Por qué la ultraderecha odia el feminismo
Hasta partidos conservadores, como el Partido Popular (PP) en España o la Unión Demócrata-Cristiana (CDU) en Alemania, aceptan y firman leyes igualitarias.
Cómo saber si un partido político es de extrema derecha
Lo comúnmente aceptado es que la extrema derecha es una ideología caracterizada por el ultranacionalismo, el ultraconservadurismo y el antiliberalismo, que se ramifica en posturas supremacistas
PP, los derechos no caen del cielo
Jaime de los Santos subió el 25 de junio a la tribuna del Congreso y dejó una frase pensada para titulares: “Soy del PP, soy maricón y me siento muy orgulloso de ambas cosas”. La frase funcionó. Circuló, se comentó, se aplaudió en ciertos espacios y permitió al Partido Popular colocarse, por unos minutos, una medalla que no le pertenece. La de la libertad conquistada por otras personas. La de los derechos arrancados a mordiscos por quienes estuvieron antes, muchas veces enfrente del propio PP.
La intervención llegó durante la votación de una iniciativa del PSOE para penalizar las llamadas terapias de conversión, esas prácticas dirigidas a eliminar, corregir o negar la orientación sexual, la identidad sexual o la expresión de género. Dicho de forma menos burocrática: intentos de disciplinar cuerpos y vidas que no caben en la moral de siempre. La propuesta salió adelante con 178 votos a favor, 32 en contra de Vox y 137 abstenciones del PP. Ahí está el dato. Frío, bastante más elocuente que cualquier discurso.
Porque el problema no es que De los Santos dijera que es “maricón”. El problema es pretender convertir esa afirmación en coartada política mientras su partido evitaba votar a favor de proteger a quienes siguen siendo señalados, castigados o humillados por ser quienes son. No basta con pronunciar una palabra si luego se esquiva el voto que protege vidas concretas. Eso no es valentía institucional. Es marketing con bandera arcoíris prestada.
Mónica García lo clavó este fin de semana con una réplica. Le recordó a De los Santos que pudo llegar al Congreso y decir eso gracias a personas como Carla Antonelli, que se dejaron la piel cuando hacerlo costaba insultos, amenazas, carrera política, familia y tranquilidad. “No dijiste soy maricón en 2005, no dijiste soy maricón en 2007, lo dices en 2026”, vino a decirle. Y ahí está la clave. No es lo mismo llegar cuando la puerta está abierta que haber estado empujándola mientras desde dentro echaban el cerrojo.
Plumas de Pueblo: el mapa que demuestra que la diversidad LGTBIQA+ también late en los pueblos
Durante demasiado tiempo nos han vendido una mentira cómoda: que las ciudades son el refugio natural de las vidas LGTBIQA+ y que los pueblos son, casi por definición, territorios cerrados, hostiles, atrasados, impermeables a cualquier forma de diversidad. Una postal falsa. Una caricatura. Y, sobre todo, una forma muy eficaz de borrar a quienes han existido siempre en el rural, aunque muchas veces no se les haya querido mirar.
El mapa Plumas de Pueblo, impulsado por Proyecto Hortensia junto al antropólogo Paulino Ramos, viene precisamente a romper esa ficción. No con consignas vacías, sino con territorio, nombres, memoria y comunidad. El proyecto, basado en la tesis doctoral de Ramos sobre ruralidades cuir, recoge más de 60 iniciativas cuir en diferentes pueblos de España, aunque algunas informaciones elevan ya la cifra a alrededor de 70 iniciativas LGTBIAQ+ en contextos rurales de todo el Estado.
PP y Vox vuelven a llamar libertad a hacer daño
La derecha ha vuelto a hacer lo que mejor sabe hacer cuando se habla de derechos LGTBI: disfrazar la violencia de libertad. La Comisión de Igualdad del Congreso aprobó el 17 de junio el dictamen de la ley para castigar penalmente las falsas terapias de conversión, esas prácticas que no curan nada porque no hay nada que curar. La norma sigue ahora hacia el pleno y plantea penas de prisión de seis meses a dos años para quien aplique métodos destinados a “modificar, reprimir, eliminar o negar” la orientación sexual o la identidad de una persona. También incorpora multas de 8 a 24 meses.
Y aquí llega la escena conocida. PP y Vox votaron en contra.
No votaron contra una ocurrencia. No votaron contra una extravagancia legislativa. Votaron contra una norma que pretende llevar al artículo 173 del Código Penal, el de las torturas y delitos contra la integridad moral, prácticas que ya están consideradas una infracción administrativa muy grave por la Ley Trans de 2023, con sanciones de hasta 150.000 euros. Es decir, el Estado ya reconoce que esto no es “acompañamiento”, ni “ayuda”, ni “libertad educativa”. Lo que se discute ahora es si basta con una multa o si quien se lucra, organiza o ejecuta estas prácticas debe responder penalmente.
Un diputado de Vox: “El comunismo ha sacado las conductas LGTBI del catálogo de los trastornos y las ha metido en el de los derechos humanos”
El diputado de Vox en la Asamblea Regional de Murcia Antonio Martínez Nieto dejó este 17 de junio, a las 17:49 horas (actualizado a las 22:22 horas), una de esas intervenciones que conviene no despachar como una simple salida de tono. No lo fue. Fue bastante peor. Fue una declaración ideológica completa, una postal nítida de lo que la ultraderecha quiere hacer con las personas LGTBI, con el alumnado trans y con cualquier avance que huela a derechos humanos.
La moción presentada por Podemos-IU pedía algo muy concreto: que el Gobierno murciano elaborase un protocolo específico de atención al alumnado trans y de prevención del acoso transfóbico en los centros educativos. Nada revolucionario, salvo que para la extrema derecha la mera existencia de las personas trans ya parece una revolución intolerable. La iniciativa había sido registrada el 13 de mayo por la portavoz del Grupo Parlamentario Mixto, María Marín Martínez, al amparo del artículo 195 del Reglamento de la Cámara. También se apoyaba en el artículo 61 de la ley trans estatal, que obliga a las administraciones públicas a desarrollar este tipo de protocolos.
La extrema derecha ya huele la sangre del laborismo británico
Andy Burnham lleva una abeja en la solapa. No es un detalle simpático. Es política condensada en un pin. La abeja representa Manchester, su memoria industrial, su orgullo colectivo y esa idea tan sencilla que el neoliberalismo lleva décadas intentando ridiculizar: que la gente vive mejor cuando lo común funciona. La red Bee, ese sistema de autobuses y tranvías bajo control público y coordinado, se ha convertido en su bandera. Y por eso molesta.
Isabel Durán convirtió una rectificación en un ataque machista contra Sarah Santaolalla
Isabel Durán no pidió una rectificación: intentó desautorizar a Sarah Santaolalla metiendo su vida sentimental en directo.
Eso no es periodismo. Es el viejo truco machista de siempre: cuando una mujer molesta, no se discuten sus argumentos, se insinúa que está ahí por un hombre. Y encima en RTVE. En una televisión pública. Con sueldo público. Con cámaras, focos y esa impunidad de plató donde algunos creen que embarrar es debatir.
Santaolalla respondió como había que responder: señalando el machismo de frente. Porque no hay nada “incómodo” que aclarar aquí. Hay una frase que retrata una forma de hacer televisión: convertir la política en barro y el barro en audiencia.
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Bundibugyo: el ébola sin vacuna que obliga a la OMS a activar la alarma internacional
Una emergencia sanitaria que no es pandemia, pero sí retrato brutal de un mundo donde la salud pública llega tarde cuando las vidas están lejos del centro.
Por qué la extrema derecha odia tanto la cultura
La extrema derecha no odia la cultura. Odia que la cultura piense.
Por eso atacan libros, memoria democrática, cine, feminismo y escuela pública. No es una rabieta. Es un método.
Cuando cancelan una obra sobre un maestro republicano, cuando vetan una película por un beso entre dos mujeres, cuando retiran el nombre de Almudena Grandes de una biblioteca o cuando llaman “adoctrinamiento” a enseñar igualdad, están haciendo política. Política de la más vieja: miedo, control y obediencia.
La cultura les molesta porque abre ventanas. Porque recuerda lo que quieren enterrar. Porque enseña a las y los jóvenes que el mundo no cabe en una bandera, un mercado y una familia obligatoria.
Y claro que hay datos. Hay casos. Hay expertas y expertos avisando. La censura no siempre llega con uniforme. A veces llega con una excusa administrativa, un recorte o una campaña de odio.
La cultura no les da miedo cuando entretiene. Les da miedo cuando despierta.
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Luciana Gatti entra en política porque el Congreso brasileño está legislando la catástrofe
Luciana Gatti lleva más de 30 años estudiando la Amazonia y los gases que aceleran el calentamiento global. Es investigadora principal del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, el INPE, y coordina su Laboratorio de Gases de Efecto Invernadero. No es una tertuliana reciclada, una celebridad buscando foco ni una profesional de la política fabricada en un despacho. Es una científica que ha dedicado décadas a medir cómo uno de los mayores reguladores climáticos del planeta está dejando de funcionar.
Ahora ha decidido presentarse al Congreso.
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Ecuador abandona la Amazonia al oro ilegal y deja solos a quienes la protegen
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En el Parque Nacional Sumaco Napo-Galeras, varios trabajadores fueron interceptados durante una inspección por hombres fuertemente armados que afirmaron proporcionar seguridad a los mineros. Les quitaron los teléfonos, el GPS y la cámara. Quienes debían representar la autoridad ambiental terminaron desarmados, retenidos y obligados a explicar qué hacían dentro del espacio que estaban protegiendo. Los delincuentes pedían cuentas a los guardaparques y no al revés.
Ayuso convierte la cultura madrileña en un photocall pagado con dinero público
La política cultural de Isabel Díaz Ayuso tiene una regla bastante sencilla: para las creadoras y creadores corrientes existen formularios, convocatorias, límites presupuestarios y meses de espera; para las celebridades dispuestas a promocionar Madrid y posar junto al poder aparecen patrocinios millonarios, espacios públicos y contratos diseñados específicamente para ellas.
No es mecenazgo. Tampoco es una defensa desinteresada de la cultura. Es dinero público utilizado para comprar prestigio, propaganda turística y fotografías institucionales. La obra artística queda reducida a soporte publicitario y las administraciones se comportan como una agencia de representación financiada por las y los contribuyentes.
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15.000 personas ya han visto cómo la fe se convierte en poder
El último ReportajeSR analiza cómo determinados sectores del evangelismo conservador dejaron de limitarse a los templos para convertirse en una maquinaria política al servicio de la extrema derecha. De Trump a Bolsonaro, de Milei a Vox: redes comunitarias, guerras culturales, dinero, medios y religión convertidos en infraestructura electoral.
Presentado por Léa Gugelmann, el reportaje ya ha superado las 15.000 visualizaciones desde su estreno. Porque para entender el auge de la extrema derecha no basta con mirar a sus candidatos: también hay que observar quién construye sus discursos, moviliza sus bases y presenta el autoritarismo como una misión divina.
Vídeo | Sadismo en primera persona
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Además, corre con una cámara cuando está prohibido hacerlo, poniendo en peligro a quienes tiene alrededor. La turistificación añade otra capa de irresponsabilidad a una barbaridad ya normalizada: venir, beber, molestar, jugar con la vida ajena y marcharse con unos cuantos clics. El sadismo también se graba en primera persona.
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