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Nacho Abad monta un debate imposible y convierte la ciencia en un espectáculo de sobremesa
Hay días en los que la televisión parece una parodia de sí misma. Y luego está lo de En boca de todos, que directamente juega en otra liga. Esta vez, el programa de Nacho Abad decidió que era buena idea sentar a un dermatólogo (una persona que ha estudiado, que sabe, que lleva años viendo pieles y enfermedades) frente a Javi Poves, conocido por negar prácticamente todo lo que se le ponga por delante.
El resultado lo puedes ver en este momento del programa. Spoiler: no es un debate, es un cuadro. Un profesional intentando explicar algo tan básico como los riesgos del sol mientras al lado le discuten la realidad como quien debate si la tortilla lleva o no cebolla.
#POLÉMICA | Javi Poves, negacionista, afirma que no hay datos que asocien la exposición al sol con el cáncer de piel.
— En boca de todos (@EnBocaDe_Todos) April 14, 2026
➡️ Alex Docampo, dermatólogo, responde.
🔴 #EnBocaDeTodos en @cuatro con @Nacho_Abad
➡ https://t.co/YxZKMJVWfz pic.twitter.com/d4PgeTkxec
Y claro, uno se queda pensando. ¿En qué momento hemos decidido que la evidencia científica es solo otra opinión? ¿Cuándo pasamos de divulgar a hacer circo? Porque esto ya no va de contrastar puntos de vista. Va de poner a competir el conocimiento con el disparate, a ver cuál hace más ruido.
El arte de mezclar churras con teorías conspiranoicas
El tema no era menor. Cáncer de piel. Exposición solar. Cosas serias. De esas que afectan a cualquiera que haya pisado una playa en verano o que simplemente tenga piel, que viene a ser todo el mundo. Pero en lugar de explicar, aclarar y aportar, el programa optó por el clásico: meter a alguien que lo niegue todo y que se monte el espectáculo.
Porque claro, un dermatólogo explicando con calma no da tantos titulares como alguien diciendo lo contrario sin pestañear. Eso no vende. Lo que vende es el choque. El “a ver qué dice ahora”. El momento viral. Y ahí, el rigor se queda en la puerta.
Lo curioso es que el formato intenta disfrazarlo de equilibrio. Como si ambas partes estuvieran al mismo nivel. Como si hubiera dos bandos. Pero no. Aquí no hay empate. No es un Madrid-Barça. Es más bien un médico intentando apagar un incendio mientras al lado alguien sopla gasolina.
Y lo peor es que ese juego engaña. Porque hay quien lo ve y piensa: “Bueno, será que no está tan claro”. Y sí, está claro. Clarísimo. Pero si lo mezclas con espectáculo, lo diluyes. Y ahí está el truco.
La telebasura ya ni se disimula
Las redes no tardaron en reaccionar. Críticas, bromas, incredulidad. De todo. Porque la escena tenía algo de surrealista, pero también de preocupante. No es solo que pase. Es que pasa cada vez más.
Negacionistas, terraplanistas, conspiranoicos de manual… todos han encontrado su hueco en la tele. Ya no hace falta colarse. Te invitan. Y te sientan al lado de profesionales como si fuerais colegas de gremio.
Y así estamos. Con programas que parecen mesas de debate pero funcionan como patios de recreo. Donde todo vale, donde todo se mezcla, donde el criterio es secundario y lo importante es que haya ruido. Mucho ruido.
Porque al final no se trata de informar. Se trata de entretener. Aunque para ello haya que convertir la ciencia en una opinión más y la salud en un tema de tertulia ligera.
Y uno ya no sabe si reír o apagar la tele directamente.
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