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El presidente andaluz se presenta como gestor moderado, pero su balance deja sanidad colapsada, derivaciones millonarias a la privada, crisis en los cribados, dependencia con esperas insoportables, vivienda expulsiva, aulas públicas cerradas y una derecha cada vez más cómoda con la agenda de Vox.
UN PRESIDENTE CON BUENA SONRISA Y MAL BALANCE
Juanma Moreno llega a las elecciones del 17 de mayo con el viento de las encuestas a favor. Ese es precisamente el problema. Porque una cosa es ganar el relato y otra muy distinta es gobernar bien. El PP ha construido alrededor de Moreno una imagen de moderación, calma y gestión. Una especie de derecha amable, sin gritos, sin motosierra visible, sin demasiadas estridencias. Pero Andalucía no se gobierna con sonrisas de cartel. Se gobierna con quirófanos, colegios, servicios sociales, vivienda, empleo digno y políticas públicas. Y ahí, cuando se mira el suelo y no el decorado, la foto cambia bastante. (Diario AS)
La pregunta no es si Juanma Moreno cae bien. Ese truco ya está gastado. La pregunta es si merece seguir gobernando una comunidad donde más de un millón de personas esperan una operación o una primera consulta especializada, donde el sistema sanitario ha acumulado escándalos gravísimos y donde la respuesta de la Junta ha sido demasiadas veces mirar a la privada como quien mira una caja registradora. Según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad a 31 de diciembre de 2025, Andalucía tenía 199.950 pacientes en lista de espera quirúrgica, 64.302 de ellos con más de seis meses de demora, y una espera media de 173 días, frente a los 121 días de media estatal. En consultas externas, eran 852.889 pacientes esperando y una demora media de 136 días. Esto no es una anécdota. Es un modelo.
DIEZ RAZONES PARA NO REGALARLE OTRO CHEQUE EN BLANCO
1. Porque la sanidad pública andaluza no aguanta más propaganda. Moreno presume de presupuestos récord, pero la gente no se opera con ruedas de prensa. Se opera con personal, quirófanos abiertos, Atención Primaria fuerte y gestión decente. Si Andalucía lidera la demora quirúrgica con 173 días de espera media, algo falla. Y falla mucho. No basta con decir que se gasta más si el resultado es que las y los pacientes esperan medio año para una intervención y cuatro meses y medio para ver a un especialista. La derecha llama eficiencia a dejar que el sistema público se desgaste hasta que la privada parezca una solución. Viejo truco. Bastante cruel.
2. Porque el escándalo de los cribados de cáncer de mama fue una línea roja. La Junta reconoció en octubre de 2025 fallos que afectaban a unas 2.000 mujeres y acabó dimitiendo la consejera de Salud, Rocío Hernández, tras una presión social enorme. Ya en campaña, Moreno habló de 3.217 mujeres afectadas por fallos en los cribados. Da igual cuántas veces intenten envolverlo en lenguaje administrativo: hablamos de pruebas dudosas, comunicaciones fallidas y mujeres que tuvieron que vivir con angustia lo que ninguna administración debería provocar. Ahí no se pide paciencia. Ahí se exigen responsabilidades.
3. Porque mientras la pública se ahoga, la privada recibe oxígeno con dinero público. El Gobierno andaluz puso en marcha un acuerdo marco para concertar operaciones quirúrgicas con empresas privadas por hasta 533 millones de euros en cuatro años. La Junta lo vende como una forma de reducir listas de espera. Pero si después de años de planes, derivaciones y parches Andalucía sigue en esos datos, quizá el problema no es que falte más privada. Quizá el problema es que se está usando la pública como sala de espera y la privada como negocio recurrente. Y eso, dicho claro, no es reforzar el sistema. Es desmontarlo por fases.
4. Porque la dependencia no puede medirse solo con notas de prensa triunfales. La propia Junta admite que, a 28 de febrero, había 38.802 personas en lista de espera de dependencia, que el tiempo medio seguía en 477 días y que en 2025 fallecieron 6.995 personas mientras esperaban resolución. Sí, la administración presume de mejoras. Pero una espera media de más de un año para una persona dependiente no es una mejora suficiente: es una condena burocrática. Hay vidas que no pueden esperar a que la Junta cuadre el PowerPoint.
5. Porque la educación pública ha perdido terreno mientras la concertada gana espacio. El relato oficial habla de acuerdos, ratios y nuevos docentes. Pero sindicatos como USTEA han denunciado el cierre de 360 aulas públicas para el curso 2025-2026 y un saldo acumulado de 2.758 aulas públicas suprimidas desde que gobierna Moreno, con más de 1.101 millones de euros destinados a la concertada. Aunque la Junta firmó medidas para reducir ratios y reforzar plantillas, la pregunta sigue ahí, incómoda: por qué baja la natalidad para cerrar aulas públicas, pero no parece bajar igual cuando toca sostener el negocio concertado.
6. Porque Andalucía se está convirtiendo en un escaparate turístico donde vivir empieza a ser un lujo. Málaga es el ejemplo más salvaje, pero no el único. El alquiler en la ciudad ha subido un 32,7% en la última década, una de las mayores alzas de España, y Andalucía registra subidas muy fuertes en los precios del alquiler, con portales inmobiliarios situando el incremento anual autonómico por encima del 8% en abril. Mientras tanto, los pisos turísticos, los bloques de apartamentos y la especulación convierten barrios enteros en decorados para visitantes. El PP promete construir, liberar suelo y acelerar licencias. Lo de siempre: más ladrillo, poca regulación real y barra libre para quien ya tiene patrimonio.
7. Porque su política fiscal tiene una dirección muy clara: aliviar a quienes más tienen y luego decir que no hay dinero suficiente. Moreno presume de bajar impuestos y de situar Andalucía entre las comunidades con menor presión fiscal. Newtral verificó que esa afirmación es una “verdad a medias”: Andalucía fue segunda en 2023 y 2024, pero cayó a la cuarta posición en 2025 en el índice citado por el propio Moreno. Mientras tanto, la Junta presume de presupuesto récord de 51.597,9 millones, con séptima bajada fiscal incluida. Traducido: se vende músculo presupuestario mientras se consolida una idea profundamente ideológica, que el dinero público molesta cuando redistribuye, pero encanta cuando termina alimentando negocios privados.
8. Porque Doñana enseñó demasiado bien cuál es su ecologismo real. La Junta empujó durante meses una ley de regadíos en el entorno de Doñana pese a las advertencias de la Comisión Europea, la Unesco, el Gobierno central y la comunidad científica. Luego reculó, sí. Pero reculó tarde, después de convertir uno de los espacios naturales más importantes de Europa en moneda política. El acuerdo posterior de 1.400 millones con el Gobierno central para proteger el entorno y promover alternativas llegó después de casi dos años de choque. No fue visión verde. Fue marcha atrás obligada.
9. Porque la pobreza sigue siendo una herida estructural que no se tapa con titulares de empleo. Andalucía ha mejorado algunos datos laborales, sí, y la Junta señala una tasa de paro del 14,66% en la EPA más reciente. Pero una comunidad no se mide solo por cuántas personas entran y salen del paro registrado. Se mide también por salarios, alquileres, precariedad, exclusión y futuro. EAPN Andalucía situó en 34,7% la población en riesgo de pobreza o exclusión social en 2025, cerca de 3 millones de personas. Tres millones. Con esa cifra encima de la mesa, hablar de milagro andaluz suena casi obsceno.
10. Porque la moderación de Moreno es la mejor máscara de una derecha que necesita que la gente se quede en casa. El PP quiere una mayoría absoluta para gobernar sin enseñar demasiado sus costuras. Vox quiere condicionar a la Junta si puede. Y la abstención, como siempre, no castiga al poder: suele reforzarlo. Las encuestas colocan al PP cerca o por encima de la mayoría absoluta, con Vox como posible actor decisivo si Moreno se queda corto. Ese es el escenario. No hay misterio. Cada voto que se queda en casa porque “todos son iguales” acaba valiendo doble para quienes recortan, privatizan, niegan derechos o convierten los servicios públicos en un negocio con bandera.
Juanma Moreno no debería ganar porque Andalucía no necesita otro mandato de anestesia política. Necesita sanidad pública, vivienda digna, dependencia sin esperas eternas, educación pública fuerte, justicia fiscal y una administración que no trate los derechos como un coste molesto. Lo demás es campaña. Y la campaña, ya lo sabemos, siempre sonríe mejor que la realidad.
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