Este medio se sostiene gracias a su comunidad. APOYA EL PERIODISMO INDEPENDIENTE .
La cantante recordó en ‘La noche de Aimar’ que abandonar una militancia no significa abandonar las causas: cuando se frivoliza con Franco, el problema no es nostalgia, es impunidad organizada.
LA MEMORIA COMO TRINCHERA FRENTE AL BLANQUEO
Ana Belén no necesitó levantar la voz. A veces basta con recordar. Y eso, en un país donde demasiada gente vive de convertir la dictadura en anécdota, ya es casi un acto de sabotaje democrático. El 27 de mayo, en La noche de Aimar, Aimar Bretos le preguntó si seguía siendo comunista y qué lectura hacía del avance de la extrema derecha entre la juventud. La entrevista fue recogida el 28 de mayo, a las 12:12 h, y actualizada a las 18:50 h. El dato importa porque no hablamos de una declaración perdida, sino de una intervención situada en un presente muy concreto: un presente donde se vuelve a jugar con Franco como si fuera un meme, un abuelo severo o una marca de orden barato.
La respuesta de Ana Belén fue más incómoda que cualquier eslogan. Contó que su conciencia política no nació en un despacho ni en una tertulia, sino trabajando desde los 15 años como actriz de teatro, bajo una dictadura que censuraba textos, castigaba cuerpos y convertía cada escenario en un campo minado. La política no era una pose. Era respirar con cuidado. Era decir sin poder decir. Era aprender que las y los artistas no estaban fuera del país real, sino dentro de sus heridas.
Y ahí está la diferencia. Hoy se vende la neutralidad como virtud, pero muchas veces es solo cobardía bien peinada. Quienes piden a las y los artistas que no hablen de política suelen pedir, en realidad, que no hablen contra el poder. Porque si cantan para campañas institucionales, si decoran galas, si entretienen al personal mientras se precariza la vida, entonces no molestan. Molestan cuando recuerdan que hubo censura. Molestan cuando dicen dictadura. Molestan cuando no aceptan que el fascismo sea tratado como una estética vintage para chavales aburridos.
Ana Belén recordó también la huelga de actores en la que participó de forma activa. Aquella experiencia, según explicó, le permitió identificar a quienes tenían claridad política, quienes sabían empezar una lucha y también entender cómo sostenerla. Después llegó la entrada en el PC. Y después llegó 1982, la “debacle” del partido, la exigencia de un congreso extraordinario, la necesidad de debatir y de hacer autocrítica. No se hizo. O no se hizo como debía. Siempre había algo más urgente. Siempre había elecciones. Siempre había una excusa. La vieja canción de la burocracia.
Ella suspendió su militancia hasta que se abordara esa discusión. Y el silencio hizo el resto. Pero ahí está la clave: no convirtió la decepción orgánica en renuncia moral. Dejó una estructura, no dejó de mirar el dolor ajeno. Esa frase suya, “ningún dolor me es ajeno”, resume más política que cien congresos domesticados. Porque la izquierda, cuando merece ese nombre, no empieza en un carné. Empieza en la imposibilidad de mirar hacia otro lado.
LA EXTREMA DERECHA QUIERE JÓVENES SIN HISTORIA
La parte más dura llegó cuando Bretos le preguntó por el auge de la extrema derecha. Ana Belén fue directa: le preocupa que se esté coqueteando con la figura del dictador, que se frivolice con Franco, que se pretenda volver a la caverna, a lo oscuro, a lo prohibido, a la no libertad. No es una metáfora exagerada. Es una descripción. Porque el fascismo rara vez vuelve vestido exactamente igual. Vuelve con filtros, con clips, con frases cortas, con nostalgia falsa y con la arrogancia de quien sabe que buena parte del sistema mediático le hará el trabajo gratis.
La frase de los pantanos volvió a aparecer, cómo no. Ese comodín miserable. “Franco hizo pantanos”. Como si una infraestructura lavara una dictadura. Como si las obras públicas pudieran tapar cárceles, exilios, fusilamientos, censura, miedo y vidas enteras aplastadas. Ana Belén respondió con una obviedad que conviene repetir porque la propaganda se alimenta de simplezas: si no los hubiera hecho Franco, los habría hecho otro presidente. El país no necesitaba un dictador para construir pantanos. Necesitaba democracia para no construirlos sobre cadáveres políticos.
La artista apuntó a la educación. Y ahí duele. Duele porque es cierto. Durante demasiado tiempo se ha tratado la historia reciente como una zona incómoda, como un asunto familiar, como una pelea de abuelos, como si la dictadura fuera una opinión más en el mercado de relatos. Se estudia el siglo XVII, se pasa por el XVIII, se empaqueta el pasado en fechas lejanas, pero cuando toca explicar lo reciente, lo que todavía organiza apellidos, fortunas, silencios y privilegios, empieza el temblor. No vaya a ser que las y los jóvenes entiendan demasiado.
Ese vacío no queda vacío. Lo ocupan otros. Lo ocupan redes sociales donde el algoritmo premia la brutalidad, donde la extrema derecha convierte la ignorancia en identidad y donde adolescentes sin herramientas políticas reciben cápsulas de odio como si fueran lecciones de valentía. Ana Belén lo señaló con claridad: antes no existía ese teléfono disponible en cada rato muerto. Ahora sí. Y lo que llega muchas veces es espeluznante. No porque la juventud sea peor, sino porque hay una industria trabajando para pudrir su mirada.
También apareció una idea interesante: España con corazón de izquierdas y cabeza de derechas. Puede sonar amable, pero es más grave. Hay gente solidaria, sí. Hay compasión, sí. Hay dolor por el de enfrente. Pero está triunfando un discurso que enseña a considerar ajenos los problemas del prójimo. Ese es el gran negocio moral del capitalismo reaccionario: convertir la pobreza en culpa individual, la migración en amenaza, el feminismo en enemigo, la memoria en resentimiento y la solidaridad en debilidad.
Y mientras tanto, el ruido televisivo marca el clima. En la misma pieza se recordaba que Horizonte hizo un 10,1% y superó a La Revuelta, que registró un 9,3% en access, mientras Nacho Abad alcanzaba máximo histórico en la mañana de Cuatro. No es un detalle menor. La televisión también educa. O deseduca. También normaliza. También empuja. Cuando el miedo da audiencia, siempre aparece alguien dispuesto a vender miedo por franjas horarias.
Ana Belén no hizo nostalgia. Hizo advertencia. Y la advertencia es sencilla: una sociedad que no explica su dictadura acaba criando consumidores de autoritarismo, chavales que creen estar siendo rebeldes cuando solo repiten la propaganda de los verdugos. El fascismo no vuelve porque tenga razón; vuelve cuando demasiada gente decide que recordar es de mal gusto.
Este periodismo no lo financian bancos ni partidos
Lo sostienen personas como tú. En un contexto de ruido, propaganda y desinformación, hacer periodismo crítico, independiente y sin miedo tiene un coste.
Si este artículo te ha servido, te ha informado o te ha hecho pensar, puedes ayudarnos a seguir publicando.
Cada aportación cuenta. Sin intermediarios. Sin líneas rojas impuestas. Solo periodismo sostenido por su comunidad.
Related posts
SÍGUENOS
Xbox despide a 3.200 personas: el riesgo era de los jefes, la factura es de la plantilla
Xbox acaba de confirmar la mayor reestructuración de su historia. El 6 de julio, Asha Sharma comunicó a la plantilla que la división reducirá aproximadamente 3.200 puestos durante el año fiscal 2027, con 1.600 despidos inmediatos y cuatro estudios saliendo de Xbox hacia nueva gestión. Microsoft, en paralelo, recorta unos 4.800 empleos en total, alrededor del 2% de su plantilla global. No es una anécdota. Es una purga empresarial envuelta en lenguaje de consultora.
La frase oficial es casi una confesión: “nuestro negocio hoy no es saludable”. La dirección reconoce márgenes entre 3 y 10 veces inferiores a los de negocios comparables, una base instalada menor, costes más altos y una apuesta por Game Pass, el modelo multiplataforma y una cartera más amplia de contenidos que “no creció al ritmo esperado”. Dicho sin barniz corporativo: los jefes imaginaron una máquina de crecimiento infinito, compraron estudios, multiplicaron equipos, alargaron inversiones y ahora explican que se equivocaron. Pero quienes salen por la puerta no son quienes vendieron la fantasía. Son trabajadoras y trabajadores que hicieron exactamente lo que les dijeron.
Sony quiere matar el disco: juegos digitales para ricos y propiedad de mentira
Sony ya ha puesto fecha al entierro del formato físico. En su propia web de PlayStation avisa de que, desde enero de 2028, los nuevos juegos lanzados para PlayStation se podrán comprar en PlayStation Store y en tiendas, pero solo en formato digital. Los discos de juegos publicados antes de esa fecha seguirán funcionando, sí. Ese matiz importa. Pero el camino está marcado: el futuro que Sony quiere vender no cabe en una estantería, cabe en una cuenta, en una contraseña, en un servidor y en unas condiciones de uso que casi nadie lee porque están escritas precisamente para que casi nadie las lea.
La compañía lo presenta como adaptación al consumo. Reuters informó el 1 de julio de que Sony dejará de producir discos físicos para los nuevos lanzamientos de PlayStation desde enero de 2028, en un giro que llega después de que cerca del 80% de sus ventas completas de juegos en el año fiscal 2025 fueran digitales. La cifra parece aplastante. Lo digital ya domina. Pero una cosa es que millones de personas compren digital porque es cómodo, porque hay rebajas puntuales o porque las empresas empujan el mercado hacia ahí; otra muy distinta es convertir esa tendencia en una jaula.
Organizaciones sociales señalan a Indra por engordar con el negocio de la guerra
La campaña Desarmando Indra llevó el 30 de junio a la Junta General de Accionistas una denuncia incómoda: la empresa crece mientras crecen el rearme, las fronteras militarizadas y el genocidio contra el pueblo palestino. INDRA, BENEFICIOS Y ARMAS: EL NEGOCIO QUE SIEMPRE ENCUENTRA PRESUPUESTO…
Vídeo | Dignidad contra la FIFA: el vídeo que desmonta el antirracismo de escaparate ya supera el millón de reproducciones
Nuestro vídeo sobre el gesto de Hossam Hassan contra el racismo ya supera más de 1 millón de reproducciones en apenas unas horas en nuestras redes. Y no es casualidad. La escena resume, en pocos segundos, una de las grandes hipocresías del fútbol global: la FIFA puede inventar símbolos, campañas y protocolos contra el racismo, pero cuando alguien los usa para denunciar una situación incómoda, el sistema mira hacia otro lado.
Vídeo | Votar al lobo: cuando la clase trabajadora compra el discurso de quienes la quieren más débil
Es el gran éxito político de la derecha: lograr que parte de la clase trabajadora mire hacia abajo con rabia y hacia arriba con obediencia. Que se enfade más con quien cobra una ayuda que con quien especula con su vivienda. Que sospeche más de una baja médica que de los beneficios empresariales. Que crea que pedir derechos es ser vago, pero acumular millones es mérito.
Nuestro vídeo lo resume sin anestesia: votar al lobo tiene consecuencias. No para los de arriba, que siempre tienen salida. Las consecuencias las pagan quienes dependen de un salario, de una sanidad pública, de una pensión, de un convenio, de una baja, de una vivienda digna.
Porque la política no es una camiseta de fútbol. No se vota para quedar bien con el jefe, ni para parecer más “moderado”, ni para repetir lo que dice la tertulia de la mañana. Se vota sabiendo de qué lado cae cada medida cuando llega la factura.
Si trabajas para vivir, no votes a quienes gobiernan para que otros vivan de tu trabajo.
Seguir
Seguir
Seguir
Subscribe
Seguir