Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
O sobre cómo la izquierda insiste en sorprenderse de aquello que se niega a corregir.
Por Javier F. Ferrero
Aragón no ha emitido un mensaje ambiguo. Ha pronunciado una frase completa, con sujeto, verbo y consecuencias en lugar de predicado. El problema no es que no se entienda. El problema es que no se quiere asumir.
El PP gana con 26 escaños, pese a perder apoyos. Vox dobla su fuerza hasta 14 y se convierte en el eje real del poder. El PSOE cae a su mínimo histórico con 18. Podemos desaparece, IU-Sumar sobrevive, Teruel Existe se debilita y CHA crece. No hay misterio. Hay estructura. Y hay una lección que ya no es nueva, solo reiterada.
La política contemporánea no castiga la incoherencia moral, castiga la falta de eficacia material. El progresismo patrio lleva demasiado tiempo confundiendo la primera con la segunda. Cree que basta con tener razón para ganar. Cree que basta con advertir del peligro para evitarlo. Cree que señalar al monstruo lo debilita. Pero el monstruo no vive del miedo que genera, sino del vacío que ocupa.
Vox no avanza porque convenza, sino porque resuelve una ecuación básica del poder: ofrece certezas simples en un escenario de renuncias complejas. No importa que sean falsas. Importa que sean claras. Frente a eso, la izquierda comparece con matices, excusas y pedagogía tardía. Y la pedagogía, cuando llega después de la decepción, suena a justificación.
El PSOE encarna mejor que nadie esta contradicción. Ha interiorizado la idea de que gobernar consiste en no tocar demasiado. Vivienda sin confrontar al mercado. Fiscalidad sin incomodar a los grandes patrimonios. Ley mordaza sin derogar. OTAN como dogma. Gasto militar en aumento mientras los servicios públicos siguen en tensión. Derechos humanos defendidos solo cuando no interfieren con intereses estratégicos.
Ese conjunto no es neutral. Es una posición política, aunque se disfrace de responsabilidad.
El resultado no es solo desafección. Es algo más grave: desmovilización ética. Cuando amplios sectores sociales perciben que vote quien vote hay líneas que no se cruzan, la política deja de ser una herramienta de transformación y pasa a ser un ritual vacío. Y los rituales vacíos no generan lealtad, solo abandono.
A la izquierda del PSOE, el problema adopta otra forma, pero comparte fondo. La fragmentación se ha naturalizado como si fuera pluralismo. No lo es. Es incapacidad para construir poder compartido. Cada proyecto protege su identidad como si fuera un patrimonio en peligro, mientras el terreno común se erosiona. El resultado no es diversidad, es irrelevancia acumulada.
CHA demuestra que otra lógica es posible, pero también señala el límite. Crecer desde el arraigo y la coherencia funciona, pero no basta si no existe un horizonte común. La suma no se produce por afinidad ideológica, sino por voluntad de construcción. Y esa voluntad brilla por su ausencia en el conjunto de la izquierda estatal.
Aquí aparece la dimensión más incómoda del momento político: la izquierda ha olvidado que el poder no es un subproducto del discurso, sino su condición de posibilidad. Sin poder no hay políticas públicas. Sin políticas públicas no hay mejora material. Sin mejora material no hay relato que resista.
Y sin relato, el miedo gana por incomparecencia del adversario.
Aragón no es una excepción territorial. Es un síntoma sistémico. Ocurre cuando se gobierna sin disputar. Cuando se administra sin transformar. Cuando se confunde moderación con prudencia y prudencia con renuncia. La derecha puede perder votos y aun así ganar poder porque sabe para qué quiere gobernar. La izquierda, demasiadas veces, parece gobernar para no perder.
La pregunta, por tanto, no es si la lección está clara. Lo está desde hace tiempo. La pregunta es otra, más incómoda y menos retórica: ¿hay voluntad real de cambiar el marco o solo de gestionarlo un poco mejor?
Porque si la respuesta es la segunda, Aragón no será una advertencia. Será solo otro capítulo más de una historia que ya conocemos demasiado bien.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
La injerencia nuestra de cada día: Trump mete la mano en Colombia
Trump no está “opinando” sobre Colombia. Está marcando territorio. La misma derecha que grita “soberanía” cuando gobierna la izquierda se arrodilla ante Washington cuando el amo levanta la ceja. Llaman libertad a que Estados Unidos les diga qué candidato conviene. Llaman democracia a la subordinación.
La tregua israelí en Líbano ya suma casi 3.500 bombardeos
Casi 3.500 bombardeos durante una tregua. Ese es el resumen. Israel llama alto el fuego a seguir destruyendo Líbano con otro nombre, mientras Washington convierte la paz en una cuestión de intensidad: no parar la guerra, solo hacerla más administrable. Cuando una tregua deja aldeas arrasadas, más de 1 millón de personas desplazadas y una quinta parte del país huyendo, no estamos ante un acuerdo frágil, sino ante una gran mentira.
El poder, el silencio y Canal Sur: el caso que sacude a la principal productora de la RTVA
No hablamos de una empresita cualquiera ni de un jefe cualquiera. Hablamos del CEO de la principal productora de Canal Sur, investigado por agresión sexual y acoso, al frente de una empresa participada mayoritariamente por la Junta de Andalucía y alimentada por la televisión pública. El poder siempre dice que no sabía nada cuando el escándalo ya no cabe debajo de la alfombra. Y aquí hay demasiadas alfombras, demasiados despachos y demasiadas instituciones mirando hacia otro lado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir