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El norte de Europa «extorsiona» a los países más afectados por la crisis sanitaria pidiéndole reformas que no aceptarían de otra manera.
Mark Rutte, primer ministro de Países Bajos, quiere garantías de que las transferencias de dinero que recibirán los países más afectados por el coronavirus servirán para que estos se adapten a lo que el norte de europa quiere, aún a costa de los derechos sociales de sus ciudadanos.
Todos los países llegaron a la cumbre europea de Bruselas, que negociará el mayor acuerdo presupuestario en la historia de la Unión Europea para paliar los daños económicos causados por el coronavirus, con la idea en la cabeza de que es necesario un acuerdo para que Europa responda a la gravedad de la crisis creada por el Covid-19, aunque era tan optimista como para pensar que el acuerdo sería fácil con huesos duros de roer como Holanda o Alemania.
El Consejo Europeo fue suspendido a medianoche y los líderes europeos seguirán reunidos hoy sábado. Las dos caras de la moneda están claras: el primer ministro holandés Mark Rutte, junto con los demás países de los llamados «frugales» (Austria, Dinamarca y Suecia), en su exigencia de que las ayudas tienen que pagarse con reformas específicas, y el español Pedro Sánchez por el otro, con el apoyo de muchos más países, diciendo que no quiere saber nada de mecanismos excepcionales de supervisión de esos fondos.
El norte exige como contrapartida unas “garantías absolutas” sobre las reformas que acometerán los países beneficiados a cambio de las ayudas. Y entre ellas cita expresamente las de pensiones y mercado laboral. La reforma de las pensiones reclamada por La Haya es un asunto especialmente serio en España e Italia, los dos principales beneficiarios de este gran fondo. Rutte confirma así lo que ya había planteado en privado en las citas en La Haya con Pedro Sánchez y Giuseppe Conte: que a cambio de aprobar el fondo quiere compromisos de que habrá reformas muy sensibles políticamente en España e Italia.
Sobre las cantidades totales, los «frugales» también son partidarios de reducirlas. De los 1,074 billones del presupuesto europeo para los próximos siete años, que ya es menos de lo que piden Parlamento y Comisión, proponen bajar a 1,050. Alemania quiere que la Comisión empiece a devolver cuanto antes el capital principal de la deuda con la que se financiará el fondo de recuperación y muchos otros países pidieron que los cheques de devolución que han quedado como recuerdo de las prácticas que obligaba a hacer la presencia británica en la UE y de los que se benefician varios de los países del norte, deberían desaparecer.
El liberal holandés señala que no pretende decir a cada país las reformas que debe acometer pero exige “garantía absoluta de que se llevarán a cabo”. Una vez que ya se había visto cómo estaban todas las posiciones, Michel ordenó suspender la reunión, para dejar descansar a algunos de los presidentes.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, según fuentes españolas, defendió el mantenimiento de la propuesta original (1,85 billones de euros en total), calificada por la Comisión como el mínimo imprescindible para reactivar la economía europea después de la parálisis de la pandemia. Sánchez también rechazó de manera tajante la aprobación por unanimidad del desembolso de las ayudas y reclamó “un sistema ágil y eficiente”.
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