La generosidad no puede ser ocasional ni responder solo a las crisis. Debe ser intrínseca, constante y reflejarse en todas las operaciones de una empresa.
En el mundo de la imagen y la percepción pública, la delgada línea entre la filantropía genuina y el lavado de imagen es cada vez más borrosa. Y el reciente acto de generosidad de Inditex con una donación de tres millones de euros a Cruz Roja para las víctimas del terremoto de Marruecos ha desencadenado un debate que nos hace cuestionar: ¿Realmente se trata de una preocupación genuina por las víctimas o es solo una estrategia de relaciones públicas?
El imperio que Amancio Ortega ha construido con Inditex es innegable. Tiendas en casi cada esquina del mundo, colecciones que marcan tendencia y un modelo de negocio que muchos intentan imitar pero pocos logran igualar. Pero detrás del brillo y el glamour de las pasarelas y tiendas, hay sombras que a menudo se pasan por alto.
Marruecos, un país que ha sido históricamente una base clave para la producción de Inditex, ha estado en el centro de muchas de estas críticas. Las condiciones laborales, las largas horas y la escasa remuneración de las y los trabajadores en las fábricas de Inditex en el país africano han sido objeto de debate durante años.
Ahora, con una donación tan generosa en medio de una tragedia, el contraste entre la filantropía de Inditex y las condiciones de trabajo en Marruecos se ha vuelto más evidente que nunca. No es suficiente hacer donaciones generosas si, al mismo tiempo, no se abordan las cuestiones fundamentales que afectan a las y los trabajadores en el corazón de la empresa.
LAS VOCES DE DENUNCIA
Las redes sociales, en particular Twitter, han sido un hervidero de comentarios y críticas hacia la compañía. Aquí, algunas de las voces más destacadas:
El economista Julen Bollain cuestionó con ironía el gesto filantrópico:
«Ahora solo falta que ofrezcan condiciones dignas a las mujeres que cosen su ropa en Marruecos», haciendo referencia a la noticia que señala la jornada laboral de las costureras de Inditex en Marruecos y su escasa remuneración.
Por su parte, el escritor y periodista Fonsi Loaiza hizo un contraste directo entre la donación y las condiciones laborales en las fábricas marroquíes de la empresa:
«Inditex de Amancio Ortega dona 3M€ a Marruecos por el terremoto. Es la misma empresa que tiene 348 fábricas en Marruecos con costureras trabajando por 300 euros al mes».
Inditex de Amancio Ortega dona 3M€ a Marruecos por el terremoto. Es la misma empresa que tiene 348 fábricas en Marruecos con costureras trabajando por 300 euros al mes. pic.twitter.com/7bgG0e1GGQ
Diego FS y Black compartieron titulares similares, con el primero declarando «Las dos caras de Inditex» y el segundo subrayando cómo las grandes empresas «aprovechan y lavan su imagen».
Mientras tanto, el usuario conocido como Doctor Jekyll lanzó una crítica más directa y mordaz, presentando un «curso de alienación» de la empresa:
«Hoy en el Curso de alienación de Inditex le enseñaremos a estafar dinero y que la gente aplauda pidiendo más: 1. Evada todos los impuestos que pueda. 2. Done las migajas cuando haya una desgracia que preocupe a la gente asegurándose de que todos los medios lo saquen a la vez», adjuntando un titular que sugiere que Inditex evitó 600 millones en impuestos gracias a la ingeniería fiscal.
Hoy en el Curso de alienación de Inditex le enseñaremos a estafar dinero y que la gente aplauda pidiendo más:
1. Evada todos los impuestos que pueda. 2. Done las migajas cuando haya una desgracia que preocupe a la gente asegurándose de que todos los medios lo sacan a la vez. https://t.co/ipqSiJSqgHpic.twitter.com/WtXeY1PBCb
La narrativa es clara. En esta era de conciencia social, las corporaciones, especialmente las de la magnitud de Inditex, deben hacer más. La generosidad no puede ser ocasional ni responder solo a las crisis. Debe ser intrínseca, constante y reflejarse en todas las operaciones de una empresa.
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Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
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Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
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La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
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Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.