Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
Cuando el poder nuclear se convierte en espectáculo y la guerra en lenguaje cotidiano
El 5 de abril no fue un día cualquiera en la política internacional. Fue el momento en que el presidente de Estados Unidos cruzó una línea que, en cualquier otro contexto, habría desatado una crisis institucional inmediata. Donald Trump amenazó abiertamente con ataques que podrían constituir crímenes de guerra, utilizando un lenguaje más propio de la propaganda bélica que de la diplomacia. No se trata de una exageración: su mensaje anunciando una jornada de destrucción en Irán y sus insultos a sus dirigentes encendieron alarmas incluso dentro de su propio país, tal y como recoge la cobertura de las críticas de políticos estadounidenses que califican a Trump de “loco desquiciado”.
Pero lo verdaderamente preocupante no es solo el contenido de esas palabras. Es la normalización de la barbarie en el discurso político global. Cuando un jefe de Estado puede hablar de arrasar infraestructuras civiles en otro país y seguir ocupando su cargo sin consecuencias inmediatas, lo que se pone en cuestión no es solo su estabilidad mental, sino la propia arquitectura del poder internacional.
LA GUERRA COMO NEGOCIO Y EL LENGUAJE COMO ARMA
Las declaraciones de Trump no surgen en el vacío. Se producen en el contexto de una escalada militar con Irán iniciada semanas antes, en una dinámica que responde a intereses geopolíticos y económicos muy concretos. La guerra no es un accidente: es una industria. Y como toda industria capitalista, necesita narrativa, legitimación y consumo social.
En ese marco, el lenguaje deja de ser un vehículo de comunicación para convertirse en un arma. Cuando el presidente de la principal potencia militar del planeta habla de “malditos locos” y amenaza con convertir un país en un infierno, no solo está degradando la diplomacia. Está preparando a la opinión pública para aceptar lo inaceptable.
Las reacciones dentro de Estados Unidos han sido contundentes. El senador Chuck Schumer denunció que Trump está “amenazando con posibles crímenes de guerra”, mientras Bernie Sanders lo calificó de “peligroso y mentalmente inestable”. Incluso figuras del entorno republicano han expresado preocupación. Sin embargo, estas críticas, por duras que parezcan, chocan contra una realidad incómoda: el sistema político estadounidense permite que este tipo de discursos no tengan consecuencias inmediatas.
Esto no es una anomalía, es un síntoma. Un sistema que ha convertido la guerra en herramienta estructural de su política exterior no puede reaccionar con coherencia cuando esa lógica se expresa de forma descarnada. Trump no rompe el sistema: lo expone.
EL COLAPSO MORAL DE OCCIDENTE Y LA IMPUNIDAD GLOBAL
Lo que estamos viendo no es solo una crisis de liderazgo, sino un colapso moral. Mientras organismos internacionales como Amnistía Internacional califican estas amenazas de “repugnantes”, los mecanismos reales de control siguen sin activarse. La llamada a aplicar la Enmienda 25 en Estados Unidos no deja de ser, por ahora, una hipótesis política sin recorrido inmediato.
La pregunta que surge es inevitable: ¿qué pasaría si estas palabras las pronunciara un dirigente del Sur Global? La respuesta es incómoda y conocida. Sanciones, aislamiento, amenazas de intervención. Pero cuando quien habla es el líder de la principal potencia occidental, el margen de tolerancia se amplía hasta lo grotesco.
Este doble rasero no es casual, es estructural. Forma parte de un orden internacional construido para proteger a quienes concentran poder económico, militar y mediático. Un orden en el que las normas existen, pero su aplicación depende de quién las incumple.
Mientras tanto, las y los ciudadanos del mundo asisten a una escalada que no controlan. Las y los trabajadores pagan las consecuencias en forma de inflación, recortes y precariedad, mientras las industrias armamentísticas multiplican beneficios. La guerra vuelve a demostrar que es uno de los negocios más rentables del sistema.
En este contexto, la retórica de Trump no es una excentricidad. Es la versión más explícita de una lógica que lleva décadas operando: deshumanizar al enemigo, banalizar la violencia y convertir la destrucción en una opción política legítima.
El problema no es solo quién dice estas palabras, sino el sistema que permite que se digan sin que pase nada.
Porque cuando la amenaza de arrasar un país se convierte en un tuit más, la guerra ya no es una posibilidad lejana: es el lenguaje cotidiano del poder.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Netanyahu ya no disimula: Gaza se ocupa por porcentajes
Netanyahu ya no disimula. Gaza se está ocupando por porcentajes: primero el 52%, luego el 60%, ahora ordena avanzar hasta el 70% y, cuando el público le pide el 100%, responde con una broma: “vayamos en orden”.
Eso no es seguridad. Es desposesión administrada. Es convertir un alto el fuego en una coartada para encerrar a 2,1 millones de personas en cada vez menos territorio, mientras el mundo finge sorpresa ante una estrategia que lleva meses desplegándose delante de todos.
Cuando un Gobierno habla de ocupar Gaza por fases, ya no estamos ante una guerra: estamos ante un plan.
👉 El artículo completo puede leerse en el primer comentario.
Y si quieres ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no baja la cabeza:
donorbox.org/aliadas
Contra el racismo institucional: Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le contestó con una palabra incómoda, pruebas
Ayuso intentó vender colapso y el Supremo le ha contestado con lo único que desmonta la propaganda: pruebas. Y no las había. Ni de que la sanidad fuera a hundirse, ni de que la educación fuera a reventar, ni de que Madrid fuese a convertirse en una especie de apocalipsis administrativo por regularizar a personas migrantes.
El truco es viejo y miserable: primero deterioran lo público y luego culpan a quienes llegan buscando derechos, trabajo y una vida posible. No era gestión. Era racismo institucional con membrete oficial.
El artículo completo puede leerse en el primer comentario 👇
Y si queréis ayudarnos a seguir haciendo periodismo que no agacha la cabeza: Donorbox.org/aliadas
Aimar Bretos toma ‘Hoy por hoy’ mientras la SER intenta vender normalidad donde huele a crisis
La SER intenta vender como relevo natural lo que suena demasiado a operación de poder.
Aimar Bretos asumirá Hoy por hoy el 31 de agosto, tras la salida de Àngels Barceló después de 21 años en la cadena y 7 al frente del programa. El problema no es Bretos. El problema es ese viejo truco de llamar “pluralidad” a lo que muchas veces significa presión editorial, ajuste interno y disciplina empresarial.
Porque cuando una periodista sale así, cuando compañeras y compañeros lamentan públicamente las formas, cuando la plantilla tiene que defender su profesionalidad, la palabra independencia empieza a sonar menos a principio y más a decorado.
A lo que llaman relevo quizá haya que llamarlo por su nombre: una operación de despacho con música de sintonía.
👉 Artículo completo en el primer comentario.
💥 Puedes ayudarnos a seguir haciendo periodismo incómodo en Donorbox.org/aliadas.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete a Silicon Valley en el corazón de Defensa
Defensa entregó a una empresa nacida en el ecosistema de la CIA una pieza sensible de la inteligencia militar española, sin publicidad, con una sola oferta y bajo una capa de secreto que huele demasiado a negocio blindado.
Vídeo | Palantir en España: el contrato opaco que mete el tecnofascismo en Defensa
Mientras nos hablan de modernización, eficiencia y seguridad, el Estado español abre la puerta de su inteligencia militar a una de las empresas más vinculadas al negocio global de la vigilancia, la guerra y el poder algorítmico. Te lo contamos en #ReportajesSR. Presentado por Patricia Salvador.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir