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Un anuncio en el evento más visto de Estados Unidos exige verdad, nombres y responsabilidades antes de que el poder vuelva a cerrar filas
El domingo 9 de febrero, en pleno escaparate de la Super Bowl, las supervivientes de Jeffrey Epstein decidieron ocupar el espacio que durante años les fue negado. Mientras millones de personas miraban anuncios de coches y apuestas, ellas lanzaron uno distinto. Sin metáforas. Sin nostalgia. Una advertencia política y judicial: no van a pasar página.
El mensaje fue directo. “Únete a nosotras. Dile a la fiscal general Pam Bondi que es hora de saber la verdad”. No había marcas detrás ni estética de marketing emocional. Había una exigencia pública dirigida a Pam Bondi, responsable máxima del Departamento de Justicia. Y había una fecha límite clara. Un día después, el lunes 10 de febrero de 2026, miembros del Congreso entrarían en el Departamento de Justicia de Estados Unidos para revisar los archivos sin censurar del caso Epstein, mientras Ghislaine Maxwell debía testificar ante el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes.
No fue casualidad. Fue estrategia.
LA IMPUNIDAD COMO SISTEMA
Durante años, el caso Epstein se ha presentado como una anomalía. Un millonario corrupto. Un depredador aislado. Un escándalo con principio y final. Pero esa narrativa es falsa. Epstein operó durante décadas, con una red de captación, transporte y abuso de menores que atravesó fronteras, instituciones y élites políticas y económicas. Nada de eso ocurre sin protección.
En 2008, Epstein cerró un acuerdo judicial en Florida que le permitió evitar la cárcel por delitos federales gravísimos. Cumplió 13 meses con privilegios, salidas diarias y un régimen diseñado para no molestar. Ese pacto fue una decisión política, no un error técnico. En 2019, cuando fue detenido de nuevo, apareció muerto en una celda de Nueva York. El relato oficial habló de suicidio. La desconfianza pública fue inmediata y masiva.
Desde entonces, la promesa de transparencia ha sido sistemáticamente incumplida. Listas incompletas. Nombres tachados. Documentos clasificados. Una coreografía de opacidad que protege a quienes tenían algo que perder. Las supervivientes lo saben. Por eso eligieron el mayor altavoz posible.
La Super Bowl no es solo un evento deportivo. Es un ritual nacional, una celebración del poder económico, mediático y cultural de Estados Unidos. Interrumpirlo con una acusación es romper el decorado. Decirle al país que la violencia sexual no fue un episodio, sino una estructura sostenida por silencios cómplices.
LA VERDAD NO PRESCRIBE
El anuncio no pedía venganza. Pedía acceso a la verdad. A los archivos completos. A los nombres que nunca llegaron a los titulares. A las relaciones políticas, empresariales y mediáticas que hicieron posible la impunidad. Pedía que el Estado deje de proteger a los suyos.
La comparecencia de Ghislaine Maxwell ante el Congreso el 10 de febrero de 2026 no es un trámite. Es una grieta. Maxwell fue condenada en 2021 por tráfico sexual de menores. Cumple una pena de 20 años. Sabe cómo funcionaba la red. Sabe quién entraba y quién salía. Sabe quién pagaba y quién miraba hacia otro lado. Cada pregunta que se le haga es una prueba de voluntad política.
La entrada de congresistas al Departamento de Justicia para revisar documentos sin censura tampoco es un gesto simbólico. Es una confrontación directa con la cultura del encubrimiento. Durante años, el sistema judicial estadounidense ha demostrado una enorme capacidad para perseguir a personas pobres, racializadas o disidentes, y una sorprendente torpeza cuando se trata de juzgar a millonarios bien conectados.
Las supervivientes no aceptan ese doble rasero. No aceptan el cierre en falso. No aceptan que se les pida pasar página cuando la página sigue manchada de nombres que nadie se atreve a pronunciar. Su anuncio no busca conmover. Busca obligar.
El poder siempre confía en el desgaste. En el olvido. En la distracción. Ellas eligieron el momento en que nadie podía mirar a otro lado. Y dejaron claro que la verdad no es una cuestión de tiempo, sino de coraje.
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