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Cuando en 2025 todavía se enarbola la figura del dictador, el problema no es el pasado: es el país que seguimos siendo.
🤜 "Golpes", la nueva película de Luis Tosar sobre dos hermanos durante la Transición
— Malas Lenguas (@MalasLenguas_Tv) December 2, 2025
▶️ "Hay partidos reivindicando una figura que provocó 40 años de oscuridad y hay impunidad", asegura el actor en #MalasLenguas pic.twitter.com/ZzKMXqClkD
LO QUE SIGUE VIVO NO ES FRANCO, SINO LA IMPUNIDAD
Luis Tosar acudió a Malas lenguas para promocionar Golpe, su nueva película. Lo que no esperaba, quizás, es que su intervención retratase mejor que cualquier ficción el clima político de un país que en 2025 sigue discutiendo lo indiscutible: una dictadura de 40 años, iniciada tras un golpe militar del 18 de julio, que dejó centenas de miles de víctimas y familias buscando todavía a las y los suyos bajo tierra.
El propio actor lo expresó con una claridad que desarma. Ante la pregunta de Jesús Cintora sobre quienes intentan diluir la memoria democrática, Tosar describió el fenómeno con preocupación: “Es terrible ver como chavalillos de 14 o 15 años ensalzan la figura de Franco”. No es solo nostalgia reaccionaria. Es una pedagogía del odio cuidadosamente alimentada por partidos, tertulias y plataformas que han hecho del negacionismo histórico su herramienta electoral.
La escena se repite: adolescentes con banderas preconstitucionales en redes, cuentas que blanquean al dictador como “estadista”, y discursos que trivializan una guerra civil que dejó heridas que siguen abiertas y sangrando, como dijo Tosar. La naturalización del franquismo entre generaciones que nunca vivieron la represión no ocurre por casualidad. Ocurre porque hay quien invierte cada día en fabricar ignorancia.
“Mucha gente, básicamente por odio y ganas de hacer daño, no deja que las familias puedan desenterrar a sus familiares de tumbas indignas”, añadió el intérprete. En ese diagnóstico no hay hipérbole. Hay memoria. Y una denuncia directa a la impunidad que permite que en pleno siglo XXI sigan bloqueándose exhumaciones, obstaculizándose homenajes y atacándose políticas mínimas de reparación.
Tosar subrayó que Golpe aspira a formar parte de un “ejercicio colectivo” necesario para revertir esta deriva. Un intento de concordia real frente a la concordia vaciada de contenido por la derecha política y mediática. Un recordatorio de que el duelo no puede hacerse si los muertos siguen bajo tierra y la verdad sigue bajo llave.
EL NEGACIONISMO COMO ESTRATEGIA POLÍTICA
Cuando Cintora le planteó si existe interés en manipular lo ocurrido en la dictadura, Tosar no dudó: “Hay partidos mucho más allá incluso de la extrema derecha que están reivindicando una figura funesta para nuestra historia”. No es un análisis improvisado. Es la descripción de una mutación política que llevamos años viendo consolidarse.
La exaltación pública de Franco ya no es solo marginal. Es un síntoma de una corriente organizada que considera que 40 años de oscuridad pueden presentarse como un legado. Y ese riesgo no reside en cuatro nostálgicos, sino en la legitimación institucional que permite que el franquismo se exhiba sin consecuencias. La memoria democrática se convierte así en un campo de batalla que algunos sectores utilizan para desgastar al adversario político.
Mientras tanto, actores y actrices como Tosar, que no tienen nada que ganar pronunciándose, asumen la responsabilidad que las instituciones rehúyen. Sin rodeos. Sin equidistancias. Recordando que la memoria no es una opinión y que el sufrimiento de miles de familias no es un debate televisivo.
En el tramo final de la entrevista, el actor lanzó otro dardo, esta vez a la clase política en su conjunto: “Hay demasiado teatro y poca acción”. Un país con fosas comunes abiertas y discursos de exaltación del dictador en aumento no necesita más espectáculo. Necesita política pública, educación histórica rigurosa y un compromiso real con el antifranquismo que la Constitución dice sostener.
En 2025 no estamos discutiendo sobre un pasado remoto. Estamos discutiendo sobre el tipo de sociedad que permitimos construir. Porque lo intolerable no es que haya quien adore a Franco. Lo intolerable es que España siga dejando que lo hagan sin consecuencias.
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