Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La ofensiva convierte territorios civiles en zonas de exterminio mientras Estados Unidos alimenta una escalada regional sin freno
El sur del Líbano vuelve a ser laboratorio de una violencia que ya no se oculta ni se disfraza. Desde el 3 de marzo, cuando se activó la ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos contra Irán, la región ha entrado en una espiral de devastación que ha dejado 1.345 personas muertas y más de 4.000 heridas solo en territorio libanés. Pero el dato más brutal no es solo el número de víctimas, sino el desplazamiento masivo: 1,1 millones de personas, el 20% de la población del país, expulsadas de sus hogares en cuestión de semanas.
Las cifras no son un accidente, son una estrategia. La llamada “zona tampón” que Israel pretende imponer hasta el río Litani no es una línea de defensa, sino una política de tierra quemada. Tal y como documenta la intensificación de los bombardeos contra zonas residenciales y la destrucción de infraestructuras civiles en el sur del Líbano, el objetivo no es solo neutralizar a Hizbulah, sino vaciar el territorio de población.
La guerra ya no se libra contra combatientes, sino contra barrios, puentes, carreteras y vidas enteras. Y lo hace con una impunidad que se sostiene sobre el respaldo político, militar y diplomático de Washington, que no solo permite, sino que amplifica esta deriva.
LA NORMALIZACIÓN DEL DESPLAZAMIENTO COMO ARMA DE GUERRA
El concepto es claro y profundamente inquietante: desplazamiento coercitivo. Naciones Unidas lo ha denunciado abiertamente. No se trata de daños colaterales, sino de una herramienta deliberada. La orden de evacuar el sur del país y los suburbios chiíes de Beirut ha generado un colapso humanitario inmediato. Las ciudades del norte están saturadas, los refugios desbordados y las calles llenas de tiendas improvisadas.
Se está construyendo un paisaje de expulsión permanente donde volver ya no es una opción. El propio ministro de Defensa israelí ha sido explícito al afirmar que no se permitirá el regreso de la población desplazada hasta que se garantice la seguridad de las zonas fronterizas. Traducido: la población civil queda atrapada en un limbo indefinido, sin derechos efectivos y sin horizonte de retorno.
Esta lógica no es nueva. Ya se aplicó en Gaza y ahora se replica en Líbano. Aldeas enteras están siendo demolidas siguiendo el mismo patrón. No es una operación puntual, es una doctrina. La guerra se convierte así en un mecanismo de reorganización territorial basado en la expulsión y el control militar prolongado.
Mientras tanto, el Estado libanés permanece prácticamente desbordado. Su ejército ha abandonado posiciones clave en el sur y el gobierno reconoce su incapacidad para imponer decisiones sobre el terreno. La soberanía queda reducida a un concepto teórico mientras las potencias militares redibujan el mapa a golpe de misil.
UNA ESCALADA REGIONAL IMPULSADA DESDE WASHINGTON
Lo que ocurre en Líbano no puede entenderse sin el contexto más amplio de la guerra regional. La implicación directa de Estados Unidos ha elevado el conflicto a un nivel que amenaza con desestabilizar todo Oriente Medio. Las tensiones con Irán, los ataques cruzados y la apertura de nuevos frentes configuran un escenario de guerra prolongada.
Las últimas informaciones sobre la evolución en directo de la ofensiva estadounidense e israelí en la región, con Beirut como uno de los epicentros muestran una dinámica que ya no responde a objetivos limitados, sino a una lógica de confrontación total.
La militarización de la política exterior estadounidense vuelve a operar como catalizador del desastre. Bajo el liderazgo de Donald Trump, la estrategia no es contener el conflicto, sino intensificarlo, utilizando la guerra como herramienta de poder geopolítico y de reafirmación interna.
En este tablero, la población civil queda relegada a una variable prescindible. Los datos lo evidencian: en Irán ya han muerto más de 2.000 personas, en un país de 92 millones de habitantes, mientras que en Líbano, con apenas cinco millones, la devastación proporcional es aún mayor. La desigualdad en el impacto no es casual, es estructural.
Incluso las misiones de paz internacionales han quedado neutralizadas. Los cascos azules desplegados en el sur del Líbano son ahora objetivos en un conflicto donde ya no hay líneas claras ni espacios seguros. La muerte de soldados internacionales confirma que la guerra ha superado cualquier marco de contención.
Israel, por su parte, se prepara para un conflicto largo. Ha elevado el número de reservistas movilizables hasta 400.000, una cifra que anticipa una prolongación de la ofensiva. Pero este despliegue no responde solo a necesidades defensivas, sino a una lógica de ocupación sostenida.
La pregunta ya no es si la guerra continuará, sino cuánto territorio quedará habitable cuando termine.
Porque bajo el discurso de la seguridad se está consolidando una realidad mucho más cruda: la violencia como herramienta de ingeniería demográfica, la destrucción como política y el desplazamiento masivo como nueva normalidad.
Y cuando la guerra convierte a un millón de personas en desplazadas en cuestión de semanas, lo que fracasa no es la paz, es todo el sistema internacional que dice defenderla.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
‘MANGOS’, parte 8 | el peligro que se viene
Durante años nos vendieron Silicon Valley como un laboratorio de futuro. Jóvenes brillantes, garajes, innovación, camisetas negras, discursos sobre conectar a la humanidad y mejorar el mundo. La postal era limpia. La realidad, bastante más sucia. Detrás de cada promesa había concentración. Detrás de cada aplicación gratuita, extracción de datos. Detrás de cada “nube”, centros de datos, contratos, energía, agua, minerales, trabajadores y trabajadoras precarizadas, lobbies y dependencias públicas cada vez más profundas.
Ahora esa vieja maquinaria entra en una fase más peligrosa. Los MANGOS —Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX— no quieren dominar solo una red social, un buscador, un sistema de satélites, una nube o un modelo de inteligencia artificial. Quieren colocarse en todos los puntos por los que tendrá que pasar la economía digital de la próxima década. Chips, datos, cómputo, aplicaciones, satélites, sistemas operativos, distribución, defensa, publicidad, centros de datos y modelos generativos. El menú completo.
Y eso cambia la escala del problema.
‘MANGOS’, parte 7 | Google: la inteligencia artificial que no necesita pedir permiso porque ya vive en tu móvil
Google lleva años vendiéndose como una puerta al conocimiento. Una caja blanca. Un logo simpático. Una promesa infantil de acceso universal a la información. Durante mucho tiempo funcionó. Buscar algo en Internet era “googlearlo”, como si una empresa privada hubiera conseguido convertirse en verbo sin que eso pareciera un problema político. Y ahí empezó todo. Cuando una compañía logra confundirse con una acción cotidiana, ya no compite en un mercado. Organiza el mercado.
Ahora Google forma parte de los MANGOS, el nuevo club de gigantes tecnológicos que aspiran a dominar la inteligencia artificial: Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX. Es, junto a Meta, una de las supervivientes del viejo bloque de las GAFAM. No ha llegado a esta fase desde fuera. No es una recién llegada con hambre de disrupción. Es una de las corporaciones que ya moldeaban Internet antes de que ChatGPT encendiera la fiebre global el 30 de noviembre de 2022.
Su ventaja es brutal. Google no necesita convencer a medio mundo de entrar en su ecosistema porque medio mundo ya vive dentro. El buscador, Gmail, YouTube, Maps, Android, Chrome, Google Docs, la nube, la publicidad. Una arquitectura entera de dependencia cotidiana. La inteligencia artificial no aterriza ahí como un producto nuevo, sino como una capa añadida sobre una infraestructura existente. Gemini no tiene que llamar a la puerta. La puerta es suya.
‘MANGOS’, parte 6 | Nvidia: la fábrica de picos de la fiebre del oro de la inteligencia artificial
Toda fiebre del oro necesita una mentira y una verdad. La mentira es que cualquiera puede hacerse rico si corre lo bastante rápido. La verdad es que casi siempre ganan quienes venden las herramientas. En la inteligencia artificial, esa empresa se llama Nvidia.
Mientras OpenAI, Anthropic, Google, Meta y SpaceX compiten por modelos, asistentes, plataformas, satélites y relatos de futuro, Nvidia ocupa un lugar más frío y mucho más decisivo: el hardware. Los chips. La base material. Sin sus procesadores, no hay entrenamiento masivo de modelos, no hay centros de datos a escala, no hay carrera por la IA generativa, no hay promesa de automatizarlo todo. Hay discursos, sí. Hay presentaciones. Hay CEOs hablando de cambiar el mundo. Pero falta la máquina.
Por eso Nvidia forma parte de los MANGOS, el nuevo acrónimo que agrupa a Meta, Anthropic, Nvidia, Google, OpenAI y SpaceX como las empresas llamadas a dominar la cadena de valor de la inteligencia artificial. Su papel es distinto al de las demás. No necesita llegar directamente a 3.500 millones de usuarios activos como Meta. No necesita tener la aplicación más conocida como OpenAI. No necesita controlar Android como Google ni lanzar satélites como SpaceX. Nvidia está antes. Más abajo. En el sótano real del sistema.
Y quien controla el sótano controla el edificio.
Vídeo | Más de 1.000.000 de personas han visto nuestra denuncia ‘Fábrica de obediencia’
Dicen que una bandera arcoíris “adoctrina” a la infancia. Pero meter a menores bajo una carpa para que lloren, griten, se arrodillen y aprendan obediencia lo llaman “avivamiento”.
Estrenamos nuevo reportaje de Spanish Revolution: “Tras la Nakba”, segunda parte de “Palestina y la historia que quieren borrar”.
La historia de Palestina no empezó el 7 de octubre de 2023. Y tampoco terminó en 1948 con la Nakba. Después vino 1967, la ocupación de Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, los checkpoints, los asentamientos, el muro, el bloqueo y una maquinaria de control que…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir