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«Las promesas climáticas de los países se basan en datos defectuosos», según una investigación de The Washington Post.
El medio norteamericano, The Washington Post, ha desvelado que existe una brecha «entre lo que los países dicen que emiten y lo que realmente están emitiendo».
Un ejemplo es Malasia que ha restado «más de 243 millones de toneladas de dióxido de carbono de su inventario de 2016, reduciendo el 73 por ciento de las emisiones de sus resultados», a través de la manipulación de los datos de absorción de sus árboles.
«En todo el mundo, muchos países no informan sobre sus emisiones de gases de efecto invernadero en sus informes a las Naciones Unidas», han concluido. «Un examen de 196 informes de países revela una brecha gigante entre lo que las naciones declaran que son sus emisiones frente a los gases de efecto invernadero que están enviando a la atmósfera». «La brecha oscila entre al menos 8.500 millones y hasta 13.300 millones de toneladas al año de emisiones no reportadas».

«Si no conocemos el estado de las emisiones hoy, no sabemos si estamos reduciendo las emisiones de manera significativa y sustancial», dijo a The New York Times, Rob Jackson, profesor de la Universidad de Stanford y presidente del Proyecto Global de Carbono.
«Al final, todo se convierte en una fantasía», dijo al medio Philippe Ciais, un científico del Laboratorio de Ciencias Climáticas y Ambientales de Francia que rastrea las emisiones en función de datos satelitales. «Porque entre el mundo de los informes y el mundo real de las emisiones, comienzas a tener grandes discrepancias».
La brecha pone en jaque todo el sistema puesto que no se contabilizan «grandes cantidades de emisiones faltantes de dióxido de carbono y metano, así como cantidades más pequeñas de gases sintéticos potentes».
De este modo, se extrapola que «incluso cuando los países informan sus emisiones, los datos de la ONU pueden estar salpicados de inexactitudes. El conjunto de datos».
La aclaración de Héctor Tejero
El político de Más Madrid ha querido explicar el reportaje, porque considera que es «de los que marcaran época».
«Resumiendo: han cogido todos los informes de emisiones que los países mandan a la ONU y han encontrado que si las actualizas y los sumas, el GAP está entre 8.5 y 13.3 GT de CO2 por debajo de las estimaciones independientes de emisiones.Eso, sin contar más de 1 GT de la aviación de la que, te tienes que reír, ningún país se hace cargo. En el mejor de los casos estamos hablando del equivalente a lo que Estados Unidos emite en un año. En el peor, de lo que emite China. Un 23% de lo que emitimos al año», comenzaba Tejero.
«Todo empieza con los autores dándose cuenta de que cada vez hay más artículos científicos señalando inconsistencias entre lo que algunos países y sectores dicen emitir y lo que realmente emiten: por ej, las emisiones de metano, uno de los GEI más potentes, debidas al ganado», continuaba.
«Para estimarlo, los informes cuentan animales, asignan un factor de emisión y suman. Esto es muy problemático pero era lo mejor que teníamos. Ahora tenemos satélites que pueden medir emisiones directas de metano. Y cuando mides resulta que pueden llegar a ser 39-90% mayores», añadía.
«Otra fuente de metano son las fugas de pozos petrolíferos, gaseoductos, oleoductos, etc. Es cierto que esta fuente es difícil de estimar pero Qatar y EAU, países que básicamente viven de eso, no reportan apenas emisiones por esto. Así que se ponen a mirar país a país y a sumar. Esto es un trabajo INMENSO. Horas y horas de revisar PDFs y picar datos. Y entonces ven dos cosas: En primer lugar, más inconsistencias y suposiciones más que sospechosas: Vietnam, por ejemplo, está asumiendo que sus equipos de refrigeración y aire acondicionado no tienen fugas (estudios en Estados Unidos asumen que son del 25% al año) y por tanto no está informando de sus emisiones de gases fluorinados que son los GEI más potentes de todos», argumentaba el de Más País.
«Sin embargo, el gran problema está en cómo contabilizan los países cuánto CO2 están absorbiendo (que no emitiendo) debido a los llamados «usos de la tierra». Esta parte es un pelín más técnica, así que me detengo un poco para explicarlo: Muchas tierras absorben CO2. Por eso, en los informes de emisiones vienen 2 cosas: lo que un país emite y lo que un país absorbe vía sus sumideros (bosques, pastos, etc). El resultado son las llamadas «emisiones netas» que es lo que realmente se contabiliza», matizaba Tejero.
«España, por ejemplo, en 2020 emitió 271.5 MT de CO2-eq, pero absorbió unas 36.6 MT por usos de la tierra (es la fila LULUCF, con signo negativo) por lo que sus emisiones netas fueron de 234.9 MT de CO2-eq. 12/», afirmaba.
«Los países tienen una tentación muy grande a inflar estas cifras y así reducir tu impacto climático sobre el papel. El resultado es desolador pero poco sorprendente: el 59% de la brecha observada se debe a inconsistencias en las absorciones asumidas por usos de la tierra», concluía.
Ayer el Washington Post publicó un reportaje de los que marcan época: han descubierto que existe una brecha entre lo que los países dicen que emiten y lo que realmente están emitiendo. Y es ENORME. Lo cuento y explico en este hilo: ?? 1/https://t.co/ZtHTUibBhY
— Héctor Tejero – ✌️? #HopePrevails (@htejero_) November 9, 2021
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