Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La ciudadanía frena a las grandes tecnológicas y convierte 27.000 pies cuadrados en espacio común
El 19 de febrero, el Ayuntamiento de New Brunswick, en el estado de New Jersey, votó cancelar la construcción de un centro de datos de inteligencia artificial proyectado en el número 100 de Jersey Avenue. En su lugar, se levantará un parque público. No es un gesto simbólico. Es una decisión política que interpela al modelo económico que pretende convertir cada metro cuadrado urbano en una extensión de los servidores de las grandes tecnológicas.
El proyecto contemplaba una instalación de 27.000 pies cuadrados destinada a alojar servidores para entrenar y alimentar sistemas de inteligencia artificial. Infraestructura opaca, intensiva en energía y agua, dependiente de minerales estratégicos y sostenida por fondos de inversión que no viven en los barrios que transforman. La votación se produjo tras una sesión municipal abarrotada. Cientos de vecinas y vecinos llenaron el salón de plenos para denunciar el impacto del centro en sus facturas eléctricas y en el suministro de agua.
Bruce Morgan, presidente local de la NAACP, fue claro ante concejalas y concejales: “No queremos centros que drenen recursos de la comunidad”. No es retórica. Los centros de datos consumen cantidades masivas de electricidad y agua para refrigerar equipos que operan las 24 horas del día. Diversos estudios académicos han advertido que el crecimiento exponencial de la IA puede tensionar redes eléctricas locales y elevar costes para hogares vulnerables. Un informe de la Universidad de California en Riverside publicado en 2023 estimó que entrenar un gran modelo lingüístico puede requerir millones de litros de agua para refrigeración indirecta.

COMUNIDAD FRENTE A INFRAESTRUCTURA EXTRACTIVA
La parcela afectada ya estaba destinada a un desarrollo urbano que incluye 600 nuevas viviendas, de las cuales solo el 10% serían asequibles. Anne Norris, residente de la ciudad, recordó que muchas familias del distrito viven bajo el umbral de pobreza y cuestionó que ese porcentaje sea suficiente. “Con la situación económica de quienes viven aquí, el 10% no basta”, afirmó.
El debate, por tanto, no era únicamente tecnológico. Era social. ¿Para quién se construye la ciudad? ¿Para fondos de capital privado o para quienes dependen de servicios públicos tensionados? El eslogan coreado tras la votación resume el clima: “El pueblo unido jamás será vencido”. Y otro, más explícito, dirigido a las grandes tecnológicas y al capital financiero.
La industria presenta estos centros como motores de innovación y empleo. Sin embargo, la evidencia muestra que, una vez construidos, generan relativamente pocos puestos de trabajo permanentes en comparación con el volumen de recursos que consumen. Además, consolidan un modelo energético intensivo en un contexto de emergencia climática. Según la Agencia Internacional de la Energía, los centros de datos ya representan en torno al 1% al 1,5% del consumo eléctrico mundial, con previsiones al alza por el auge de la IA generativa.
Lo ocurrido en New Brunswick no es un caso aislado. En distintos puntos de Estados Unidos y Europa crece la resistencia vecinal ante proyectos similares. En comunidades rurales, la preocupación gira en torno al agua. En barrios urbanos, al aumento de costes y a la falta de retorno social. La llamada transición digital está replicando lógicas extractivas propias del modelo fósil: apropiación de recursos comunes para sostener rentabilidades privadas.
La decisión del 19 de febrero de 2026 reorienta 27.000 pies cuadrados hacia un parque. Puede parecer un detalle frente al poder de las multinacionales tecnológicas. No lo es. Supone afirmar que el suelo urbano no es una mercancía neutral. Que la planificación no debe subordinarse a la promesa abstracta de innovación mientras se desatienden carencias estructurales como vivienda asequible y espacios verdes.
Las y los concejales que votaron en contra del centro de datos lo hicieron bajo presión ciudadana. No fue una concesión espontánea. Fue el resultado de organización comunitaria, de intervención en el pleno y de una narrativa que confronta el mito del progreso automático asociado a cualquier proyecto etiquetado como inteligencia artificial.
Frente a la concentración de poder digital, una asamblea municipal recordó que la democracia local aún puede imponer límites. Frente al discurso de inevitabilidad tecnológica, una comunidad dijo que no todo crecimiento es deseable. Frente al capital privado, vecinas y vecinos defendieron agua, electricidad y suelo como bienes comunes.
Mientras la carrera global por la IA acelera y los gobiernos compiten por atraer infraestructuras con incentivos fiscales, New Brunswick envía un mensaje incómodo: no se trata solo de quién desarrolla la tecnología, sino de quién paga sus costes y quién asume sus impactos. Y en esa pregunta se juega algo más que un parque.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir