Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El presidente usó la muerte del activista como herramienta de propaganda, fundiendo política, fe y violencia en un espectáculo masivo.
UN FUNERAL QUE OLÍA A MITIN
El 21 de septiembre de 2025, en Glendale (Arizona), el estadio de los Arizona Cardinals con capacidad para 73.000 personas se llenó hasta el último asiento. Afuera, otras 20.000 personas abarrotaron un segundo recinto. Se suponía que era un funeral. En realidad, fue un mitin político camuflado. Donald Trump transformó el homenaje a Charlie Kirk en una exaltación de su cruzada personal, usando la muerte del activista como combustible para reforzar su narrativa de poder.
El líder de Turning Point USA, asesinado el 10 de septiembre con solo 31 años, fue presentado como un “mártir cristiano” y un “evangelista de la libertad”. El vicepresidente J.D. Vance llegó a compararlo con Jesús. Marco Rubio, secretario de Estado, lo vinculó con la idea de sacrificio divino. Pete Hegseth, jefe del Pentágono, proclamó que “solo Cristo es rey”. Lo que debía ser un duelo terminó convertido en la fusión explícita de religión reaccionaria y poder político.
Trump, sentado junto a Elon Musk, esperó su turno para hablar. Cuando lo hizo, pasó sin pudor del tono elegíaco al ataque político: culpó a la izquierda radical del asesinato, agitó el fantasma migrante, reivindicó sus aranceles y anunció despliegues militares en Chicago. Incluso se permitió bromear: “Kirk quería lo mejor para sus rivales. Yo no. Yo los odio”. La ovación fue atronadora.
El funeral se convirtió en una liturgia de poder, donde la muerte era instrumentalizada y el odio se bendecía.
RELIGIÓN, POLÍTICA Y VIOLENCIA
El guion estaba diseñado como una producción televisiva de masas. Rock cristiano, gaiteros tocando el himno, oradores de la extrema derecha como Tucker Carlson y Jack Posobiec llamando a “revestirse con la armadura de Dios”. La puesta en escena era más cercana a un congreso político o a una convención sectaria que a un duelo colectivo.
Erika Kirk, viuda del activista, tomó la palabra para perdonar públicamente al joven que mató a su marido. “Es lo que hizo Jesús”, dijo. El contraste fue brutal: mientras ella hablaba de amor, Trump llamaba al odio como bandera política. El perdón frente a la explotación del dolor.
TPUSA, la organización que Kirk fundó en 2011 y que en 2024 declaró ingresos de 85 millones de dólares, organizó todo en apenas una semana. Contó con la colaboración de las autoridades federales, locales y estatales. Los accesos tenían controles similares a los de un aeropuerto. El aparato del Estado se volcó para blindar un funeral que fue, en realidad, un acto de reafirmación del trumpismo como religión política.
En las gradas se veían camisetas con mensajes como “Jesucristo es mi salvador y Donald Trump, mi presidente”. Una mujer definió a Kirk como el “próximo presidente que Estados Unidos perdió”. Un asistente gritó que “el 90% del país es MAGA”. La fusión entre patriotismo, cristianismo y nacionalismo blanco alcanzó niveles de delirio.
La comparación con los mártires cristianos fue constante. Se habló de San Esteban, de la cruz, del sacrificio. Y al mismo tiempo, se atacó a la educación pública, al feminismo, a las personas LGTBIQ+ y a la izquierda. Era la escenificación de una teocracia en ciernes, donde el duelo era excusa y el poder, objetivo.
El propio Stephen Miller lo dejó claro: “¿Creísteis que podíais matar a Charlie Kirk? Lo hicisteis inmortal. Ahora millones continuarán su legado”. No era un mensaje de consuelo, sino una amenaza velada.
Lo que sucedió en Glendale no fue un funeral. Fue la prueba de que Trump y su entorno están construyendo un culto político-religioso que usa la violencia, el odio y la fe como cemento. Un culto que ya no esconde su objetivo: un país “sin fronteras, sin ley y sin Dios” no es un país, dijo Trump. Lo que no dijo es que su proyecto necesita esas fronteras, esas leyes y ese Dios para justificar el miedo y perpetuar el poder.
Ese día no enterraron a Charlie Kirk. Ese día bendijeron la guerra cultural como religión de Estado.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir