Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
El PP andaluz intenta resistir el desgaste sanitario a base de negarlo todo, mientras las izquierdas acusan a Moreno de convertir la salud pública en un negocio para quien pueda pagarlo.
La campaña andaluza entró en su recta final con un debate áspero. Muy áspero. Y con una imagen difícil de esconder: un Juan Manuel Moreno incómodo, a la defensiva, atrapado entre las denuncias sobre la sanidad pública y unas izquierdas que, esta vez sí, decidieron atacar juntas el punto más débil de su gestión. La sanidad. Los cribados fallidos. Las listas de espera. El deterioro del SAS. Las familias que denuncian diagnósticos tardíos. Todo eso que el Gobierno andaluz lleva años intentando reducir a “errores puntuales”.
Fuera del plató de Canal Sur no había precisamente ambiente de celebración democrática. Había protestas. Mareas Blancas. Trabajadoras y trabajadores de la RTVA en huelga. Integrantes de Amama, la asociación que destapó el escándalo de los cribados de cáncer de mama. Gente cansada. Muy cansada. Y mientras Antonio Maíllo, María Jesús Montero y José Ignacio García cruzaban la calle para saludarles, Moreno y Manuel Gavira pasaban de largo. Como si el ruido no fuese con ellos. Como si el deterioro de lo público pudiera ignorarse caminando más rápido.
UNA SANIDAD DESMANTELADA MIENTRAS EL PP REPITE QUE “NO HA PASADO NADA”
El momento más duro del debate llegó cuando las izquierdas pusieron sobre la mesa las consecuencias humanas del caos sanitario. Moreno intentó defenderse asegurando que “ninguna mujer ha fallecido” por la crisis de los cribados y que todo se reducía a “un problema de información con 2.317 mujeres”. Lo dijo así. Frío. Administrativo. Como si hablar de cáncer fuera hablar de una incidencia informática.
Pero enfrente ya no había rivales dispuestos a dejar pasar la frase. “Debe ser que las familias se lo inventan”, le respondió María Jesús Montero. Y ahí se rompió el tono institucional impostado del debate. Porque lo que estaba en discusión no era solo un fallo técnico. Era el modelo. La sospecha cada vez más extendida de que la Junta está dejando degradarse la sanidad pública para empujar a la población hacia la privada.
Antonio Maíllo lo resumió sin rodeos: “un desastre premeditado para convencer a la sociedad andaluza de que la mejor sanidad es la que se paga”. Y cuesta decir que exagera cuando Andalucía lleva años viendo cómo se multiplican las derivaciones a clínicas privadas mientras faltan profesionales, se colapsan los centros de salud y conseguir una cita médica empieza a parecer una lotería burocrática.
El propio Moreno acabó recurriendo a una experiencia personal para intentar defenderse. Habló de su padre. Del cáncer de colon. Del diagnóstico tardío. Del sufrimiento. Un recurso emocional legítimo, sí. Pero también extraño viniendo de quien lleva años gobernando mientras asociaciones de pacientes, sanitarias y sanitarios denuncian exactamente eso: retrasos, saturación y abandono institucional.
Y luego la frase victimista. “Todos contra mí”. Como si el problema fuese el debate. Como si el problema fuese que varias fuerzas políticas le hagan preguntas incómodas y no los miles de andaluces y andaluzas que llevan meses denunciando el colapso sanitario.
BAJADAS DE IMPUESTOS A LOS RICOS Y SERVICIOS PÚBLICOS ASFIXIADOS
La otra gran grieta del debate fue fiscal. Y ahí las izquierdas también olieron sangre. José Ignacio García y Maíllo golpearon el relato económico de Moreno acusándole de hacer regalos fiscales a las rentas más altas mientras se recortan recursos para lo público. “Fraude fiscal en términos políticos”, llegó a decir Maíllo. Duro. Pero bastante descriptivo de una política que vende “bajadas de impuestos” como si beneficiasen igual a quien cobra 25.000 euros al año que a quien gana 80.000 o más.
García puso un ejemplo demoledor. En Andalucía, alguien con ingresos altos puede desgravarse clases particulares de inglés para su hijo mientras una familia trabajadora no puede deducirse el alquiler de su vivienda. Esa es la prioridad política. No es un error técnico. Es ideología.
El debate sobre educación fue igual de sangrante. Montero denunció que las familias andaluzas se están endeudando para pagar formación profesional o másteres obligatorios porque no existen suficientes plazas públicas. Mientras tanto, el Gobierno andaluz sigue autorizando universidades privadas. José Ignacio García ironizó diciendo que algunas tienen “menos papeles que un conejo de campo”. La frase hizo gracia. Pero detrás hay un problema muy serio: convertir la educación superior en un mercado.
Y mientras todo eso ocurre, Moreno insiste en presentarse como moderado, centrado y pragmático. Ese viejo truco del PP andaluz. Sonreír mucho mientras se vacía lentamente el sistema público. Sin estridencias. Sin motosierra televisiva. Más elegante. Más amable. Pero el resultado acaba siendo parecido: menos derechos para quien no pueda pagarlos.
El presidente andaluz también intentó refugiarse en el discurso de la financiación autonómica y acusó al Gobierno central de “freírnos a impuestos”. Montero le recordó entonces que Andalucía ha recibido 54.000 millones de euros más durante esta etapa. Moreno respondió que “ese es nuestro dinero”. Y claro que lo es. Precisamente por eso cuesta entender que, teniendo más recursos, la ciudadanía perciba servicios cada vez más deteriorados.
Mientras tanto, las encuestas siguen colocando al PP al borde de otra mayoría absoluta de cara al 17 de mayo. Incluso después del escándalo sanitario. Incluso con las protestas en la puerta. Incluso con la sensación creciente de deterioro. Y quizá ahí esté el dato más inquietante de todos: que una parte del país ya se haya acostumbrado a que desmantelar lo público salga gratis políticamente.
https://t.me/SpanishRevolution
https://donorbox.org/aliadas
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir