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El FMI, los mercados y Washington celebran una victoria que se mide en miedo, no en votos.
EL PRECIO DEL “MILAGRO”: EL AJUSTE QUE DESANGRA A ARGENTINA
El relato del “éxito económico” de Javier Milei se sostiene sobre una contabilidad del sufrimiento. Mientras el Gobierno presume de haber reducido la inflación al 7% mensual, el precio de los alimentos subió más del 300% en un año y el desempleo alcanzó cifras récord desde 2002. Los datos macroeconómicos sonríen porque han dejado de contar a las personas.
El plan de ajuste, diseñado con la bendición del Fondo Monetario Internacional, incluye despidos masivos, privatizaciones aceleradas, congelamiento salarial y recorte del gasto público en salud, educación y políticas sociales. En menos de un año, se eliminaron más de 50.000 empleos estatales, cerraron 1.800 pymes y los hospitales públicos operan al límite.
La reducción del déficit fiscal, convertida en dogma, ha significado que el Estado argentino abandone su función social y se subordine a la rentabilidad de los fondos de inversión. La ministra de Economía, Sandra Pettovello, lo definió como “la austeridad necesaria para volver al mundo”, una frase que resume el viejo proyecto colonial del FMI: disciplinar el hambre y llamar “estabilidad” al sufrimiento.
Pero la estabilidad es solo aparente. El endeudamiento externo vuelve a niveles de crisis: Argentina deberá pagar 27.000 millones de dólares al FMI entre 2026 y 2028, el doble de lo que destina hoy a sanidad y educación juntas. La moneda se estabiliza porque el miedo paraliza el consumo. Los indicadores mejoran porque la gente no puede comprar.
Milei convirtió el ajuste en un acto de fe. Cada recorte es presentado como “sacrificio patriótico”. Cada cierre de fábrica, como una “purificación del mercado”. El hambre se volvió argumento político.
TRUMP, EL FMI Y LA VICTORIA DEL MIEDO
El triunfo legislativo de La Libertad Avanza, con un 40% de los votos y una victoria inédita en Buenos Aires, no es solo argentino: es un triunfo del trumpismo global. El presidente estadounidense felicitó a Milei por su “trabajo excelente” apenas una hora después del escrutinio. No era cortesía diplomática. Era un aviso: Washington premia la obediencia.
Hace una semana, Donald Trump condicionó un rescate financiero de 40.000 millones de dólares a los resultados de las elecciones. Si Milei perdía, no habría ayuda. La democracia argentina votó, literalmente, con una pistola económica en la sien.
El mensaje fue claro: el FMI garantiza la gobernabilidad de quien garantice los intereses de Estados Unidos. No de quien proteja a su pueblo. Argentina se convirtió en un laboratorio del nuevo imperialismo financiero: el miedo como herramienta de disciplina.
El mercado aplaude porque las multinacionales se quedan con las joyas del Estado: YPF, Aerolíneas Argentinas y los ferrocarriles están en proceso de privatización. Los fondos buitre, que antes litigaban contra el país, hoy asesoran al Ministerio de Economía. El propio Milei ha anunciado la apertura “sin restricciones” a la inversión extranjera, incluso en sectores estratégicos como la energía y la minería de litio.
A cambio, Estados Unidos asegura “apoyo financiero y militar”. La vieja receta: ajuste, deuda y sumisión.
La baja participación (67%) refleja una sociedad agotada. No fue una ola de entusiasmo lo que llevó a Milei a ganar, sino una mezcla de resignación, miedo y desinformación amplificada por los grandes medios, que repiten que “todo mejora” mientras los comedores populares duplican su demanda.
El peronismo, fracturado y perseguido judicialmente, no supo ofrecer una alternativa sólida. Axel Kicillof advirtió la noche electoral: “El pueblo sufre y Milei festeja”. Pero su voz se perdió entre los fuegos artificiales de los mercados y los titulares celebratorios de Clarín y La Nación.
Argentina no votó esperanza. Votó miedo.
El miedo a perder lo poco que queda, a desafiar al poder financiero, a volver a creer en lo común.
Un país entero se está sacrificando para que Wall Street duerma tranquilo.
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Excelente comentario, pocos son los medios extranjeros, soy de Argentina.