Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando una propuesta se puede visualizar en el recibo del alquiler o en el abono transporte, deja de ser ideología y se convierte en política real.
Por Javier F. Ferrero
A estas alturas ya no tiene mucho sentido volver a celebrar la victoria de Zohran Mamdani. Se analizó, se comentó, se convirtió en titular y en ejemplo recurrente. El problema es que, como suele ocurrirle a la izquierda, nos quedamos mirando la meta y olvidamos el camino. Y lo verdaderamente interesante de Mamdani no fue ganar, sino cómo se construyó políticamente hasta que ganar dejó de parecer imposible.
Porque Mamdani no apareció de repente con un programa perfecto bajo el brazo. No fue un producto de laboratorio ni una criatura del algoritmo. Fue el resultado de una práctica política sostenida, casi obstinada, basada en tres ideas que hoy parecen radicales solo porque hemos dejado de aplicarlas: estar en la calle, explicar sin miedo y proponer medidas materiales.
Primero la calle. No como metáfora, no como foto de campaña, no como visita puntual a un barrio periférico para luego volver al plató. La calle como espacio político permanente. Mamdani no habló sobre la gente, habló con la gente. No apareció cuando tocaba pedir el voto, sino mucho antes, cuando no había cámaras ni trending topics. Y eso cambia todo. Porque cuando la política se practica así, el discurso no se “testea”, se contrasta. Se afina a base de escuchar, no de encuestas internas.
En ese recorrido previo está una de las claves que muchas izquierdas han perdido: la autoridad política ya no se delega, se construye. Mamdani no pidió confianza; la fue acumulando. No prometió representar a nadie; se dejó atravesar por los problemas reales de quienes tenía delante. El resultado no fue una figura carismática, sino algo más incómodo para el poder: una figura creíble.
La segunda clave es la explicación. Explicar de verdad, no simplificar hasta vaciar. Mamdani no rehuyó la complejidad, pero la tradujo. Habló de alquileres, de transporte, de sanidad y de impuestos sin esconder el conflicto de fondo. Explicar es una forma de respeto, y también una forma de pedagogía política. Frente a una izquierda que a menudo habla como si el problema fuera que la gente no entiende, Mamdani partió de otra premisa: la gente entiende perfectamente cuando algo afecta a su vida.
En lugar de consignas huecas, ofreció relatos comprensibles. En lugar de tecnicismos, causas y consecuencias. En lugar de moralizar, politizó. Y eso tiene un efecto acumulativo. Cuando explicas durante años, cuando no cambias el marco cada seis meses, cuando no pides perdón por decir lo que dices, la política deja de parecer un idioma extranjero.
La tercera clave es la más olvidada y, probablemente, la más decisiva: las medidas. No los valores abstractos, no las grandes palabras, no las declaraciones de principios, sino las decisiones concretas que mejoran la vida material. Mamdani habló de alquileres más bajos, de transporte accesible, de servicios públicos que funcionen. No como promesa lejana, sino como horizonte inmediato.
Aquí hay una lección incómoda para muchas izquierdas del mundo: la gente no vota relatos, vota consecuencias. No basta con tener razón. Hay que demostrar para qué sirve esa razón en el día a día. Cuando una propuesta se puede visualizar en el recibo del alquiler o en el abono transporte, deja de ser ideología y se convierte en política real.
Copiar a Mamdani no es importar un modelo estadounidense ni repetir eslóganes en otro idioma. Copiar a Mamdani es recuperar una lógica política que parecía obvia y que se abandonó en nombre de la profesionalización, del marketing y de la supuesta madurez institucional. Es entender que la calle no es un decorado, que explicar no es rebajarse y que las medidas materiales no son populismo, sino la base mínima de cualquier proyecto transformador.
Tal vez el mayor error de muchas izquierdas no sea haber perdido elecciones, sino haber olvidado cómo se llega a ser creíble antes de ganarlas. Mamdani no empezó ganando. Empezó estando, escuchando y explicando. Y solo después, cuando todo eso ya existía, ganar fue casi una consecuencia lógica.
Copiar a Mamdani, en el fondo, es volver a hacer política sin pedir permiso y sin pedir disculpas. Es dejar de preguntarse si el mensaje gustará y empezar a preguntarse si mejorará la vida de alguien concreto mañana por la mañana. Y todo lo demás, como se ha visto, viene después.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Sheinbaum, Lula, Orsi y Arévalo frente a la ultraderecha: América Latina no está en venta
Sheinbaum y Lula no están solos. Ahí están también Yamandú Orsi en Uruguay y Bernardo Arévalo en Guatemala, cada uno desde una realidad distinta, con márgenes distintos y enemigos distintos. Pero el pulso es el mismo: impedir que América Latina vuelva a ser una finca administrada por oligarquías locales, jueces obedientes, medios histéricos y padrinos en Washington.
La ultraderecha lo sabe. Por eso grita tanto. Porque México y Brasil pesan demasiado, Uruguay demuestra que la izquierda democrática puede volver sin pedir perdón, y Guatemala ha puesto al descubierto hasta qué punto las élites están dispuestas a dinamitar las urnas cuando el resultado no les gusta.
No es una ola perfecta. Ni limpia. Ni homogénea. América Latina nunca lo es. Pero hay una línea que empieza a verse: soberanía, democracia, derechos sociales y resistencia frente a una derecha que ya no disimula su pulsión autoritaria.
La fiesta de Alvise se pudre por dentro
La ultraderecha española tiene una habilidad casi industrial para fabricar cruzadas morales con materiales de derribo. Se presenta como azote de la corrupción, como voz del pueblo, como martillo contra “la casta”, y luego basta rascar un poco para que aparezca lo de siempre: personalismo, dinero opaco, acoso, peleas internas y mucho vídeo grabado para mantener encendida la secta. Lo de Se Acabó La Fiesta ya ni siquiera necesita demasiada interpretación. Lo están contando desde dentro.
El 25 de junio, Solier y Nora Junco, eurodiputados elegidos como número dos y tres de la lista de SALF en las europeas de 2024, arremetieron contra Luis “Alvise” Pérez con una dureza poco habitual entre antiguos compañeros de papeleta. Dijeron que “lleva la mentira en el ADN” y que puede terminar siendo “el más corrupto de los corruptos”. No lo dijo una tertulia progresista. No lo dijo un adversario ideológico de izquierdas. Lo dijeron quienes entraron al Parlamento Europeo gracias al mismo artefacto político que él vendía como una revolución anticasta.
Venezuela bajo los escombros: 1.450 muertos y una reconstrucción que no puede convertirse en negocio
Venezuela necesita rescate, atención sanitaria, agua, refugios, comida, comunicaciones, escuelas seguras, infraestructuras revisadas y viviendas habitables. Necesita que las niñas y los niños no duerman bajo lonas mientras los despachos calculan rentabilidades. Necesita que las trabajadoras y los trabajadores de emergencia tengan medios. Necesita que las familias sepan dónde están sus desaparecidos. Necesita ayuda sin chantaje, sin propaganda, sin bloqueo moral, sin convertir cada camión en una bandera.
El terremoto del 24 de junio no pidió pasaporte antes de matar. La respuesta tampoco debería pedir obediencia política para salvar. Entre los escombros no hay ideología que valga: hay vidas, y quien especula con ellas ya ha elegido bando.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir