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El geógrafo David Harvey reedita el ensayo Espacios del capitalismo global (Akal)
Por Enric Llopis
“El neoliberalismo ha fracasado en cuanto a estimular el crecimiento económico mundial”, afirma el geógrafo marxista David Harvey.
Se basa en los datos del Banco Mundial. La tasa de crecimiento per cápita del PIB mundial se situó en torno al 3,5% anual en la década de 1960, y descendió a un promedio del 2,4% en los años 70; asimismo la tasa de crecimiento se redujo -aún en mayor medida- en las décadas posteriores: incremento medio del 1,4% en los años 80, del 1,1% en los 90 y sobre el 1% en la década de 2000. Sin embargo el neoliberalismo ha supuesto un gran triunfo en la restauración del poder de clase de las élites dirigentes, subraya el teórico social británico.
Otro “éxito” neoliberal puede apreciarse en el aumento de las desigualdades. En el libro Espacios del capitalismo global. Hacia una teoría del desarrollo geográfico desigual, reeditado por Akal en abril, Harvey se apoya en el análisis de Gérard Duménil y Dominique Lévy (Neo-Liberal Dynamics: A New Phase? 2004).

Respecto al 1% de la población más rica de Estados Unidos, escriben los dos economistas, “antes de la Segunda Guerra Mundial, esos hogares recibían alrededor del 16% de la renta total. Ese porcentaje cayó rápidamente durante la guerra y, en la década de 1960, se había reducido al 8%, una meseta que se mantuvo durante tres décadas. A mediados de la década de 1980 se disparó repentinamente, y para fines de siglo alcanzó el 15%. En cuanto a la riqueza total, la tendencia es en general idéntica (…)”.
David Harvey es profesor de Antropología y Geografía en el Graduate Center de la City University of New York (CUNY) y director del Center of Place, Culture and Politics de la citada universidad. Considera, en Espacios del capitalismo global, que la restauración del poder de clase que implica el neoliberalismo puede observarse como un proceso continuado de “acumulación por desposesión”.
En este proceso se insertan las privatizaciones que, por ejemplo en el caso de India, según las investigaciones de la escritora y activista Arundhati Roy, han llevado a que la tierra, los bosques, el agua o el aire acaben en manos de empresas (“un proceso de despojo bárbaro a una escala que no tiene paralelo en la historia”).
Y también se integra la llamada financiarización, que se caracteriza por unas formas “especulativas” y “depredadoras”, sostiene Harvey (el geógrafo económico Peter Dicken señala en el libro Global Shift que las transacciones financieras en los mercados internacionales pasaron de 2.300 millones de dólares en 1983 a 130.000 millones en 2001).
Otro factor mencionado por David Harvey, en el contexto de la acumulación por desposesión, es la “trampa de la deuda”. Las crisis de la deuda, poco frecuentes en los años 60 del siglo XX, proliferaron en las décadas de 1980 y 1990, de manera que muy pocos países del Sur estuvieron exentos. Ejemplos claros fueron la bancarrota y subsiguiente ajuste estructural en México (1994) o la crisis financiera de los países asiáticos, en 1997-1998, con epicentro en Indonesia, Corea del Sur y Tailandia.
A la acumulación privada contribuyeron, además, las redistribuciones estatales en sentido contrario al de la época de hegemonía socialdemócrata en Europa. El autor de Guía de El Capital de Marx; Senderos del Mundo;o Marx, El capital y la locura de la razón económica cita el ejemplo de la privatización de la vivienda social en Gran Bretaña, durante la presidencia de Thatcher (1979-1990), que precipitó la especulación y las tendencias gentrificadoras; o la privatización de los ejidos en México, en los años 90, con un fuerte impacto sobre la población campesina.
El ensayo de Akal aborda también la diversidad en los movimientos de rechazo al neoliberalismo. Los movimientos obreros continuaron activos, pese a los ataques que sufrieron en los países del Norte y que los debilitó; en la década de los 80 cobraron vigor en Sudáfrica y Corea del Sur, con un potencial muy notable –destacado por Harvey- en Indonesia y China. Formas muy diferentes a las tradicionales adquirió la rebelión zapatista, a partir de enero de 1994, que no trató de conquistar el poder estatal. Muchas de las organizaciones de izquierda se reunían en el Foro Social Mundial.
La segunda parte del libro está dedicada al desarrollo geográfico desigual en el seno del capitalismo. Una de las ideas en las que insiste David Harvey es la inserción material de los procesos sociales en la “trama de la vida”. Es lo que ocurrió con la quiebra de la empresa Enron (finales de 2001) y la crisis energética en California, que se tradujo en restricciones y un incremento del precio de la electricidad que afectó a los usuarios.
El académico británico también subraya “los efectos de las crisis fiscales y las políticas de ajuste estructural en México, Argentina, Mozambique, Indonesia, Tailandia y Corea, que alteraron profundamente la vida cotidiana de casi toda la población en esos países”.
Rechaza, por tanto, que pueda considerarse un “mundo de la vida” aislado de las relaciones sociales capitalistas y la circulación del capital; asumir lo contrario supondría, además, alejarse de las enseñanzas de Marx sobre la investigación materialista histórica. En este contexto, Harvey valora especialmente las aportaciones del sociólogo Henri Lefebvre respecto a la transformación de la cotidianidad y de Gramsci sobre el “sentido común”.
El geógrafo atribuye gran importancia -para el estudio del desarrollo geográfico desigual- a los problemas planteados por el ecologismo; pero también tienen relevancia factores como la productividad agrícola, la disponibilidad de petróleo, la reducción en el coste y en el tiempo del transporte de mercancías o la exportación de excedentes de capital y mano de obra.
En esencia, la acumulación por desposesión –en sus diferentes grados- contribuye al desarrollo geográfico desigual y a que el sistema genere una apariencia de estabilidad. David Harvey cita el caso de “la destrucción en el siglo XIX de la industria textil artesanal india, muy desarrollada, para facilitar las exportaciones británicas baratas de tejidos de algodón”; o de la desindustrialización de numerosas regiones tradicionales en las décadas de 1980 y 1990. Por otro lado se despliegan las diferentes potencias hegemónicas de acumulación, sean las ciudades-Estado italianas (Venecia y Génova), Países Bajos, Gran Bretaña o Estados Unidos.
Pero el despojo de las poblaciones también deriva hacia movimientos de resistencia. “La lucha palestina por la restauración del derecho a la tierra y el agua es fundamental para comprender el conflicto de Oriente Próximo y se conecta con luchas geopolíticas más amplias sobre la dinámica de acumulación de capital dentro de la región”, escribe el autor de Espacios del capitalismo global.
Otra línea de investigación observaría cómo el surgimiento de unos centros de acumulación de capital “exitosos”, en los que se fabrican bienes de exportación global, pueden marcar los criterios de organización tecnológica, sindical y costes laborales en otras regiones del planeta; o incluso condicionar la desindustrialización de estas. El autor menciona el caso del Delta del Río de las Perlas, en el centro de Cantón (sur de China).
“El capitalismo supone un desarrollo geográfico desigual”, sostiene David Harvey. El investigador publicó en 2003 Paris, Capital of Modernity y unos años antes, en 1982, The Limits to Capital. En las dos obras abordaba, desde una perspectiva marxista, la acumulación de capital en el espacio y el tiempo y, por otra parte, las transformaciones urbanísticas en la capital francesa durante el II Imperio (1852-1870), lo que le permitió ahondar en la comprensión de la Comuna de 1871.
En el último apartado del libro, Harvey reflexiona en torno al “espacio”como palabra clave. “La concepción absoluta (del espacio) puede ser del todo adecuada para cuestiones de límites de propiedad y determinaciones de fronteras, pero no me ayuda en absoluto respecto a la pregunta de qué es la Plaza de Tiananmen, la Zona Cero de Manhattan o la Basílica del Sacré Coeur de París”, afirma. Por esta razón, en su trabajo de geógrafo extiende el uso de esta categoría al espacio-tiempo absoluto, relativo y relacional.
Fuente: Rebelión
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