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Casi un millón de personas, según CGT, se lanzaron a la calle en defensa de una edad justa de jubilación
El grito ensordecedor de la ciudadanía gala reverbera una vez más en las calles: 900 000 personas, según la Confederación General de Trabajadores (CGT), cifra que el gobierno de Macron rebaja hasta las 280000, han alzado sus voces contra las reformas de las pensiones. Su voz resonante, una oda a la resistencia, agita los pilares del poder instituido.
UNA OLA DE DISCONFORMIDAD SE ABATE SOBRE EL ESTADO FRANCÉS
Huelgas y paros, orquestados por diversos sindicatos, han surgido como tormentas sobre los campos eléctricos, educativos y sanitarios. El gobierno francés, en su lucha contra el fraude pensionario, planea desmantelar los pagos a los retirados extranjeros fallecidos. Y en medio de este caos, la oposición se aglutina: se estima que 281.000 almas han elevado sus protestas en toda Francia contra la reforma de las pensiones, según informa el Ministerio del Interior.
Las protestas han movilizado a unos 11.000 policías y gendarmes en todo el país, sin embargo, en la Ciudad de la Luz, la marcha ha sido pacífica, salvo por enfrentamientos esporádicos con la Policía en la avenida Port Royal.
EL CONFLICTO SE EXTIENDE POR TODO EL PAÍS
Bajo el paraguas de la resistencia nacional, sindicatos de todos los rincones del país han liderado huelgas y paros que han ocasionado el cierre de carreteras y aeropuertos, resultando en numerosos vuelos cancelados. Otros focos de la protesta, Niza, Toulouse, Nantes, Marsella y Rennes, se han unido al coro de voces discordantes, cada una añadiendo su propia nota a la sinfonía de descontento.
El fulcro de la ira pública es la reforma de las pensiones, que ha elevado la edad mínima de jubilación de 62 a 64 años. Este episodio marca la protesta menos masiva de los últimos seis meses en un país que ha experimentado el mayor estallido de manifestaciones de este siglo.
LOS DESCONTENTOS: UNA VISTA CERCANA A LA LUCHA
Pese a la disminución en el número de manifestantes, Sophie Binet, secretaria general de la CGT, mantiene que este no será el último día de movilizaciones. Aunque las tensiones subyacentes parecen apuntar a una división entre los sindicatos, con Laurent Berger, secretario general de la CFDT, admitiendo que este podría ser el último día de protestas en este formato, Binet insiste en que seguirán unidos.
LA MANIOBRA PRESIDENCIAL PARA EVITAR LA REVOCACIÓN DE LA MEDIDA
Las tácticas del gobierno francés, específicamente de los partidos aliados al presidente Emmanuel Macron, han estado orientadas a esquivar la votación de una propuesta de ley que busca revocar la impopular medida. Este jueves se espera un debate en la Asamblea Nacional en torno a la derogación del aumento de la edad legal de jubilación. Sin embargo, los movimientos del partido en el poder en las últimas semanas parecen buscar vaciar de sustancia esta propuesta de ley.
El comité parlamentario de Asuntos Sociales se manifestó la semana pasada en contra del principal artículo de esta propuesta de ley. Yaël Braun-Pivet, la presidenta de la Asamblea Nacional, ha anunciado que se opondrá a cualquier intento de revocar el aumento de la edad de jubilación a 64 años.
LA DEMOCRACIA EN JAQUE: LA MANIPULACIÓN DEL PROCESO LEGISLATIVO
Estas decisiones, inusuales en el proceso legislativo francés, refuerzan la anomalía democrática de que una de las medidas emblemáticas del segundo mandato de Macron no haya sido votada en el Parlamento, donde el macronismo no tiene mayoría absoluta y la reforma de las pensiones carece de un respaldo garantizado.
«El Gobierno utiliza todos los subterfugios para que esta reforma no sea sometida a una deliberación democrática», lamenta Fabrice Esteve, un profesor de 57 años y militante de la CGT. Agnès, una jueza jubilada de 71 años e integrante del Sindicato de la Magistratura, va más allá, criticando duramente un «sistema político que concentra la gran mayoría de los poderes en las manos del presidente».
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