Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una tregua de diez días llega tras más de 2.200 muertos, con tropas sobre el terreno y un conflicto que sigue lejos de cerrarse
Después de casi 2.200 muertos y semanas de bombardeos continuos, Líbano entra en una tregua frágil. Llega tarde. Y llega llena de dudas. El alto el fuego, de apenas 10 días, ha sido anunciado el 16 de abril por Donald Trump, que se ha atribuido el mérito con su estilo habitual. “Yo soy la diferencia”, dijo. Sin matices.
El anuncio llega tras un mes y medio de ofensiva israelí iniciada el 2 de marzo, en paralelo a la escalada con Irán. Una guerra que no ha dejado espacio a interpretaciones: miles de heridos, ciudades arrasadas y más de un millón de personas desplazadas, casi una quinta parte del país. Un escenario que, como ya se ha documentado en relatos desde el terreno donde los cadáveres se acumulan sin espacio para enterrarlos, habla por sí solo.
La tregua llega tras días de contactos a tres bandas entre Washington, Beirut y Tel Aviv. Pero no ha sido una negociación clásica. Más bien una imposición. Así lo interpretan varios analistas. Trump habló por separado con el presidente libanés, Joseph Aoun, y con Benjamín Netanyahu. No hubo reunión conjunta. Ni acuerdo formal previo.
Y eso pesa. Porque el propio Netanyahu había rechazado días antes cualquier cese de hostilidades en Líbano. La posición israelí era clara: continuar. Sin embargo, el anuncio de Trump lo cambió todo en cuestión de horas. Incluso dentro de Israel, donde el malestar es evidente. Según medios como Haaretz, el primer ministro ni siquiera sometió la decisión al gabinete de seguridad.
Un hecho consumado. Así lo ven muchos.
Una tregua sin garantías claras
El alto el fuego incluye, al menos sobre el papel, a Hizbulá. Aunque la milicia chií no ha participado directamente en las negociaciones. En sus primeras reacciones, ha dejado claro que no aceptará la presencia libre de tropas israelíes en territorio libanés. Si eso ocurre, advierten, mantendrán su derecho a responder.
Y ahí está el problema. Israel no tiene intención de retirarse. Netanyahu ha confirmado que sus fuerzas permanecerán en lo que denomina una “zona de seguridad” de 10 kilómetros en el sur de Líbano durante la tregua. Una condición que complica cualquier avance real.
No es menor. Porque sobre el terreno, esa “zona de seguridad” implica ocupación. Implica control. Y en la práctica, implica que la guerra no se detiene del todo. Solo se pausa.
Mientras tanto, el presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri, ha pedido a la población que no regrese todavía a sus hogares. Una advertencia que refleja la incertidumbre. El miedo sigue ahí. Y con razón.
Desplazamientos masivos y destrucción sistemática
El impacto humanitario es difícil de exagerar. Más de 1 millón de personas desplazadas. Cerca de 400.000 niños y niñas obligados a abandonar sus casas. Bombardeos sin previo aviso. Barrios enteros reducidos a escombros.
Israel justifica su ofensiva como respuesta a los ataques con cohetes de Hizbulá. Pero la desproporción es evidente. Y la comunidad internacional empieza a señalarlo con más claridad. Incluso expertos de la ONU han advertido que los patrones observados —evacuaciones forzadas, destrucción de viviendas, desplazamientos masivos— recuerdan a lo ocurrido en Gaza.
No es una comparación menor. Porque el desgaste internacional de Israel es ya palpable. La acumulación de conflictos —Gaza, Irán, Líbano— ha provocado lo que algunos análisis describen como un desplome histórico de su imagen exterior, con consecuencias políticas que empiezan a notarse.
Sobre el terreno, las órdenes de evacuación israelíes han ido más allá del sur inmediato. Incluso áreas situadas al norte del río Litani han sido afectadas. Una línea que, en algunos discursos del Gobierno israelí, se plantea como futura frontera de facto. A unos 30 kilómetros de la actual Línea Azul marcada por la ONU en el año 2000.
Eso no es solo una cuestión militar. Es una redefinición del mapa. Y, potencialmente, del equilibrio regional.
Un movimiento dentro de una negociación mayor
El alto el fuego en Líbano no se entiende sin el tablero más amplio. Irán está en el centro. Las negociaciones entre Washington y Teherán han condicionado cada paso. Pakistán, uno de los mediadores, llevaba días insistiendo en que Líbano debía incluirse en cualquier desescalada regional.
Y así ha sido. Aunque de forma imperfecta. Con lagunas. Con contradicciones.
Irán ha presionado para incluir a Líbano en las conversaciones, pese a que Israel no ha participado directamente en ellas. Beirut, por su parte, ha intentado marcar distancia. Aoun ha reiterado que solo el Estado libanés puede negociar en su nombre. Un intento de recuperar soberanía en medio de un tablero donde las decisiones se toman fuera.
Trump, mientras tanto, ha ido más allá. Ha hablado de invitar a Netanyahu y Aoun a la Casa Blanca en los próximos 4 o 5 días para iniciar conversaciones de paz. Un anuncio rápido. Quizá demasiado rápido.
Porque el objetivo final no es solo una tregua. Es un acuerdo de normalización entre Líbano e Israel. Reconocimiento mutuo. Relaciones diplomáticas plenas. Un giro histórico.
Pero hoy, con las tropas aún desplegadas, con millones de personas desplazadas y con una tregua de apenas diez días, ese horizonte suena lejano. Muy lejano.
La guerra no ha terminado. Solo ha cambiado de ritmo.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Multar una jota
Empieza San Fermín. Y por aquí, ya se sabe, entusiasmo poco: lo del maltrato animal no se tapa con pañuelo rojo ni con tradición de postal. Pero entre el ruido, el alcohol, los toros y la liturgia turística también pasan cosas que merecen mirarse con atención. Como lo que ocurrió el año pasado, cuando miembros del Sindicato de Vivienda de Pamplona y Comarca cantaron una jota reivindicativa contra los desahucios. Una jota. Una canción popular. Cultura en la calle diciendo algo tan básico como que echar a la gente de su casa es una violencia social.
Pues bien: les han multado con 1.800 euros. No por romper nada. No por agredir a nadie. No por impedir nada. Por cantar. Y aquí está el precedente peligroso: cuando una expresión cultural en el espacio público puede acabar convertida en sanción administrativa, lo que se está castigando no es una conducta peligrosa, sino un mensaje incómodo. Hoy es una jota contra los desahucios. Mañana puede ser una pancarta, una performance, una copla, un mural o una consigna en una plaza.
Vídeo | La ciudad contra los pájaros
¿En qué momento una ciudad decide que el problema no es el cemento, ni el calor, ni la falta de árboles, sino los pájaros? En Rafaela, Santa Fe, Argentina, han colocado redes en la copa de los árboles para impedir que las aves se posen y ensucien las calles. Redes en los árboles. Porque parece que la naturaleza solo es bienvenida si no mancha, no canta demasiado y no molesta al comercio. Todo muy moderno, muy ordenado, muy limpio. Limpio de vida, básicamente.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir