Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El presidente del Real Madrid no rompió el silencio para explicar nada: lo rompió para recordarnos quién manda.
Por Javier F. Ferrero
EL SILENCIO COMO FORMA DE PODER
Florentino Pérez ha pasado 11 años sin someterse a una rueda de prensa con preguntas y, cuando por fin decidió hablar, no habló como un presidente que rinde cuentas. Habló como un propietario moral de todo lo que toca. Del club, del relato, del periodismo, de las críticas, de la sospecha y hasta del derecho de las socias y socios a pensar algo distinto. El 12 de mayo, en Valdebebas, convocó elecciones, negó su dimisión, denunció una campaña contra él y convirtió una comparecencia pública en un acto de reafirmación casi monárquica.
No me interesa aquí el Florentino presidente de fútbol. Me interesa el Florentino como síntoma. Como figura perfecta de una época en la que los grandes poderes económicos ya no necesitan esconderse detrás de ministros, editoriales o consejos de administración. Salen a escena. Señalan. Reparten legitimidad. Dicen quién puede hablar y quién debe callar. Y si alguien pregunta demasiado, el problema ya no es la pregunta, sino la existencia misma de la o el periodista.
Florentino no compareció para abrir una conversación. Compareció para clausurarla.
Ese es el punto. El silencio de 11 años no era ausencia. Era método. En política, en empresa y en fútbol, callar desde arriba es una manera de gobernar. Hablan otros. Filtran otros. Editorializan otros. Aplauden otros. El jefe aparece solo cuando el decorado amenaza con moverse. Y entonces no llega como parte del debate, sino como instancia superior. Como si el mundo le debiera una explicación por haberle obligado a explicar algo.
Su intervención tuvo esa mezcla tan española de poder viejo y modernidad financiera. Un hombre que preside ACS desde 1997, que ha dirigido el Real Madrid en una primera etapa entre 2000 y 2006 y de forma ininterrumpida desde 2009, presentándose casi como víctima de unas y unos periodistas que, pobre gente, se han atrevido a contar cosas.
El ataque a una periodista fue especialmente revelador. No por anecdótico, sino por estructural. Esa frase sobre si una mujer “sabe de fútbol” no es un desliz aislado. Es una puerta que se abre y deja ver la habitación entera. El poder patriarcal no siempre grita. A veces sonríe, se encoge de hombros y reduce a una profesional a una intrusa. El machismo del palco no necesita pancartas: le basta con una subordinada gramatical.
LA DEMOCRACIA DEL PALCO
Florentino convocó elecciones, sí. Pero incluso ahí la palabra democracia queda deformada por el mármol. Una elección no es solo una urna. Es un ecosistema. Es tiempo, igualdad de condiciones, capacidad real de competir, debate, fiscalización, alternativa. Cuando el poder convoca elecciones desde una posición aplastante, con el aparato simbólico, económico e institucional a su favor, no siempre está abriendo una disputa. A veces está organizando su propia aclamación.
Por eso la frase “el que se quiera presentar, que se presente” suena menos a invitación que a desafío feudal. Presentarse contra Florentino no es solo presentarse contra un presidente. Es presentarse contra una arquitectura. Contra un relato construido durante décadas. Contra una maquinaria donde el éxito deportivo funciona como blindaje moral y donde las Champions se convierten en indulgencias plenarias.
Y aquí aparece la trampa más vieja del capitalismo: confundir eficacia con legitimidad. Como si ganar títulos, multiplicar ingresos o convertir una marca en imperio borrara cualquier discusión sobre poder, transparencia o formas democráticas. No. Una cuenta de resultados no sustituye a una cultura democrática. Una vitrina no absuelve un modelo. El problema no es que Florentino haya ganado mucho. El problema es que parece creer que ganar le exime de responder.
La rueda de prensa fue, también, una lección de distracción. Mientras se hablaba de campañas, enemigos, periodistas y conspiraciones, quedaban sepultados otros asuntos incómodos: los conciertos del Bernabéu, los aparcamientos, los problemas internos, la temporada deportiva, el modelo económico y la pregunta que de verdad incomoda: quién gobierna el Real Madrid y hasta qué punto las socias y socios gobiernan algo más que su propia emoción. En la Cadena SER, Iturralde González lo leyó como una operación política clásica: crear otro conflicto para que no se hable del problema principal.
Ese es el Florentino más interesante y más preocupante. No el que se enfada. El que administra la agenda. El que convierte cada crítica en agresión, cada información en conspiración, cada grieta en una batalla entre el bien y el mal. Esa lógica no pertenece solo al fútbol. Es la misma que vemos en los grandes poderes cuando se sienten observados: no responden, contraatacan. No explican, intimidan. No aceptan fiscalización, fabrican enemigos.
La frase “me tendrán que echar a tiros” debería haber provocado algo más que memes. En un país saturado de testosterona institucional, escuchar a un dirigente deportivo utilizar una imagen así para hablar de permanencia en el cargo no es una excentricidad. Es una estética del mando. Una manera de decir que el poder no se entrega, se arranca. Una pedagogía pésima para un deporte que ya vive demasiado rodeado de violencia verbal, culto al jefe y obediencia tribal.
Y luego está la obscenidad paternalista de hablar de fútbol gratis para “los niños de África”, como si el capitalismo global del espectáculo necesitara barnizarse con caridad para parecer civilización. El fútbol convertido en producto planetario, las audiencias convertidas en mercado, las niñas y niños convertidos en argumento sentimental. Todo muy noble. Todo muy rentable.
Yo no veo en esta comparecencia una rareza. Veo una radiografía. Florentino Pérez no rompió 11 años de silencio para volver al periodismo. Volvió para disciplinarlo. No convocó elecciones para abrir el club. Las convocó para demostrar que el club sigue pasando por él. No habló como quien teme perder el poder. Habló como quien considera una insolencia que el poder tenga fecha de caducidad.
Florentino Pérez ha estado 11 años sin hablar porque podía permitírselo; ahora ha hablado para intentar permitírselo otros 11 más.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
Un turista graba el encierro de San Fermín como si estuviera en una atracción. Adrenalina, golpes, risas y animales convertidos en decorado para conseguir un vídeo viral. No está viviendo una tradición: está consumiendo sufrimiento como entretenimiento.
Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir