Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La ultraderecha estadounidense ya no debate sobre derechos reproductivos. Está construyendo un marco legal donde matar a una mujer embarazada, a una médica o a quien acompañe a una clínica pueda considerarse “defensa de la vida”. Y lo están escribiendo negro sobre blanco.
LA DERECHA CRISTOFASCISTA YA NO ESCONDE SU PROYECTO
La deriva reaccionaria en Estados Unidos sigue avanzando. Sin frenos. Y cada vez con menos pudor. Dos legisladores republicanos de Carolina del Norte, Keith Kidwell y Ben Moss Jr., han presentado una propuesta de enmienda constitucional estatal que busca ilegalizar completamente el aborto y abrir una puerta escalofriante: justificar el uso de fuerza letal contra personas relacionadas con interrupciones del embarazo.
Sí. Eso mismo.
El texto plantea que “una vida humana distinta y separada comienza en el momento de la fertilización”, una formulación clásica del fundamentalismo antiabortista estadounidense. Lo venden como “hecho científico indiscutible”. No aportan una sola prueba. Ni una. Porque no existe ese consenso científico que invocan. La comunidad médica y científica sitúa el inicio del embarazo en la implantación, no en la fecundación. Pero eso ya casi da igual en el laboratorio ideológico republicano. Lo importante es otra cosa: construir una figura jurídica que permita equiparar un embrión a una persona plena con derechos absolutos.
Y desde ahí. Todo se desliza.
La propuesta incluye una cláusula según la cual “cualquier persona tiene derecho a defender su propia vida o la vida de otra persona, incluso mediante fuerza letal si fuera necesario”. Traducido al castellano normal: si consideran que un aborto “mata” a una persona, podrían intentar justificar legalmente asesinatos en nombre de esa supuesta defensa.
No es una exageración. Está escrito así.
Las consecuencias potenciales son enormes. Médicas y médicos. Personal sanitario. Activistas. Personas que acompañen a una amiga a una clínica. Conductores. Familiares. Cualquiera podría convertirse en objetivo de fanáticos convencidos de que actúan bajo amparo moral y, quizá algún día, jurídico. Ese es el terreno que está preparando la extrema derecha religiosa estadounidense. No el de la “vida”. El de la impunidad ideológica.
La periodista Jackie Singh resumió el peligro de forma brutal: la propuesta podría convertirse en una “tarjeta para salir gratis de la cárcel” para hombres violentos que asesinen a sus parejas alegando intención de abortar o usar anticonceptivos. Porque sí, el texto también amenaza métodos anticonceptivos como el DIU, utilizados por millones de mujeres. El integrismo nunca se conforma. Siempre avanza un poco más.
Y conviene decirlo claro: esto no nace de la nada. Llega después de años de radicalización política, judicial y mediática. Después de la sentencia Dobbs del Tribunal Supremo en junio de 2022, que eliminó la protección federal del derecho al aborto en Estados Unidos. Desde entonces, la ofensiva republicana ha sido sistemática. Estado por estado. Ley por ley. Clínica por clínica.
Primero dijeron que solo querían “limitar” abortos tardíos. Luego llegaron las prohibiciones casi totales. Después empezaron los ataques contra anticonceptivos, fecundación in vitro y educación sexual. Ahora algunos ya exploran escenarios donde la violencia física pueda quedar revestida de legitimidad legal.
Y todavía hay quien habla de “guerra cultural” como si fuera una discusión abstracta de tertulia televisiva.
EL MANUAL DEL AUTORITARISMO: SEMBRAR HOY EL TERROR DE MAÑANA
La activista y escritora Jessica Valenti, autora del boletín Abortion, Every Day, fue muy clara al analizar la propuesta: aunque tenga pocas posibilidades de aprobarse ahora mismo, debe tomarse “muy, muy en serio”. Porque estas iniciativas no aparecen solo para ganar votaciones inmediatas. Sirven para desplazar el marco político. Para normalizar ideas extremas. Para acostumbrar a la sociedad al horror paso a paso.
Ese es el verdadero mecanismo.
Hace una década, hablar de encarcelar mujeres por abortar parecía políticamente inviable. Hoy ocurre en varios estados. Hace unos años, cuestionar anticonceptivos parecía marginal. Ahora vuelve a estar encima de la mesa republicana. Lo que hoy parece grotesco puede convertirse mañana en jurisprudencia si la ventana ideológica sigue moviéndose hacia el fanatismo.
Y se está moviendo rápido.
La propuesta republicana en Carolina del Norte funciona como un mapa del futuro que determinados sectores quieren construir en Estados Unidos dentro de diez o veinte años. Un país donde el cuerpo de las mujeres deje de pertenecerles legalmente. Donde la maternidad sea una imposición estatal. Donde médicos y médicas trabajen bajo amenaza. Donde el fundamentalismo religioso dicte el código penal.
Todo envuelto, eso sí, en el lenguaje hipócrita de la “protección de la vida”.
Porque aquí hay algo profundamente perverso: quienes defienden ampliar el acceso a armas de fuego, sostienen la pena de muerte, bloquean sistemas sanitarios públicos y recortan ayudas sociales son los mismos que se presentan como guardianes morales de la vida humana. El problema nunca fue la vida. El problema es el control. El control sobre los cuerpos, sobre la sexualidad y sobre las mujeres.
Y también sobre el miedo.
La historia estadounidense ya está llena de asesinatos contra personal de clínicas abortistas y ataques terroristas cometidos por extremistas antiaborto. No es teoría. No es paranoia. Entre los años noventa y los dos mil hubo médicos asesinados, bombas en clínicas y campañas organizadas de intimidación. Lo que hace esta propuesta es acercar ese imaginario violento al lenguaje institucional.
Dar un paso más.
Mientras tanto, buena parte del establishment conservador sigue fingiendo moderación. Como siempre. Dejan que los sectores ultras prueben discursos imposibles, observen reacciones y corran los límites de lo aceptable. Luego llega la normalización mediática. Después las negociaciones. Y al final, lo impensable empieza a parecer “debatible”.
Así es como avanza el autoritarismo. No entra gritando desde el primer día. Entra disfrazado de debate moral, de libertad religiosa y de defensa de la familia. Hasta que un día descubres que hay políticos redactando textos que podrían justificar homicidios contra quienes ayuden a abortar.
Y ya no parece una distopía lejana. Parece el borrador de un país que algunos llevan años intentando construir.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
Gatti anunció el 13 de julio su precandidatura a diputada federal por São Paulo dentro del Partido Socialismo y Libertad, el PSOL. Las candidaturas deberán registrarse oficialmente antes del 15 de agosto y la primera vuelta de las elecciones brasileñas se celebrará el 4 de octubre. Su objetivo es llevar la ciencia al lugar donde se aprueban las leyes que están acelerando el desastre. Porque publicar investigaciones sirve de poco cuando quienes legislan las ignoran, las niegan o directamente trabajan para las empresas responsables.
Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
La Amazonia ecuatoriana está siendo devorada por la minería ilegal mientras el Estado llega tarde, responde a medias o directamente mira hacia otro lado. Retroexcavadoras, dragas, campamentos clandestinos y grupos armados avanzan sobre territorios indígenas y áreas protegidas. Frente a ellos, 598 guardaparques abandonados a su suerte, sin capacidad legal para incautar maquinaria y sin medios para enfrentarse a organizaciones que llevan fusiles.
En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
Nacho Cano fue durante años el mejor ejemplo de este modelo. Ahora Woody Allen recoge el testigo con un proyecto que recibirá 3 millones de euros de la Comunidad y del Ayuntamiento de Madrid. Dos nombres famosos, dos operaciones presentadas como apoyo cultural y una misma lógica: socializar el coste para que el beneficio político y empresarial quede en pocas manos.
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir