Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La tertuliana reapareció en RTVE, sacó la vida sentimental de una compañera en pleno directo y confundió defenderse con embarrar el terreno.
CUANDO LA POLÍTICA BAJA A LA CAMA
El 27 de mayo, en el plató de Directo al grano, en La 1, Isabel Durán decidió que la mejor forma de pedir una rectificación a Sarah Santaolalla era meter por medio su vida sentimental. No el argumento. No los hechos. No el debate profesional. La cama. Esa vieja herramienta de siempre cuando una mujer incomoda demasiado: insinuar que su trabajo depende de con quién se relaciona. Barato, sí. Pero eficaz para cierto ecosistema mediático que vive de convertir la política en barro y el barro en audiencia.
Durán reprochó a Santaolalla que, según ella, en Mañaneros 360 la hubiera acusado de hacer “golpismo mediático” por su intervención sobre una supuesta grieta de seguridad en el proceso electoral de Castilla y León. Hasta ahí, una discusión dura, incluso desagradable, pero reconocible dentro del formato tertuliano. El problema llegó cuando soltó aquello de “el programa de tu novio”, en referencia a Javier Ruiz. Ahí dejó de discutir una crítica y empezó a señalar a una compañera por su supuesta relación personal. No fue una frase torpe. Fue una forma de desautorizarla por ser mujer.
La respuesta de Santaolalla fue directa: “¿Hablo yo de con quién te metes tú en la cama?”. Y remató con lo evidente: “Has hecho un comentario muy machista”. Porque lo era. No hacía falta un seminario de género ni una tesis doctoral. Bastaba con escuchar. Santaolalla recordó que ya trabajaba en ese programa antes de la llegada de algunos presentadores y con “varios presentadores distintos”. Es decir, tuvo que hacer lo que tantas mujeres se ven obligadas a hacer en público: justificar su trayectoria profesional porque alguien decidió reducirla a un vínculo sentimental.
Ese mecanismo es viejo. Viejo y sucio. A las periodistas, analistas, políticas, abogadas, sindicalistas o activistas se les exige demostrar una pureza profesional que a sus compañeros varones rara vez se les reclama. A ellos se les discuten las ideas. A ellas se les rastrea la biografía. Ellos tienen carrera. Ellas, padrinos. Ellos tienen opinión. Ellas, relaciones. El machismo mediático no siempre grita; a veces se disfraza de pulla, de ironía, de comentario “sin importancia”. Y precisamente por eso funciona.
Durán intentó seguir. Santaolalla se negó a rectificar. La tensión subió. Los y las presentadoras trataron de reconducir una escena que ya se había ido de las manos. Marta Flich intentó cortar el asunto y pasar página. Gonzalo Miró también afeó la referencia. Pero el daño ya estaba hecho. Porque en televisión, como en política, hay frases que no buscan aclarar nada: buscan colocar un marco. Y el marco era transparente. Si Santaolalla criticó a Durán, no sería por criterio propio, sino por su relación con Javier Ruiz. El manual completo del paternalismo en diez segundos.
RTVE, EL BULO Y LA AMENAZA
La pelea venía de lejos. Hace dos meses, Javier Ruiz y Sarah Santaolalla cuestionaron a Isabel Durán por afirmar que existía una grieta de seguridad en el proceso electoral de Castilla y León. Según Durán, las aplicaciones digitales del Gobierno no garantizaban la pulcritud total de los comicios. Aquella información fue calificada en un primer momento como bulo y RTVE apartó a la periodista. Después, la cadena pública la reincorporó a su nómina de tertulianas y tertulianos. Y ahí empezó el ajuste de cuentas.
Durán no volvió al plató para debatir con calma. Volvió con una amenaza bajo el brazo. “Vas a tener una demanda, y Javier Ruiz también”, advirtió. Y añadió que no se puede llamar a alguien “golpista mediática” impunemente. Es legítimo defenderse si una persona considera que se ha vulnerado su honor. Lo que no es legítimo es aprovechar esa defensa para deslizar un ataque machista contra una compañera. Una cosa es pedir una rectificación. Otra, convertir la rectificación en un espectáculo de intimidación.
La televisión pública debería ser algo más que una trituradora de reputaciones. Debería. Pero llevamos demasiados años viendo cómo los platós se han convertido en fábricas de ruido, en pequeñas bolsas de valores donde cotizan la bronca, la interrupción, el insulto y la insinuación. El capitalismo televisivo no premia el rigor. Premia el corte viral. Premia la escena. Premia que alguien diga una barbaridad y al día siguiente todo el mundo hable de esa barbaridad. La humillación se ha convertido en formato. La política, en mercancía.
Y ahí RTVE tiene una responsabilidad concreta. No basta con que una presentadora corte cuando la situación ya es insostenible. No basta con pasar a otro tema mientras el incendio sigue ardiendo en redes. La televisión pública no puede comportarse como si fuera una barra libre de ataques personales hasta que alguien levanta demasiado la voz. Si se permite que una tertuliana cuestione a otra por “el programa de su novio”, el mensaje es claro: algunas reglas solo existen cuando ya es tarde.
El episodio fue recogido el 28 de mayo a las 11:25 h y actualizado a las 11:47 h. No es una anécdota menor de plató. Es una fotografía bastante precisa de cómo funciona cierta maquinaria mediática: primero se lanza una acusación grave, después se pide victimismo cuando alguien la cuestiona, luego se amenaza con demandas y, si hace falta, se baja al terreno sentimental para marcar territorio. Todo muy edificante. Todo muy democrático. Todo muy de esa derecha mediática que exige libertad de expresión para lanzar mierda y respeto institucional para no recibir respuesta.
Sarah Santaolalla no tenía por qué explicar con quién trabaja, desde cuándo trabaja ni bajo qué presentadores ha trabajado. Esa explicación solo fue necesaria porque Durán eligió el lugar más bajo posible. Cuando una mujer tiene que defender su currículum frente a una insinuación sentimental, el debate ya está podrido. Y cuando eso ocurre en una televisión pública, el problema ya no es solo de quien pronuncia la frase, sino de todo un sistema mediático que ha normalizado convertir el machismo en espectáculo rentable.
Lo ocurrido no va de una discusión entre dos colaboradoras. Va de poder. Va de quién puede señalar y quién debe justificarse. Va de quién puede convertir una mesa de análisis en un juicio personal. Va de cómo se castiga a las mujeres que responden con firmeza. Y va, también, de una televisión que debería preguntarse cuántas veces más piensa vender como “tensión en plató” lo que no es más que violencia simbólica con focos, micros y sueldo público.
A Sarah Santaolalla no la atacaron por falta de argumentos; la atacaron porque los argumentos se les quedaron cortos.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Mohamadou Diawara murió de un disparo en una comisaría y ahora la Audiencia exige investigar lo que el juzgado quiso cerrar
Mohamadou Diawara tenía 22 años, un trastorno mental diagnosticado y una vida que terminó el 24 de julio de 2025 dentro de unas dependencias policiales de Montornès del Vallès, en Barcelona. Murió por un disparo efectuado por un agente de la Policía Local después de entrar en comisaría con un cuchillo. Esa es la versión básica. La que cabe en un titular. La que suele servir para cerrar rápido el cajón cuando la víctima es joven, racializada, pobre o vulnerable.
Pero una muerte en comisaría no se archiva como quien firma una multa. No debería. Porque cuando una persona muere por el uso de fuerza letal a manos de agentes del Estado, lo mínimo exigible no es confianza ciega. Es investigación. Es prueba. Es reconstrucción. Es verdad material. El Estado no puede disparar, perder la grabación clave porque una cámara estaba estropeada y luego pedir fe.
Europa se cree imperio, pero compra las piezas en China
La Unión Europea vuelve a jugar a ser potencia imperial justo cuando más se le ven las costuras. El debate sobre China, que se discutirá en la cumbre europea del 18 y 19 de junio en Bruselas, no es una pelea entre España y Francia. Esa es la lectura cómoda, la de tertulia con banderitas. La disputa real es otra: diplomacia económica o seguidismo suicida de la lógica de bloques. Negociar con una potencia de la que dependes o fingir que puedes golpear la mesa sin que se te caiga encima la fábrica entera.
Los datos son brutales. El déficit comercial de la UE con China llegó a 360.000 millones de euros en 2025. En el primer trimestre, el agujero se amplió hasta casi 95.000 millones, frente a los 88.400 millones del mismo periodo anterior. China exporta más, Europa compra más y luego algunas y algunos dirigentes europeos se suben a un atril a llamar “soberanía” a depender de componentes, minerales, baterías, tecnología y manufacturas que no controlan. Europa se cree imperio, pero compra las piezas en China.
La gran derrota de Trump y la propaganda: explicamos uno por uno los 14 puntos del acuerdo de paz
El Gobierno de Donald Trump ha decidido enseñar su versión del acuerdo con Irán antes de que Teherán diga oficialmente esta boca es mía. Lo hizo el 17 de junio, a través de un alto cargo de la Administración estadounidense, que recitó en rueda de prensa los 14 puntos del Memorando de Entendimiento con el que Washington pretende presentar el final de la guerra como una victoria de la diplomacia. Qué casualidad. Primero se bloquea, se amenaza, se asfixia, se coloca al mundo al borde de una crisis energética y luego se comparece con tono solemne para decir que se ha evitado el desastre.
El acuerdo debe ratificarse presencialmente este viernes en Suiza, es decir, el 19 de junio, y hasta ahora Irán no se ha pronunciado oficialmente sobre la publicación estadounidense. Ese silencio importa. Importa porque no estamos ante un tratado cerrado, limpio y firmado con luz natural, sino ante un texto provisional, difundido desde la Casa Blanca, con versiones previas filtradas por Bloomberg y CNN que, según el propio relato periodístico, coinciden en lo esencial pero difieren en detalles. La paz, cuando la narra solo una de las partes, también puede ser propaganda.
Vídeo | Estrenamos reportaje contra la guerra cultural de la ultraderecha
Spanish Revolution estrena la primera parte del reportaje “¿Puede la ULTRADERECHA ganar la BATALLA CULTURAL?”, presentado por Patricia Salvador. Y la pregunta no es menor. Tampoco es una provocación para redes. Es una advertencia política en mitad de una época en la que la extrema derecha ya no necesita presentarse siempre con el uniforme completo. A veces le basta con hablar de “libertad”, “familia”, “patria”, “seguridad” o “sentido común” mientras va vaciando esas palabras de contenido democrático.
Vídeo | Más de 30.000 personas ya han visto el #ReportajeSR sobre cómo Israel está cambiando las reglas del mundo
El nuevo trabajo de Reportajes SR, con Olga Rodríguez, analiza por qué lo que ocurre en Gaza no es solo una tragedia palestina, sino una advertencia global sobre la impunidad, el derecho internacional y la ley del más fuerte. Más de 30.000 personas han visto…
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir