Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Una industria clandestina que enriqueció a médicos y traficantes a costa de un hombre roto.
LA CAÍDA DE UN ÍDOLO Y EL NEGOCIO DE SU FRAGILIDAD
Matthew Perry murió el 28 de octubre de 2023, a los 54 años, por una sobredosis de ketamina. Su adicción era pública. Su vulnerabilidad también. Lo que no sabíamos era la maquinaria que se movía alrededor para exprimir cada uno de sus recaídos.
La justicia estadounidense acaba de dictar su primera condena. El doctor Salvador Plasencia, de 44 años, fue sentenciado a dos años y medio de prisión federal y a pagar 5.600 dólares. Es la primera pieza en caer de un caso que implica a cinco personas y que retrata una trama donde la medicina dejó de ser cuidado para convertirse en negocio.
Los padres del actor lo dijeron sin medias tintas en una carta dirigida al tribunal. “Este médico conspiró para romper sus votos más importantes… para aprovecharse de la vulnerabilidad de nuestro hijo”. Lo vieron acercarse a él en secreto. Lo oyeron reírse de él. Le vieron convertir la fragilidad de un ser humano en una oportunidad de enriquecimiento.
Porque todo estaba tarifado. Cada vial costaba 12 dólares, pero los doctores lo revendían por más de 2.700. Le cobraron 55.000 dólares por 20 viales. Y no se limitaron a vender: le enseñaron a inyectarse. A él y a su asistente. Una pedagogía mortal.
Plasencia ya había perdido su licencia y su clínica en Calabasas, pero eso es irrelevante cuando lo que está en juego es una vida que ya no puede recuperar su dignidad. La fiscalía lo dijo con precisión quirúrgica: “Sus violaciones de confianza contribuyeron al daño sufrido por Perry”.
A lo que llaman tratamiento es en realidad un circuito de explotación, donde las y los profesionales que deberían proteger se convierten en proveedores de un mercado clandestino sostenido por personas en su punto más bajo.
UNA RED QUE MEZCLA PRESTIGIO, ADICCIÓN Y BENEFICIO
La sentencia de Plasencia marca un camino. Tras él vendrán Jasveen Sangha, conocida como La reina de la ketamina. También los doctores Mark Chávez, Kenneth Iwamasa y Erik Fleming. Todos aceptaron su culpabilidad entre 2024 y 2025.
Pero la historia no es solo judicial. Es ética. Es política. Es estructural.
Sangha enfrenta hasta 65 años de cárcel. Iwamasa, 15. Fleming, 25. Chávez, 10. Una red que mezclaba clínicas de lujo, proveedores cómplices y un asistente personal convertido en administrador de dosis. Una cadena donde cada eslabón sabía que el siguiente aceleraba la destrucción del actor.
La investigación reveló que Perry fue inyectado incluso en un aparcamiento de Santa Mónica semanas antes de morir. Plasencia lo confesó: su propósito no era médico. Era financiero.
Los padres del actor lo pusieron en palabras que perforan. “Me pregunto cuánto pagará este imbécil. Averigüémoslo”, escribieron que se burlaban de él sus propios médicos, según los mensajes aportados a la causa. No es solo corrupción profesional. Es crueldad organizada.
En octubre de 2024, el doctor Chávez ya había reconocido su implicación. En septiembre de este año, Sangha también. Todos asumiendo una responsabilidad que llega demasiado tarde para un hombre que intentó rehabilitarse decenas de veces, que escribió sobre su lucha, que pedía ayuda sin encontrar profesionales que no tuvieran la mano extendida en otra dirección.
No se trata solo de un caso judicial. No se trata solo de un actor famoso atrapado en sus sombras. Es un espejo de un sistema donde la adicción se convierte en materia prima. Donde algunos médicos y médicas deciden que su juramento pesa menos que la ganancia rápida. Donde quien debería proteger acaba cavando la tumba de quien busca ayuda.
Y en el fondo, una verdad que duele: Matthew Perry nunca estuvo solo. Estuvo rodeado de gente que vio en él una cuenta corriente.
La cárcel llega tarde. La muerte llegó antes. El negocio continúa.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir