que adherirse formalmente a los Acuerdos de Abraham sería explosivo a nivel interno.
Pakistán ha sido el único país que ha respondido de manera frontal. Su ministro de Defensa, Khawaja Asif, rechazó públicamente cualquier posibilidad de sumarse a la iniciativa, afirmando que contradice los “principios fundamentales” del país. Fuentes pakistaníes citadas por Reuters fueron todavía más claras: las negociaciones con Irán y los Acuerdos de Abraham “no están interrelacionados ni pueden estarlo”.
Ahí está el fondo del asunto. Trump intenta utilizar la guerra y las negociaciones nucleares como herramienta para redibujar políticamente Oriente Medio a favor de Israel. No habla de derechos humanos. No habla de ocupación. No habla de las decenas de miles de personas asesinadas en Gaza.
Habla de negocios. De alianzas. De vender estabilidad mientras se normaliza la barbarie.
El activista israelí Jeff Halper lo definía hace meses de una forma brutalmente precisa: “La única forma de completar con éxito un proyecto colonial es conseguir normalizarlo”. Eso son los Acuerdos de Abraham. La fase final de una colonización presentada como diplomacia moderna.
Y quizá por eso ahora cuesta tanto venderla. Porque Gaza ha hecho algo que Washington y Tel Aviv llevaban años intentando evitar: arrancar la máscara.
El cine “subvencionado” y otros cuentos para tapar quién se lleva de verdad el dinero público
Mientras señalan a actrices y directores, millones de euros vuelan hacia telecomunicaciones, automoción y tauromaquia sin el mismo escándalo mediático
Europa abre la puerta al negocio del genocidio mientras acelera su rearme
Europa habla de derechos humanos mientras financia empresas vinculadas al negocio de la guerra en Palestina.
Sí. Con dinero público europeo. Con programas de innovación. Con contratos militares. Con filiales opacas y empresas de vigilancia que llevan años siendo denunciadas por organizaciones internacionales.
El nuevo informe sobre la expansión de compañías israelíes en la UE deja una pregunta incómoda: ¿cuánto del rearme europeo termina alimentando tecnologías probadas sobre población civil palestina?
No es teoría. Son nombres, cifras, fondos europeos y estructuras creadas para esquivar controles. Y mientras Gaza sigue siendo arrasada, Europa sigue haciendo negocios.
La sanidad valenciana desvía más de 270 millones a la privada mientras las listas de espera siguen creciendo
270 millones de euros.
Ese es el dinero que la sanidad pública valenciana desvió a hospitales y clínicas privadas en solo dos años.
Mientras te hablan de “colaboración público-privada”, unos pocos grupos sanitarios hacen negocio récord con listas de espera, pruebas diagnósticas y operaciones pagadas con dinero público. Y sí, entre los más beneficiados aparece el grupo dirigido por el hermano del conseller de Sanidad antes de acabar en manos de Ribera Salud.
No es una excepción. Es un modelo.
Un sistema que se vacía por dentro mientras se engordan balances privados. Poco a poco. Sin demasiado ruido. Hasta que un día descubres que lo público ya solo sostiene lo que no da beneficios.
Lo contamos con cifras, nombres y millones. Porque detrás de cada derivación hay una decisión política.
Fernández Díaz llega al juicio de Kitchen intentando borrar el rastro de la guerra sucia del PP
El PP montó una operación parapolicial para protegerse de la corrupción. Y ahora su exministro del Interior se sienta ante el juez intentando convencer a todo el mundo de que los mensajes, los confidentes y los fondos reservados eran poco menos que una coincidencia.
Kitchen no fue una novela negra. Fue el Estado trabajando para un partido. Espiar a Bárcenas. Robar pruebas. Tapar la caja B. Mientras hablaban de democracia y patriotismo desde los platós y las ruedas de prensa. Qué casualidad.
Y ojo al detalle: la Fiscalía pide 15 años de prisión para Fernández Díaz como máximo responsable político de la operación. Pero todavía hay quien quiere vender esto como “unos policías descontrolados”. Claro. Policías descontrolados con fondos reservados, chóferes infiltrados y ministros mandando mensajes.
Lo contamos todo aquí. Sin maquillaje. Sin el relato cómodo de siempre.
Caso Leire: de las cloacas del PP a las maniobras para desacreditar a fiscales y guardias civiles
Hay algo especialmente turbio en todo esto. Muy turbio.
Una trama que empezó destapando las cloacas del PP y las grabaciones de Villarejo acaba señalada por intentar buscar basura contra fiscales, jueces y guardias civiles que investigaban corrupción vinculada al PSOE. La Audiencia Nacional ya habla de posible organización criminal, sobornos y maniobras contra instituciones del Estado.
Y en medio aparecen nombres, audios, dinero, chantajes y frases que parecen sacadas de un thriller político. Pero no. Es España.
Porque el problema no son solo las cloacas. El problema es cuando quienes prometían desmontarlas terminan jugando con las mismas herramientas.
El juez eleva al PSOE la responsabilidad sobre las maniobras de Leire Díez contra quienes investigaban a sus dirigentes
Otra vez Ferraz en el centro. Otra vez reuniones, pagos, intermediarios y maniobras alrededor de investigaciones judiciales. Y esta vez no lo dice un tertuliano ni una filtración interesada. Lo dice la Audiencia Nacional.
El juez ya no sitúa el foco solo en Leire Díez. El auto apunta directamente a estructuras y dirigentes del PSOE. Santos Cerdán aparece señalado como pieza clave de una estrategia para “desestabilizar” causas judiciales que afectaban al partido y al Gobierno.
39 reuniones. Al menos 22 en Ferraz. Pagos, viajes y contactos con fiscales, guardias civiles y empresarios. El relato judicial empieza a dibujar algo mucho más grande de lo que se quiso contar al principio.
Hay algo especialmente incómodo en todo esto. Porque muchas de las prácticas que el PSOE denunció durante años contra las cloacas del Estado aparecen ahora reflejadas en una investigación que golpea a su propio entorno político.
Vídeo | Borja Iglesias deja en evidencia al fútbol domesticado: “Lo que me pide el cuerpo difiere del protocolo” ante Trump
Borja Iglesias ha dicho algo bastante simple: que estrechar la mano de Trump le generaría un conflicto. Y con eso ya ha conseguido enfadar a toda esa gente que pide “libertad de expresión” siempre que nadie diga nada incómodo.
El problema no es el fútbol. Bueno, sí. También. El problema es esta obsesión por fabricar deportistas mudos, perfectamente patrocinables, sin opinión y sin humanidad. Robots con botas. Porque en cuanto uno habla de valores, de política o de dignidad, saltan los mismos de siempre a decir que “mezcla deporte y política”. Como si los Mundiales, la FIFA y las fotos con presidentes fueran neutrales.
Borja Iglesias no incendió nada. Ni siquiera fue especialmente duro. Pero dejó una frase que retrata perfectamente el momento: “Lo que me pide el cuerpo difiere del protocolo”.
Y ahí está todo.
Vídeo | Henar Álvarez retrata la hipocresía de la “libertad de expresión” en España: mucho llanto mediático y demasiados juzgados
“Hemos pasado de ‘no se puede decir nada’ a demandar monólogos, perseguir chistes y llevar humoristas a los juzgados mientras quienes controlan televisiones y periódicos se hacen pasar por víctimas.”
Henar Álvarez soltó en RTVE algo que mucha gente piensa y muy poca dice en prime time: que la supuesta “dictadura woke” es, en gran parte, una cortina de humo montada por quienes llevan décadas teniendo todos los micrófonos. Y claro, escuece.
Facu Díaz en tribunales. Quequé declarando por chistes políticos. Las seis de La Suiza condenadas por sindicalismo. LalaChus denunciada por una estampita. Monólogos feministas interrumpidos por cargos del PP porque alguien “se sentía incómodo”. Pero luego los que hablan de censura son los mismos de siempre. Los que nunca dejaron de ocupar platós, radios y portadas.
Y Henar lo resumió con una frase brutal: suena “como si Ana Rosa se quejara de que los alquileres están altos”.
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Ayuso convierte la maternidad en trinchera ideológica con su “ley del concebido no nacido”
Isabel Díaz Ayuso ha anunciado que el próximo 2 de julio llevará a la Asamblea de Madrid un pleno extraordinario para debatir y aprobar la llamada “ley del concebido no nacido”. No es una anécdota parlamentaria. No es una medida técnica. Es una pieza más en la ofensiva reaccionaria que intenta reescribir los derechos sexuales y reproductivos con lenguaje administrativo, una carpeta institucional y una sonrisa de superioridad moral.
La propuesta reconoce al “concebido no nacido” como “miembro más de la unidad familiar”. Dicho así parece una fórmula burocrática. Pero no lo es. Es política pura. Y de la más peligrosa: la que pretende colarse por la puerta de las ayudas sociales para instalar una visión ultraconservadora de la maternidad, del cuerpo de las mujeres y de la familia. No están ampliando derechos: están moviendo el marco para que el embarazo pese jurídicamente antes que la vida material de las mujeres.
El pacto entre EE.UU. e Irán redibuja Oriente Medio y deja a Israel mirando el desastre
El acuerdo entre Estados Unidos e Irán, firmado el 18 de junio por Donald Trump y Masoud Pezeshkian, ya tiene su etiqueta grandilocuente: el “gran pacto”, el “acuerdo del siglo”, la jugada histórica que supuestamente cerraría una etapa de guerra y abriría otra de negociación. La liturgia también fue cuidadosamente escogida. Trump lo formalizó en Versalles, al margen de la cumbre del G7, como si el decorado imperial pudiera maquillar lo evidente: las potencias no reconstruyen el orden internacional, lo reparten.
Es el primer pacto firmado por un presidente estadounidense y un presidente iraní desde la Revolución Islámica de 1979. No es un detalle menor. Tiene 14 puntos, prolonga el alto el fuego durante 60 días, incluye a Líbano y abre la puerta a negociar un arreglo permanente, incluido el programa nuclear iraní. Dicho así parece diplomacia. Pero la diplomacia, cuando llega después de miles de muertos, suele ser el nombre elegante del fracaso moral.
Israel rompe con Kaja Kallas porque ya no soporta que Europa pronuncie la palabra apartheid
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, anunció el 18 de junio que rompe “todo contacto” con la jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas. La razón, según él, es que Kallas habría comparado a Israel con la Sudáfrica del apartheid durante una visita a México el pasado mayo. No hablamos de una ruptura por una masacre, ni por la expansión colonial en Cisjordania, ni por el asedio a Gaza, ni por la normalización de un régimen de privilegio étnico, militar y territorial. Hablamos de una ruptura por una palabra.
Ahí está el asunto. Israel no rompe con quien bombardea, ocupa, desplaza, bloquea o coloniza. Rompe con quien señala.
Vídeo | Estrenamos este domingo la segunda parte del reportaje “Palestina y la historia que quieren borrar”
Spanish Revolution estrena este domingo a las 15:00 la segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”, el reportaje dirigido y presentado por Patricia Salvador dentro de #ReportajesSR, el proyecto audiovisual dirigido por Patricia Salvador y Lea Guggelman.
Bajo el título “La Nakba eterna”, esta nueva entrega continúa el recorrido iniciado en el primer capítulo, donde se abordaba la Nakba para desmontar la mentira de que la historia de Palestina comienza el 7 de octubre.
Vídeo | El turismo que saquea las ciudades mientras sonríe para la foto
El turismo urbano ya no puede seguir vendiéndose como una postal amable, una maleta con ruedas y una pareja haciéndose fotos frente a una fachada histórica. En demasiadas ciudades se ha convertido en otra cosa. En una forma educada de saqueo. Entra sonriendo, paga tres noches, deja propina si toca, sube una historia a Instagram y se marcha. Lo que queda detrás no sale en la foto: alquileres imposibles, vecinas expulsadas, comercios de barrio sustituidos por locales sin alma y calles que ya no pertenecen a quienes las habitan.
No es turismo. Es extracción.
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