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El camino es un documental muy necesario para combatir la ola de populismo de extrema derecha que está recorriendo el mundo.
Hemos visto El camino, uno de los documentales que opta a las candidaturas de los Premios Goya de este año, y que dirige José Manuel Colón, y en él hemos encontrado unas cuantas maneras de desmontar la xenofobia que agitan partidos como Vox y sus simpatizantes. La película cuenta con testimonios de personas refugiadas y migrantes, y con algunos puntos de vista que pueden desarmar los discursos de la ultraderecha. Estos son algunos de ellos:
- Lina, Sitta, Adama, Sylvia Fátima, Ado, F.S., F.G. o A.F. no vienen a por ninguna “paguita”: Huyen de las guerras y de los violadores.
Los de Abascal no han parado de repetir que las personas inmigrantes son poco más que gente que quiere vivir del cuento, de la delincuencia, o del Estado. Nada más lejos. La realidad está en los testimonios de estas mujeres, algunos en forma de cartas leídas por actrices como Maribel Verdú, Malena Alterio o Nathalie Seseña. Al marido de Sitta lo asesinaron en la guerra y su hija también falleció al beber agua envenenada por cadáveres. F.S. explica cómo la frontera mató a todos sus compañeros de patera, “porque si no hubiésemos estado ahogándonos en una frontera, hubiesen venido a salvarnos.” A Ado la violaron mientras un guardia lo veía todo sin hacer nada para ayudarla. Nicole Ndongala, directora de la Asociación Karibu en Madrid, a donde acuden las supervivientes en busca de un lugar seguro, cuenta cómo incluso niños fueron obligados a abusar de sus propias madres. Tanto que habla Vox de los violadores, ¿por qué no quiere proteger a estas mujeres que están huyendo de los hombres que las violan, las torturan y las matan?
2. Los inmigrantes no son delincuentes: son personas que vienen a trabajar y, por tanto, contribuyen a la economía.
El documental nos presenta a Claude Moraes, un ex eurodiputado experto en migración, que lanza algunas cifras interesantes. Por un lado, estima en unas 140000 las personas que entraron a la Unión Europea el año pasado, de las cuales unas 2000 perdieron la vida. Por otro lado, asegura que, gracias a que esos migrantes llegan, trabajan (sí, también los que lo hacen sin contrato, en condiciones de explotación y en tareas que nadie quiere hacer, pero que también cuentan para los cálculos) y, en definitiva, viven, su contribución económica a la UE es y será de hasta 3,9 mil millones netos por año hasta 2026. “Lo que te enseña ser inmigrante es que, a menos que trates a las personas con dignidad en el sistema, no tienes nada”, dice Moraes. Dignidad, una característica que estas personas que luchan por poder ganarse la vida le enseñan con los ojos cerrados a cualquier ultraderechista y patriota de pandereta.
3. Si te haces llamar creyente, pero odias y explotas a los inmigrantes, eso es una contradicción.
No lo decimos nosotros: lo dicen los propios religiosos. Como el padre Kenneth, un ‘sin papeles’ nigeriano que, después de una larga travesía por el desierto en donde tuvo que beber orina para sobrevivir, y donde vio morir a uno de sus amigos, acabó en Lorca (Murcia) ordenándose como sacerdote. Esta es su reflexión: “Tener otro color de piel o nacer en otro lugar más al sur no puede ser una condena, ni un delito, ni una penitencia. Si verdaderamente eres cristiano, o judío, o perteneces al Islam, ¿qué más da en lo que creas? Simplemente, si eres buena persona, no puedes mirar para otro lado, mientras la vida se pierde cada día. De verdad, no podemos buscar una solución siguiendo los errores realizados hasta ahora. La caridad no va a solucionar el problema de la pobreza. Los muros no van a evitar las muertes. Debemos implicarnos todos. Cambiar el allí para cambiar el aquí. Solo así evitaremos tener tumbas sin nombres.”
O como el padre Mussei Zerai, apodado ‘don Barcone’, que llegó a Ciudad del Vaticano como refugiado, y que expone el verdadero motivo de que exista la inmigración: “La falta de justicia es lo que crea todo este desequilibrio (…) Hoy en día, tenemos a más de 68 millones de personas que se han visto obligadas a abandonar sus hogares, por falta de justicia.” Si Vox, o cualquier partido racista, estuviera realmente interesado en acabar con la inmigración, se preocuparía de ayudar a poner fin a los conflictos que ocurren en el continente africano. Debemos preguntarnos por qué no lo hacen.
4. Frente a respuestas facilonas de barra de bar, y egoísmo de sofá, preguntas y empatía.
Otro de los protagonistas de El Camino lo verbaliza así: “Cuando veo morir de esta manera a estas personas, me pregunto: ¿Qué está pasando en el Mediterráneo?” Es Chamesddine Marzoug, un tunecino que se denomina a sí mismo ‘pescador de cadáveres’, porque entierra voluntariamente los cuerpos sin vida de ‘sus hermanos’ subsaharianos que parten del ‘puerto de la muerte de Libia’. Dudamos que la extrema derecha sepa cómo formular una pregunta inteligente, así que deberían aprender de este humilde y heroico pescador: “Piensas: ¿Por qué se han ahogado? ¿Por qué motivo han tenido que dejar sus casas? Nadie quiere marcharse de su casa.” Además, da completamente en la clave cuando se auto-responde: “Antes de proteger las fronteras, hay que proteger a las personas (…) Europa se aprovecha de todos los recursos de África, pero nosotros no somos bienvenidos en Europa. No entiendo por qué aplican una ley para reducir la inmigración. Las personas que enterramos son como nosotros y como ustedes. Yo no me fijo en cuál es su religión, ni su color de piel.”
5. Los Brazos Abiertos de Palermo.
En la película podemos ver escenas brutales grabadas en el ya famoso barco de salvamento Open Arms. Escenas que el vizconde de Pinar del Rey no tendrá que experimentar jamás, y que nunca intentará evitar. Para alguien que añora la dictadura franquista y que ha vivido toda su vida de los chiringuitos donde le colocaba Esperanza Aguirre, lo fácil es hacer política-espectáculo y chupar del populismo racista, machista, LGTBófobo y clasista, mientras trata de colar el discurso de que todos los políticos son iguales. ¿Todos? No. El alcalde de la ciudad italiana de Palermo resiste, cual Galia, y da una grandiosa lección de derechos humanos. Se llama Leoluca Orlando y, además de haber echado a la mafia de las instituciones, ha aprobado la Carta de Palermo, que establece el derecho a la movilidad internacional. “Nosotros acogemos a todo el mundo. Cuando alguien me pregunta: ¿Cuántos inmigrantes hay en Palermo? Yo respondo: Ninguno. Quien vive en Palermo es palermitano.” Es todo lo opuesto al homólogo italiano de Santiago Abascal, Matteo Salvini, del que habla así: “Es un joven Mussolini. El decreto de Salvini transforma a los que estaban en Palermo, a los que estaban en Italia bajo condiciones legales, de repente en condiciones ilegales. Ha abolido la protección humanitaria, es un decreto inhumano. Salvini no ofende a los migrantes. Salvini va contra los italianos y ofende a los italianos. Ofende nuestra cultura de acogida, ofende nuestra historia, ofende hoy a los migrantes, mañana a los homosexuales y luego a los judíos, y a los romaníes, porque Salvini está convencido de que lo diferente es un enemigo. Nosotros estamos convencidos de que lo diferente es un recurso y una riqueza del futuro.” Además, Orlando (que se sitúa en el centro-izquierda cristiano) desmonta la conocida cantinela fascista de la inseguridad ciudadana: “Somos la ciudad más segura porque, en un país democrático, la seguridad se logra respetando los derechos.” Durante el documental, el alcalde se acerca a saludar a la tripulación del Open Arms, con su máxima: “Todos somos mediterráneos.” Si tan orgullosos están los de la banderita de España hasta en la sopa… ¿Por qué nunca les oiremos decir: “Todos somos españoles”? Quizás es porque quieren quedarse ellos solos y fusilar a 26 millones de hijos de puta, como fantasean esos militares retirados en la cobardía de sus whatsapps.
El camino es un documental muy necesario para combatir la ola de populismo de extrema derecha que está recorriendo el mundo. Se proyectará en los cines Embajadores a partir del 7 de enero, y nos recordará que el amor, la empatía y la solidaridad deben vencer al odio, al miedo y a la violencia. Porque como dice Nicole Ndongala: “Quizás, si mirásemos con los ojos de otro, escuchásemos con los oídos de otro, y sintiéramos con el corazón de otro, este mundo sería más bello y justo”.
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