Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando el ruido político cruza una línea, hasta sus propios aliados religiosos empiezan a bajarse del barco
No era fácil. Defender a la Iglesia católica en pleno 2026, con todo lo que arrastra. Pero ahí está Donald Trump, logrando lo improbable: que parte de la izquierda, del escepticismo organizado y hasta del sarcasmo profesional, mire al Vaticano y piense “pues igual aquí tienen razón”. No es un giro ideológico. Es puro agotamiento.
Todo estalla en cuestión de horas. Un ataque frontal al papa León XIV, al que Trump acusa de ser “demasiado liberal”, demasiado blando, demasiado todo. Y, como guinda, una imagen generada por inteligencia artificial en la que aparece con estética mesiánica. Cristo versión branding personal. Luego la borra. Tarde. El gesto ya ha hecho su trabajo.
La reacción no llega solo desde los sospechosos habituales. Ni desde la progresía que Trump lleva años usando como punching ball. Llega desde su propia trinchera. Y eso cambia el tono. Porque cuando los tuyos empiezan a mirarte raro, algo se ha roto.
Lo contaba con detalle el análisis de BBC Mundo sobre cómo los ataques de Trump al Papa le están costando apoyos entre sus propios seguidores. Y no es una exageración: en las últimas 48 horas, la incomodidad ha dejado de ser privada para convertirse en pública. Y ruidosa.
Una guerra, una fe y un límite
Hay un punto clave que lo explica todo. No es solo el Papa. Es la guerra. La de Irán. Seis semanas de escalada que han ido tensando una cuerda que ya estaba al límite. Porque una cosa es el discurso duro, otra muy distinta es empezar a hablar de aniquilar civilizaciones mientras se recitan oraciones con tono épico en el Pentágono.
Ahí es donde algunos dicen basta. Gente que no era precisamente crítica. El obispo Joseph Strickland, por ejemplo, que en 2024 hablaba en la CPAC con Trump como estrella invitada, ahora marca distancia. No matices. Distancia. Afirma que no se cumplen los criterios de una guerra justa y respalda abiertamente el mensaje pacifista del Papa.
Es una escena curiosa. Un obispo conservador recordando que la fe no está para bendecir bombardeos. Que la religión no debería ser el megáfono de la violencia. Parece obvio. Pero en el clima actual, casi suena revolucionario.
Y lo más interesante: no está solo. Otros nombres, otras voces dentro del catolicismo estadounidense empiezan a alinearse con esa idea incómoda. Que hay un límite. Que no todo vale, ni siquiera cuando lo dice tu propio líder político.
Cuando la política se come a la fe (hasta que deja de hacerlo)
Durante años, la lógica ha sido bastante simple. La política manda. La fe acompaña. O se adapta. Los datos lo reflejan: según el Pew Research Center, en 2024 el 62% de los católicos blancos votó a Trump, frente al 37% que optó por Kamala Harris. Entre los católicos hispanos, el reparto fue 41% para Trump y 58% para Harris. Divisiones claras. Bloques reconocibles.
Pero ahora pasa algo raro. Una especie de cortocircuito. Porque el discurso antibélico del papa León XIV ha conseguido lo que parecía imposible: que sectores enfrentados dentro del catolicismo encuentren un terreno común. No es que se pongan de acuerdo en todo. Ni de lejos. Pero coinciden en algo básico: esto no.
Ni siquiera figuras claramente alineadas con Trump, como Peter Wolfgang, esconden ya su malestar. Apoya deportaciones masivas, defiende el nacionalismo católico… y aun así critica abiertamente los ataques al Papa. Porque hay códigos. Y romperlos tiene coste.
Su argumento es sencillo. El Papa no es un político más. No es un jefe de Estado al uso. Es, para millones de creyentes, una figura espiritual. Atacarlo no es solo un gesto político. Es otra cosa. Y esa línea, cruzada sin demasiado cálculo, empieza a pasar factura.
El momento en que todo se vuelve incómodo
Hay algo casi cómico en todo esto. Un presidente acostumbrado a dominar el relato se encuentra discutiendo con una institución que mide sus tiempos en siglos. Y pierde pie. Se precipita. Publica, borra, ataca, rectifica a medias. No es su terreno habitual.
Mientras tanto, desde el Vaticano se mantiene una posición fría. León XIV no entra al barro. Habla de paz. Marca límites. Cuando Trump sugiere que “una civilización entera podría desaparecer”, el Papa responde calificándolo de “verdaderamente inaceptable”. Sin adjetivos de más. Sin espectáculo. Solo un corte limpio.
Y ahí está la paradoja. En el intento de desacreditarlo, Trump reconoce su peso. Porque si el Papa no importara, no lo mencionaría. No lo atacaría. No necesitaría convertirlo en adversario.
El resultado es un escenario extraño. Parte de la izquierda defendiendo, aunque sea de forma puntual, la posición del Vaticano. Parte de la derecha cuestionando a su propio líder. Y en medio, una sensación incómoda: la de haber llegado a un punto donde lo evidente —que bombardear no es un acto moralmente neutro— vuelve a discutirse.
Trump ha conseguido algo difícil. No unir a la gente. Eso sería demasiado. Pero sí descolocarla. Y, en el proceso, obligar a muchos a mirar hacia lugares donde nunca pensaron que encontrarían algo parecido a una referencia moral. Aunque solo sea por contraste.
Y claro. Eso también tiene un precio. Porque hay pocas cosas que generen más rechazo que obligarte a defender aquello que llevabas años criticando.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
1 Comment
Deja una respuesta Cancelar la respuesta
SÍGUENOS
Trumpismo teocrático: los republicanos de Carolina del Norte ya plantean legalizar asesinatos para impedir abortos
Quieren que parezca una “defensa de la vida”. Pero lo que están escribiendo en Carolina del Norte es otra cosa: una puerta legal para justificar violencia contra mujeres, personal sanitario y cualquiera que ayude a abortar.
Sí. Legisladores republicanos han presentado una propuesta que podría amparar el uso de fuerza letal para impedir abortos. No es una exageración. Está en el texto.
El trumpismo ya no discute derechos reproductivos. Está construyendo un proyecto teocrático donde el cuerpo de las mujeres deja de pertenecerles y el fanatismo religioso empieza a infiltrarse en las leyes. Primero fueron las prohibiciones. Luego los anticonceptivos. Ahora esto.
Y lo peor es que estas barbaridades nunca aparecen de golpe. Primero parecen imposibles. Después “debatibles”. Luego llegan las víctimas.
Trump amenaza a Omán mientras hace negocios millonarios en el Golfo: la diplomacia mafiosa de “o obedecéis o os bombardeamos”
Trump amenaza con “volar por los aires” a Omán mientras hace negocios millonarios allí. Sí. El mismo Trump que prometía acabar con las guerras eternas. El mismo que vende el personaje de presidente pacifista mientras convierte Oriente Medio en una mezcla de casino, petróleo y amenazas militares.
Y lo peor no es solo la frase. Es la normalidad con la que ya se acepta que un presidente de Estados Unidos amenace públicamente a un aliado histórico porque intenta negociar con Irán el control del estrecho de Ormuz. Diplomacia mafiosa. O haces lo que digo o te destruyo.
Mientras tanto, su empresa levanta un resort de lujo de 500 millones de dólares en Omán. Bombas arriba. Campos de golf abajo. El capitalismo convertido en chantaje geopolítico televisado.
Lo contamos en este artículo. Sin maquillaje. Sin la propaganda del “presidente anti guerras”.
El Rocío vuelve a convertirse en una romería de muerte animal mientras las instituciones miran hacia otro lado
¿Cuántos animales tienen que morir para que alguien diga basta en El Rocío?
Este año ya van 18. Caballos desplomados. Mulas abrasadas en un camión. Bueyes atados al sol sin agua. Y mientras tanto, las instituciones maquillando cifras y hablando de “cólicos” para no llamar a las cosas por su nombre.
No es tradición si el sufrimiento forma parte del espectáculo. No es cultura si nadie responde por los animales que revientan en mitad del camino. Y no, no son “casos aislados”. Llevamos años viendo lo mismo. Año tras año. Cadáver tras cadáver.
Hemos contado todo lo que no aparece en los comunicados oficiales. Las cifras. La opacidad. Las inspecciones sin explicación. El negocio que se esconde detrás de una romería convertida en postal intocable.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir
Seria bueno preguntar al autor, que cantidad de hispanos (catolicos o no) y blancos (catolicos o no) votaron a cada uno. Os sacais las estadisticas del culo.
Y que sectarios teneis que ser para decir: «nos obligó a defender a la Iglesia (y por eso lo odiamos más)». SEC – TA – RIOS!